| E V E N T O S, P U B L I C A C I O N E S Y M Á S |

| E D I T O R I A L |

Marzo y abril fueron meses de grandes logros. Aparte de las peñas en Tujunga y Northridge, estuvimos en el Simposio Internacional en Cal State Domínguez Hills, del que tanto hablamos en ediciones anteriores, y varios miembros de La Luciérnaga participaron del acto por el Día de la Memoria por los desaparecidos en Argentina que tuvo lugar en el restaurante Pampas, en Granada Hills. Otros luciérnagos estuvieron en el Concierto por el Día Mundial del Idioma Español en apoyo de los programas en español de KPFK, que tuvo lugar en la Iglesia Prebisteriana de Los Angeles. En materia de publicaciones, Jairo Duque, ganador del Premio Luciérnaga 2011, anunció el lanzamiento del primer número de su revista Informate News que si bien se centra en Colombia, incluye noticias de la cultura local y de toda América Latina. En una página de la revista, Duque reporta sobre la participación de La Luciérnaga en el simposio de Cal State Domínguez Hills. Y hablando de publicaciones, Julio Benítez comentó que La Luciérnaga Online Publications le acaba de informar que se acaba de concluir la publicación de El libro mágico: notas acerca de la Edad de Oro, del cual es autor y, además, que se está organizando la presentación oficial de la obra en un restaurante local para probablemente junio. La Luciérnaga Online también finalizó un acuerdo con HispanicLA.com a fin de que Gabriel Lerner republique parte de lo que se presenta en la página de La Luciérnaga. Asimismo se acordó en que Néstor Fantini, co-editor de La Luciérnaga Online, escriba una columna cada dos semanas sobre temas candentes de la política nacional e internacional. La próxima reunión de La Luciérnaga, como de costumbre, será el tercer sábado. O sea, el 21 de mayo de 2011, a las 8:00 pm, en 18327 Kevin Court, Northridge, CA 91325. |
Salta la esquirla del roble al golpe oblicuo exacto que el martillo traza en vacío Bailan amantes el polvo y la luz Se huele la goma y la tierra húmeda de junio El clavo busca vísceras incógnitas otros pecados entre la carne sufrida de la madera La indiferencia descansa en silla nueva. II No es claro, pero qué importa. Ni la procedencia. Ni el trayecto. Ni la exactitud. Ni las dos versiones. Ni la más probable. Ni el barrio. Ni la infamia de la mano compañera. No es claro, pero qué importa. En los pobres. En el caracol libre. En el aire libre. Qué importa que no sea claro. Tu sabia planta curativa. Sana hijos en exilio. Su risa. Tu aliento viven juntos. Son amantes en tardes justas. No es claro, pero qué importa III Fijaste tu mirada de sal Besaste la carnosa mejilla de mi soledad Y me recordaste que existía Me desataste los brazos Pinchaste mi carne Apedreaste mis sueños Débiles como la niebla Y me recordaste que sentía Sembraste tus ojos sobre intemperie Suspendiste eterna tu existencia Hurgaste mis vericuetos de fulgor vacíos Clavaste despiadada agujas en mis aguas Y me recordaste que era débil Dejaste mi tierra sin tiempo y sin miel Mis indómitas negruras Y desapareciste entre el etéreo bosque de tus pestañas Te fuiste muda Eterna Se torno la oscuridad silenciosa Y me recordó que también yo poseía corazón. |
| P O E S Í A S |
| P A L A B R A S Raúl Arredondo |
| M I P R I M E R A M O R Olivia Magaña |

| B Ú S Q U E D A Celerino Hernández |

| © La Luciérnaga Online, 2011 |
| C U E N T O S |
A la memoria de mi Little Brother David el Yepp. Con desprecio eterno para la puta de Melody Arias Donde quiera que esté y con quien esté. La música estruendosa, las escapadas con los amigos, el juego de la vida era fácil jugarlo a su lado. Todo cambió cuando una tarde de invierno sin dinero y sin ganas de nada y con varios de sus amigos ya muertos por la rabia del barrio o de los placa se encontró de frente y sin remedio con Melody. Parada, empapada, bella hasta la nausea en mitad de la cancha de basket en el Houghton Park fue un cimbronazo que el Yeppy no pudo resistir. Bajo la lluvia el mundo es mío, fue lo primero que ella le dijo mirándolo a los ojos con esa mirada que desnuda, que se te apropia, que te hace sentir un pobre diablo, eso fue lo que me platicó David emocionado de su nueva conquista. Yo nada tengo, le respondió David a la mujer de los cabellos y de los ojos negros, de los dedos alargados, de la mirada frontal y retrechera. Simple el futuro desolado amenazaba con poseerlos pero ellos no querían bajársele los pantalones de inmediato. Melody era un lugar común de lo que no debe hacerse. Desfachatada hasta más allá de todo límite vino un día a la casa y se hizo odiar de mi familia. Esta medio buena, le dije a modo de sentencia a mi hermano acomodados frente al techo de la madrugada. David poco a poco dejó de ser él para ser ella. La guitarra, el balón, los planes de comprar un coche y la aceptación tácita de ir al cole o de perdida al army se fueron apilando en el rincón. Todo fue Melody de allí en adelante. Sus amigos, los no caídos en el frente de combate de la Atlantic y de la Market, saliendo del último año de la escuela hicieron sus maletas regresando al redil, a la iglesia, a la acción de gracias y a vegetar dándole vueltas interminables a la feria banal del mall de Lakewood. La familia de Melody, para nuestra satisfacción y regocijo plena y disfuncional, habitaba un apartamento de juguete por la zona miserable de la Pceich en el sur de Long Beach. Nosotros aún somos orgullosos habitantes de North Long Beach y nunca ha de mezclarse la sangre con el agua negra de los caños, pero contraviniendo los mandamientos de la ciudad David lo hizo y caro pagó las consecuencias. Lo de menos eran los atuendos negros, los pelos largos, las consignas que entre dientes me mascullaba David cuando lograba verlo. Nunca supo explicarme qué tenía Melody que yo no le encontraba por ninguna parte. La necesidad manda así que David se hizo dependiente del Home Depot y Melody empezó su deambular de trabajo en trabajo. Amo caminar por el parque cuando todos trabajan, le escribía en los papelitos sin fin que yo a hurtadillas leía para saber en qué andaba mi hermano. Quiero que todo acabe, dormir dormir dormir dormir y nada más. Dos meses ya y ya no te aguanto, decía otro papel arrugado. Esta es mi luna, mi mar dormida y helada, éstas son mis venas abiertas y ésta mi sangre cayendo cayendo. Quiero volver a naufragar en el Queen Mary agarrada a tu cuello. Entre más leía los papelitos menos comprendía el amor que se tenían y por supuesto menos entendía a la desquiciada de Melody. Qué piernas más flacas, le dije un día y él se soltó a reír, bajó la guardia y me dijo que no podría vivir ya sin ella, que se necesitaban, que la noche trae cuchillos, estacas y pasos borrachos en las sombras que acechan, que estrangulan, que te rompen por dentro, pero que ella a todos los domina para dormir en paz. Obtuso e inescrutable se fue alejando de nosotros, de nuestras borracheras memorables con padre y madre tirados en el piso babeando vodka y con todo el resto de la raza apostándolo todo a una carta abierta. Lo recuerdo con su maleta, que era mía, recortado en la calle diciéndome adiós. Sus pasos perdiéndose 56th arriba aún resuenan frescos en mi memoria. Uno más que se va, me dije ya acostumbrado a las despedidas, pero no era uno más y la casa y su inmensidad cobijada en dos cuartos y un closet y atestada de sobrinos y de mujeres con el vientre a punto de explotar me lo hizo saber de inmediato. Nosotros nunca solemos decir te quiero ni dónde estás. El que se fue se fue y el que se queda que agarre su lugar y lo defienda a sangre y fuego. Llevamos largos siglos haciendo altares para que vengan a visitarnos los guerreros muertos que nunca vienen. Ellos como el futuro también nos dan la espalda, nos dejan en la sombra viendo el supertazón. Dos veces fui a visitarlo a su trabajo encontrándolo cada vez menos él. Vamos al Costco por un perro caliente, le dije oprimiéndole botones a la nostalgia, pero él no cayó en la trampa. Aquí está bien, me dijo encendiendo un cigarro mientras el Pacífico helado a nuestra espalda se tragaba las casas con su furia. Después supe que Melody iba y venía por temporadas de casa de su padre al cuarto que compartía con él. Supe también que la ganga samoana de la 52 la conocía muy bien. Demasiado bien, me dijeron. Entre más metía mi nariz en los asuntos de mi hermano más se magnificaba en el desprecio la imagen de Melody. Deambula desnuda por las calles, se emborracha, se lo da a medio mundo, decía la vox populi solazándose hambrienta en mi furor. Relumbro en la penumbra para las manos que quieran despertarme, decía un papel perdido escrito con la letra menuda de la Melody de los cabellos negros. David fue despedido del Home Depot debido a sus constantes ausencias, incluso al estar aquí estaba ausente, me dijeron. A tientas busqué el cuarto que habitaba y en su lugar encontré a una recién mudada pareja de coreanos que nada me entendieron. El apartamento que ocupaba la familia de Melody, en lo profundo del infierno de la Daisy y la Pacific Coast, era una ratonera negra y repleta del humo detenido de todos los cigarros del mundo. Su padre era una cosa maloliente y de piedra que en dos gritos me despachó a la mierda. Melody es una perra que ya no me visita, me dijo dando un portazo. Ojos rabiosos me espiaron desde las cortinas entornadas. Con las manos vacías regresé a casa a esperar. El resto ya es historia, el teléfono, la voz anónima, los gritos de madre y dos horas después el reconocimiento de esos ojos hundidos, esos huesos agujereando la piel y los orificios ya con sangre reseca de mi hermano. Un altar más, pensé. En familia, como siempre lo hacemos, intentamos reconstruir los últimos minutos de mi hermano, pero nadie sabía nada. Su cuerpo roto y frío fue encontrado por la zona del puerto en la soledad maloliente de Wilmington. La pistola aún aferrada en su mano y nada más, la cartera, doce dólares y una tarjeta del taller mecánico del primo Joshua era lo único que tenía encima. Morder el cañón frío, temblar, aguantarse el vómito al sentir esa saliva mezclada con el agrio sabor del metal y luego nada, eso fue todo lo que nos quedó de David. Hechos a la rutina le dimos fuego al día en torno del altar. Los primos uno a uno se fueron alejando, las tías, los borrachos de todo, hasta quedarnos solos en casa los de siempre. Melody para mí es un rayo de muerte que no merece nada, solo el desprecio, la certeza absoluta de saber que si la llego a encontrar en cualquier recodo de esta ciudad voy a arrancarle el alma de un balazo. Hermano, termino mi carta, la meto al sobre, la dejo en el altar junto a las fotos del último verano que estuvimos todos en Lake Perris y me voy a dormir, mañana Los Lakers se batirán a muerte en el Staples y allí estaremos todos, bueno casi todos, allí pintados para la guerra estaremos frenéticos los sobrevivientes. |
| L O S A L T A R E S José Manuel Rodríguez Walteros |
A la memoria de Melody Arias Donde quiera que estés que estés con David. Dos años sin el Yeppy son una vida entera dando tumbos sin respuesta por las aborrecibles ahora para mí calles del barrio. Largas noches y días estuve buscándote con el arma en la mano para cobrarte cuentas. La sangre se cobra con la sangre, me decían en la cuna, en las aulas, en los callejones, en el lecho de muerte y así yo lo aprendí. Una vez te encontré. En la seis y la Pine frente a un mural despintado estabas tú. De espaldas a la vida con tus cabellos negros, con tus manos, con todo lo que había enloquecido a mi hermano estabas allí. Yo iba acompañado así que te salvaste, pensé. Por cinco minutos tú y yo fuimos los únicos habitantes de Long Beach. Más tarde regresé a buscarte sin encontrar nada, solo el vacío, el abismo de los desamparados que piden una moneda, un trago, la mitad de un cigarro. La casa de tu padre era un hervidero de alcohol y de odio y el apestoso animal malherido que me atendió nada me dijo de ti, solo me dio un portazo y nada más. En la 99 de la Cherry y la Carson, último lugar conocido por mí de tu trabajo, me dieron una ilusoria dirección en los projects de la Orange y un nombre: Wendy, esa la conoce muy bien. Meses de sinsabores y de puertas cerradas terminaron el día que por fin un rostro amable me dijo que habías muerto. Vivió aquí unas semanas conmigo y eso es todo. La acción de abrir las puertas es toda una odisea en la gran Los Ángeles y aún más si lo que se busca irradia desolación y muerte. Wendy era un enorme corazón afroamericano que procuraba redimir a la escoria. Conocí a Melody en un despiadado día de lluvia, a la salida del 710 y me la traje a casa. Wendy me platicó de tu abrazo borracho susurrando perdida el nombre de tu madre muerta largos años atrás, de tu apretar que precisaba una respuesta, de tus constantes escapadas hasta el fondo del fondo, del silencio que gritaba el nombre de mi hermano y de tus últimos días. Ir de golpe de una alegría reposada a una tristeza honda y contagiosa era una constante en su rostro de siempre niña, me dijo. Esto es todo lo que me quedó de ella, una blusa, unas botas, pulseras, una gorra, y tú como su más dilecto familiar tienes que hacerte cargo de sus cosas, me dijo Wendy entregándome ritual como si me entregara sus cenizas una caja de zapatos repleta de papeles y de anillos multicolores. Rabioso, ya que mi razón de ser era matarte y no que te murieras por tu cuenta, me acomodé en un rincón lejos de todos y letra a letra me dejé llevar de las intimidades que formaban tu mundo. Hoy he visto a padre. Quise gritarle mi odio, mi asco a su aliento de letrina, mi rabia de sentir como en mi infancia sus manos por mi cuerpo. Me dio 200 dólares que pagué con esfuerzo. Nota a nota escribías frases sueltas, poemas, dibujos de árboles en fuego. En un disparatado diario sin orden y sin fechas me hiciste conocer la manera parsimoniosa y total que tenía el Yeppy para hacerte el amor. Eres una avenida de neones, eres la Anaheim de vendedores ambulantes y de ancianos por largos años sin hogar, eres mi arco iris. Meticulosa detallabas las horas en el cine, los desmanes del hambre mientras tú y el Yeppy en el cuarto se dedicaban a la sagrada labor de no hacer nada. Dormías, hice café, te robé un calcetín, rompí el cristal, abrí mis venas, estoy muerta, eres el viudo alegre. Los hechos escuetos hablan de una Melody Arias que en la tarde tibia del 16 de abril se lanzó de cabeza como queriendo romper el 405 con su cuerpo de piedra desde el puente de la Alameda. Ayer para mi hermano eras una ventana en llamas hoy eres un altar, jamás el último, en cuya orilla, como bordeando un río de aguas mansas, me siento a deshilar mis pensamientos. Buscando reconstruir tus últimas horas fui con Wendy a tomar un café. Ella me platicó de tus abismos y de cómo, con asco y con puteadas, los obreros de la ciudad recogieron en una bolsa lo que los coches habían dejado de tu cuerpo. Arriba, tocando el cielo negro de San Pedro y amarrado a la baranda que domina desde la Alameda la parte sur del mundo encontraron tu bolso, el que yo recordaba, el multicolor, el que lo mismo guardaba una camiseta desteñida que un pedazo de pizza y que tenía en alto relieve una imagen del Ché. Querías siempre que el camino de la escuela a tu casa fuera eterno para no enfrentar el ansia insaciable de tu padre. Una y otra vez le dabas forma mágica a las nubes, le dabas un rostro a tu madre muerta en la sala de parto y le clavabas un cuchillo en el pecho a tu padre, al cadencioso, al estrujante, al animal nocturno que te abraza, que te besa, que te mata de a pocos mientras afuera los pandilleros se dan bala a placer. El Yeppy fue por un maravilloso lapso de tiempo tu refugio, tu verano, tu playa, tu país. En ti me siento entera y nueva, intocada, le escribías. Justificando tus ausencias le decías que tu amor es una cadena que aprisiona todo hasta pudrirlo. Yo no encuentro salida, nunca redimiré lo irredimible, le repetías desde un papel arrugado y sucio. Acostumbrada al odio Melody solía comprarlo todo pagando con su cuerpo, me explicó Wendy. Con tu hermano fue diferente, él no la miró con los ojos que el barrio la miraba y eso le caló hondo. Sentirse enamorada la hacía vulnerable y débil, deseosa de limpiarse por dentro y de ser amada con la misma fiereza que los hombres amaban a las escuálidas paseantes de la noche y de los entretelones del Queen Mary. Odio los domingos en la tarde, los lunes, las mañanas que te alejan de mí. Desgarros sobre un montón de servilletas del Starbucks enmarcaron la partida del Yeppy. Sangre en las comisuras, sangre entre las piernas, sangre en los nudillos, te repetías galopando desnuda y delirante las hordas afroamericanas que pululan en Compton. Ser de todos es nunca ser de nadie, escribías de regreso a la casa, al agua tibia, al jabón que nunca logra nada, a la simpatía que nunca exige cuentas de Wendy. Frente al café la mujer de los brazos siempre abiertos me platicó de las muchas veces que a pulso te rescató de entre la alfombra de desamparados y de tu lento regreso de tarde de verano a tu realidad. Al irse de casa siempre me abrazaba y antes de salir me daba un beso. Hasta siempre Wendy, me decía, pero ese último día no. Después de una de sus escapadas legendarias y apenas recuperando los sentidos un día se levantó, bañadita y metida entre sus ropas apretadas agarró avenida arriba sin decirme adiós. Yo se lo atribuí a un descuido y le envié un hasta siempre que se clavó en mí con la misma fuerza que se clavó en la tarde que se incendia de ese abril execrable. Admito que yo no tuve agallas para leer las cartas que a puñados le escribiste al Yeppy. Estás en cada esquina, en cada sonido, en cada pensamiento, escribías. Mi enfermedad se llama Melody y estoy condenada a padecerla, y sin descanso le recordabas una y otra vez de una tarde al amparo del Queen Mary cuando fueron felices. Escribo para ti Melody. Cierro la carta, la dejo despacio en tu altar entre tus dibujos de árboles incendiados y una postal que nunca le enviaste al Yeppy y donde lo llamas por una única vez mi amor. Llueve sobre North Long Beach y en la distancia las ratas enloquecidas se lanzan sin remedio a las aguas heladas y borrascosas del Pacifico. |

| E N S A Y O S |
| D U L C E M A R Í A L O Y N A Z, U N A J O Y A E S C O N D I D A Julio Benítez |
Su pasión crece y su meticulosa manera de pulir sus trabajos la cohíbe de poner a la vista todo lo que escribe. Publica y tampoco se exhibe en grupos bohemios de entonces. Su casa es su refugio, lugar de lecturas y peñas sencillas a las que asistió un reducido círculo de amistades hasta los últimos momentos de su vida. Ahora bien, Dulce María Loynaz no constituye un fenómeno aislado como ya hemos ya señalado. Si bien vivió para muchos una vida de enclaustramiento, en realidad, ella pertenece según Gilda Luongo al grupo de célebres poetas como Gabriela Mistral y Juana de Ibarbouro , aunque singulariza su creación de forma personal y diferente. Cito : ..........Desde nuestro punto de vista, lejos de resultar simples, estos ..........textos se nos revelan complejos y depurados estéticamente ..........en un trabajo poético que aspira a crear una representación ..........sintética, momentánea e intensa, tanto desde la forma de la ..........expresión como del contenido. (Luongo 1) Su cuidado al escribir nos recuerda el poema que inició este trabajo. Orfebre excelente, ella llegó incluso a descartar algunas de sus piezas hasta el punto de desechar muchos versos salidos de su pluma. Dulce María Loynaz no encuentra la fama y el olivo hasta visitar Islas Canarias en los años cuarenta. Luego continúa su periplo por Galicia adonde recibe todo tipo de reconocimientos. La nombran hija ilustre, la publican, la divulgan mientras su tierra natal se debatía en otros dilemas y poetas como José Ángel Buesa gozaban de fama notoria y éxito editorial. Otros se convertían en abanderados del nacionalismo refinado como fue el caso de los miembros de Orígenes mientras los más cercanos al compromiso social huían de Cuba como fue el caso de Roberto Fernández Retamar y Nicolás Guillén ya en los cincuenta durante la dictadura de Batista para luego regresar a la nueva realidad que comenzó con la versión marxista del gobierno cubano. que tan bien ha descrito Rafael Rojas en Tumbas sin Sosiego, quien señala como un gesto hipócrita y oportunista lleva a revalorizar años más tarde a figuras olvidadas. (Rojas1) Dulce María se enclaustra en su hogar y se publican sólo algunas ediciones en España adonde aumentaba su fama. Se condena a sí misma a una especie de ostracismo. Permanece en un país ateo como católica activa. Comparte junto a José Lezama Lima, y Virgilio Piñera el desprecio y el silencio de la cúpula gobernante que margina a los ajenos al círculo de sus afectos ideológicos. La poeta se niega a pertenecer a la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba y no es hasta la muerte de Nicolás Guillén, ya en sus ochenta, cuando acepta ofrecer conferencias y recibe el único reconocimiento importante de su país: El Premio Nacional de Literatura 1987. En esos momentos en que el país comenzaba a reconocer a algunos de los escritores ajenos a la dinámica política de la nación, la Casa de Las Américas le dedica una Serie de Valoración Múltiple, sólo consagrada a los grandes de las letras Hispanoamericanas. Su nominación al Premio Cervantes inició entonces la salida de esa perla encerrada en una urna. Cuando lo recibe a los 92 años, el gobierno y las instituciones culturales de su país la restituyen en su lugar nombrándola Presidenta de la Academia Cubana de la lengua. Dulce María Loynaz logró en momentos de decadencia física lo que no pudo en sus lozanos años de creación. La perla dejó los encierros palaciegos, los olvidos académicos nacionales y se convirtió por esas extrañas coincidencias de la vida en una de las joyas más preciadas de la cultura cubana. Su diamante cultivado como el de Boti, brilló para todos nosotros y por eso mi trabajo es una muestra de respeto para quien merece reconocimiento entre todos los círculos literarios de nuestro continente. BIBLIOGRAFÍA Baquero, Gastón: “Amada y Valiosa para Cuba”. El País, lunes 28 de abril, 1997. Boti, Regino: “Los nuevos poetas de Cuba, un juicio de Dulce María Loynaz”, Heraldo de Cuba,26 de enero de 1927. Ballagas, Emilio: “Peristilo de las formas del Agua”, en Diario de la Marina, La Habana, 20 de junio de 1948. Fuentes, Ivette de Los Ángeles: “Una carta de amor y otros poemas”, en Palabra Abierta, Hispanic LA, 2010. Luongo, Gilda y Salomone Alicia: “Crítica literaria y discurso social y feminidad y escritura de mujeres”, Íconos 28,p. 64, Universidad de Chile, 2007. Rojas, Tumbas sin sosiego, Editorial Anagrama, segunda edición, Barcelona 2006. ”Bibliografía pasiva de Dulce María Loynaz” htt//www.mujeres.co. cu/nuevo/biopasiva.htm |
Yo tallo mi diamante, / yo soy mi diamante. / Mientras otros gritan / yo enmudezco, yo corto, yo tallo; / hago arte en silencio. Y en tanto otros se agitan / con los ritmos batallo / y mi nombre no agencio. / Yo soy mi diamante, / yo tallo mi diamante, / yo hago arte en silencio. Regino Boti ¿Quién fue Dulce María Loynaz? La pregunta tal vez retórica encuentra su respuesta en la multitud de trabajos académicos que sobre la misma han sido escritos desde sus primeros escritos a través de la Cuba republicana, en España y principalmente en las últimas dos décadas. Ahora bien, esta figura hoy reconocida, tomó por sorpresa a más de un estudioso de la poética del siglo XX cuando recibió el Premio Cervantes de Literatura, convirtiéndose en la primer y única mujer hispanoamericana que ha obtenido tan alto galardón. En su propio país de origen, ya entrados los años sesenta del siglo XX, el olvido cubría su presencia. Entre poetas e intelectuales actuales de otras latitudes no es aún suficientemente conocida. No pretendo descubrir lo que otros adelantados han señalado sino que pretendo divulgar su obra entre medios que todavía la ignoran, aun cuando ya había alcanzado notoria repercusión, incluso entre autores tan destacados como Juan Ramón Jiménez con el cual mantuvo una relación tormentosa, tal vez cosa de egos. Fueron creadores quienes reconocieron tempranamente los méritos de Dulce María Loynaz. Sabedores de las paradojas y zarandeos del gusto literario, encontramos en Regino Boti un temprano observador de su obra, caso paradójico porque el autor de Arabescos Mentales, pasó a cierto olvido después de ser renombrado en sus primeros libros mientras ella encontraría en su tierra natal, un reconocimiento mayor al final de su vida. (Boti 1) En la lista de tempranos admiradores encontramos también a Emilio Ballagas (Ballagas1) y Gabriela Mistral, quienes resaltaron su condición de preciada joya de la poesía cubana e hispana aunque el polvo cayera tiempo después sobre ella. Nacida en 1901, en medio de una familia descendiente de la más rancia aristocracia habanera, compartió su hogar con un padre notable, coronel del ejército independentista y creador de su himno de combate. Fue también hermana de otro poeta conocido. Su educación se ennoblece con una rica biblioteca, maestros privados que la iniciaron en lo mejor de la tradición poética de la lengua española. Gozó de todas las facilidades de una vida enriquecida por la herencia patriótica y nacionalista de la que fue también, de un modo muy reservado, una de sus mejores representantes. Gastón Baquero, un autor significativo y coetáneo suyo, la calificó como una de las mujeres que mejor representaban el patriotismo y la cubanía. Para este autor, Dulce María Loynaz personifica el momento más importante de la lírica femenina de su país, superando según sus palabras a Gertrudis Gómez de Avellaneda quien fuera caso único en esa continuación de la presencia femenina de la isla en la cultura hispanoamericana con visos universales. (Baquero1 ) Ella puede considerarse el momento culminante que se inicia con Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín (La Habana, 1789 - París, 1852), quien fuera la primera escritora con profundas raíces cubanas, evidenciadas en obras como La esclavitud en Cuba, quien escribía en francés y fue reconocida en los círculos parisinos de inicios del siglo XIX. A diferencia de La Avellaneda, quien desarrolló la mayor parte de su obra en España, fue Dulce María Loynaz la única de ese trío quien nació, vivió y murió en un caserón de La Habana. Fue precisamente allí donde supo crear desde su vasta cultura un mundo poético sin paralelo en la poesía de su país. ¿Fue en realidad una joya desconocida? Hemos adjuntado una lista de trabajos (Santos 1) que comprueban su presencia en la crítica de su tiempo desde los años veinte hasta principios de la década del sesenta del siglo XX, aun cuando no fue suficientemente valorada por otros poetas y académicos de la época. La intelectualidad de su período, con excepción de los más incendiarios, le reconocía su mérito. Lo anteriormente señalado se agrava con los cambios revolucionarios. Dulce María Loynaz se había graduado como una de las primeras abogadas de La Universidad de La Habana. Había viajado y enriquecido su bagaje cultural con trabajos tan significativos como Carta a Tutankamen, obra singular adonde lo exótico se une a la originalidad de comunicar en esa carta de amor el sentimiento universal de una joven del siglo XX hacia el misterioso faraón egipcio que, según Ivette de Los Ángeles, ella: ..... ....una mujer, poetisa por más señas, desteje, en su amor, ..........el tiempo dorado por el Nilo, ese que ha alcanzado con su ..........nostalgia, el instante de dicha más allá de lo humano. (Fuentes1) Dulce María Loynaz se da a conocer en un momento muy significativo de la literatura cubana por la influencia del vanguardismo y sus repercusiones en la ideología con autores que buscaban la renovación junto con el compromiso social como fue el caso de una figura cimera como Nicolás Guillén, poeta mulato que llevara lo afrocubano a la poesía. Todo parece indicar que éste fue un rival con el cual jamás pudo zanjar diferencias, especialmente décadas después cuando este último fuera glorificado como “poeta nacional” por el gobierno autoritario de la Isla. Tuvo en su contra, además, el grupo Orígenes con el cual pudieran mencionarse algunas coincidencias por su amor a Cuba y su interés de rescatar lo mejor de la lírica hispana, pero que por su propia condición personal de aislamiento voluntario, no logró el mismo nivel promocional dentro de los medios intelectuales de su tiempo a pesar de que el compromiso con su patria estuvo siempre al nivel de su responsabilidad con la estética de su trabajo. Dulce María Loynaz jamás paró de escribir y entre sus obras se destacan también: Canto a la mujer estéril, Revista Bimestre Cubana, No. jul-oct., 2do Semestre, La Habana, 1937/ Editorial Molina y Cía, La Habana, 1938; Versos 1920-1938 (poesía), Imp. Úcar, García, La Habana, 1938/ 2a. edición, Litografía A. Romero, Tenerife, Islas Canarias, España, 1947/ 3a. edición, Talleres Tipo- litográficos Uguina, Madrid, 1950; Carta de amor a Tut-Ank-Amen (poesía), Revisa Grafos, a. 7, v. 7, No. 63, La Habana, 1938/Nueva Imp. Radio, Colecc. Palma. Serie Americana 2, Madrid, 1953, Edic. no venal, terminada de imprimir el 15 de octubre de 1953/2a edic. de la misma editorial y con similares características tipográficas, 20 de octubre de 1953. Prefacio de Antonio Oliver Belmás, Nueva Imprenta Radio, Madrid, 1938; Juegos de agua. Versos del agua y del amor (poesía), Editora Nacional, Talleres Tipo-litográficos, Uguina, Madrid, 1947; Jardín (novela lírica), Aguilar, S.A. de Ediciones, Madrid, 1951/ Edit. Letras Cubanas, La Habana, 1993, 1995, 1997. Obra significativa por su lenguaje; Poemas sin nombre (poesía), Aguilar, S.A. de Ediciones, Madrid, 1953; Obra lírica (poesía), Nota preliminar de Federico Carlos Saínz de Robles Aguilar S.A. de Ediciones, Madrid, 1980 |

| M Á X I M A S Y M Í N I M A S Rafael Carvajal |
Los que creen que lo saben todo, no saben lo ignorantes que son para los que lo saben todo. El ruido es el espíritu del silencio. No hay que sorprenderse por las catástrofes y tragedias con las que Dios nos ha castigado últimamente, recordemos que una vez envió un diluvio que acabó con todo. La cortesía, como el aceite, alivia toda fricción. No hay que dejar para mañana lo que se pueda fax hoy. Frase que no debemos decir, una vez que la hemos pensado dos veces: ¡Nunca más volveré a emborracharme! Rico es el que se conforma con menos y no el que tiene más. Hay quienes ven el vaso mitad lleno y quienes lo ven mitad vacío. ¡Yo lo veo muy grande! Nuestra experiencia del mundo dura lo que dura nuestra existencia. Los embarazos de adolescentes son una responsabilidad producto de la irresponsabilidad. El béisbol consiste en hacer que tres minutos de acción duren tres horas. Definición de Ratón: Animal irracional que gracias a la tecnología, ha demostrado ser más inteligente que el animal racional. |
| R E F L E X I O N E S |
| Rafael Carvajal, colombiano que escribe ingeniosos dichos populares que aparecen en publicaciones como Tiempo Sur e HispanicLA. rafiacv@yahoo.com |
| P A S O S Ana María De Benidictis |
| © La Luciérnaga Online, 2011 |