| M A R Z O: U N M E S D E E X P E C T A T I V A S |

| E D I T O R I A L |

Con el arribo de la primavera del 2011, la peña se encamina a nuevos emprendimientos. El más destacado, es la participación de varios miembros de La Luciérnaga en el XXXIV Simposio Internacional de Literatura Española, que tendrá lugar en la Universidad Estatal de California Dominguez Hills, el 10 y 11 de marzo. En el encuentro Julio Benítez, miembro del Consejo Editorial de La Luciérnaga Online (LLO), presentará un trabajo titulado “Dulce María Loynaz: una joya escondida”. Esto ocurrirá en la Sesión IV del simposio, a las 4:00 pm. Un poco más tarde, a las 7:00 pm, Néstor Fantini, fundador de LLO, presentará en la Sesión VI su ensayo “Peña Literaria La Luciérnaga: una experiencia de literatura popular en Los Ángeles”. Pero lo más significativo para La Luciérnaga es que el viernes 11 de marzo, a la 1:00 pm, nueve escritores de la peña literaria participarán en dos mesas redondas en las que presentarán sus trabajos. En la primer ronda, que tendrá lugar entre la 1:00 y 2: 30 pm, estarán Raúl Arredondo, Néstor Fantini, Elsa Frausto, Celerino Hernández, Alejandro Molina y José Manuel Rodríguez Walteros. En la segunda mesa redonda, que será moderada por Néstor Fantini y que tendrá lugar entre las 2:45 y 4:15 pm, estarán Julio Benítez, Cecilia Davicco y Dora Magana. Recordando a la última peña del 19 de febrero, cabe mencionar que, aparte de los poemas y cuentos que tradicionalmente se leen, los más de 30 participantes aplaudieron efusivamente cuando José Manuel Rodríguez Walteros, miembro del Consejo Editorial de LLO, le entregó el premio “Luciérnaga 2011” a Jairo Duque. En un breve discurso, José Manuel destacó que si bien Jairo no es un escritor ya se ha transformado en toda una institución dentro de la peña debido a sus incansables esfuerzos para asegurar que se documentan todas las reuniones. Con ese propósito, junto a la colaboración de su hijo, Jairo ha venido grabando podcasts que son reproducidos en Colombia Informa Radio. La peña también contó con canciones de nuestro viejo amigo Ander Frausto y la grata visita de Edith y Héctor Vargas y sus hijos Daniel y Michael: una familia de la hermosa Bolivia que nos deleitó con un variado repertorio de canciones latinoamericanas. Entre los que aparecieron en la peña de enero, que como la de febrero fue en Northridge, en casa de Cecilia y Néstor Fantini, fue el gaucho Rafael Figueroa que trajo a su amigo Juan quien, guitarra en mano, nos animó con canciones folclóricas. También estuvo Giovanni Landaverde, un abogado salvadoreño que fascinó a la peña con sus relatos de cómo, meses atrás, emprendió la increíble aventura de viajar en bicicleta desde San Salvador hasta Los Ángeles en 145 días. Las próximas peñas de La Luciérnaga tendrán lugar el 19 de marzo, en Tujunga, y el 16 de abril, en Northridge. |
A Graciela Me contó como cayeron las gotas de la larga cadena de días que le fue concedido vivir. Me contó como su piel fue dibujando con profundos surcos en su rostro, el mapa de sus dolores. Me contó como parió en cuclillas a los hijos que vivieron y a los que murieron. Me conto como caminó los campos con sus cachorros ávidos colgando de su pecho. Me contó como la tierra absorbió la sangre del que la fecundaba frecuente e incansablemente. Me contó como sus pechos firmes se convirtieron en rebozo y como a su entraña ávida se le secó el amor. Me contó como su gracia juvenil se desgastó curtida bajo el sol despiadado de los campos. Me contó la ensangrentada historia de su tierra natal. Me contó como cruzó desiertos en la tierra de nadie, desprotegida y asustada buscando el sustento para sus muchos hijos. Me contó como endureció su espiritu para absorber desgracias innombrables en la simpleza de su cotidianidad. Me contó como la asaltan en las noches todos esos recuerdos escondidos y secretos. En su afán por exorcizar los fantasmas que la persiguen Me concedió el privilegio de contarme estas cosas Las cosas que no se cuentan. |
De la encantadora y rugosa resonancia de sus manos, se desata esta música, mujer vorágine en alargado sueño. El alargado talle de su música se acaricia en tendones de metal cristalizado. Cómo revienta resuellos de viento agudo, esa flauta de tiempo que lame con voluptuosidad sus labios. Cueva de huracanes en su lengua, temblor de cuerdas bajo sus huellas digitales. ...................................Sentir así ..................... ..su música, .................... ....es vivirla ................ ....en las ajenas ................. ........vidas de .................... ......un gato. Volando tendón tensionado en las alas de un águila. Sentir así su música es probar los zapatos de quien se levanta temprano. Es recobrar el sudor de quien maniobra un clarinete hecho de ínfimas notas hasta perder la razón. Es medirse el delantal estrellado del atardecer o cargar con la misma desazón la maleta llena de papeles inocuos. De la desencantadora y rugosa resonancia de tus manos, vida, se desata esta música y bajo el hechizo de tus notas disonan- tes, soy volátil hombre de papel, me bebo la llu- via y me reciclo. ............................Soy el envoltorio ...............................sin brillo para ..........................cualquier soledad. Pierdo toda noción y me entrego a la masa de tus días rutinarios y humanos. |
| P O E S Í A S |
| V O L Á T I L Y E F Í M E R A Antonieta Villamil |
| E X P E R I E N C I A D E V I D A Agueda Cabrera |
| EJERCICIO DE PLÁSTICA Marcos Silber |


| C U E N T O S |
Caminan uno al lado del otro, callados, silenciosos. Una, dos, cinco, ocho vueltas alrededor del corredor. Él, alto, delgado, tan delgado que su cuerpo dibuja una fatigada concavidad que insinúa solapadamente los avatares por los que atraviesa. Mientras camina, su acuosa mirada intenta retener las lágrimas que involuntariamente se deslizan por su rostro. Rostro cargado de recuerdos que impávidamente afloran cincelando su piel con profundas y amargas arrugas. Ella, a su lado, camina impasible, la mirada fija en algún punto inexistente. Su rostro no trasluce emociones y sus labios no pronuncian palabras porque estas quedaron suspendidas en una caótica apatía. Sus manos se sostienen una con la otra apoyadas contra su prominente estómago, mientras las refriega en un convulsivo y permanente movimiento. A veces, él apoya protectoramente su brazo sobre sus hombros, y otras la lleva de la mano como a una niña desvalida, pero siempre sus gestos hacia ella son suaves y amorosos. Cuando sus cansadas piernas le piden reposo, suavemente le susurra al oído que es tiempo de sentarse. En ocasiones, ella lo mira embelesada y le sonríe con un gesto de aprobación, pero en otras, la mayoría, la respuesta nunca llega, tampoco la sonrisa, ni la mirada; y desdeñosamente continúa su camino. Mientras tanto, él siente que la angustia lo arrincona con una lacerante opresión que puja por salir y liberar rencores recurrentes, pero sabe que es su deber reprimir y continuar. Las grandes puertas vidriadas del edificio le devuelven una imagen cansada, agobiada por años de desesperanza y frustración. Camina lento, pausadamente, resistiendo el momento de introducirse en ese mundo surrealista donde nada es, donde no hay pasado, ni presente. Donde rostros enmarcados sonríen burlonamente ante la mirada ausente de los fantasmas que deambulan sin rumbo, fantasmas que conforman una familia unida por la ausencia de recuerdos, por la oscuridad. Se lo ve endeble, física y emocionalmente, pero al abrir la puerta respira profundo como el actor que sale a escena y un personaje jovial y menos ajetreado atraviesa la puerta con los brazos abiertos para acurrucar a la torpe silueta que se le abalanza con los brazos extendidos y lágrimas en los ojos. Una resignada sonrisa se dibuja en su rostro y, aunque ella no esboza palabra, todo su cuerpo expresa una profunda felicidad, se encoge amorosamente entre sus brazos, mientras él besa sus cabellos, la abraza como siempre y comienzan a caminar alrededor del corredor. Unas, dos, cinco, diez vueltas. No hay nada que hacer ni decir, las caminatas, las anécdotas, las películas, todo es repetición constante de un interminable columpiarse velozmente del pasado al presente y del presente al pasado, en instantes seguidos de oscuridad y olvido. Para él, es la rutina, el trabajo, la obligación y la lealtad que jurara frente al improvisado altar en una playa de arenas blancas y olas traviesas que salpicaban sus tobillos mientras se juraban amor eterno. Un amor que, por su intensidad, no fue capaz de proyectarlos a la inmortalidad porque en ese, su reino, no hubo cabida para nadie más que ellos dos. Y ahora, para él, sólo quedan las arenas blancas, tan blancas que su brillo lo ciegan y dificultan sus recuerdos y, para ella, no hay nada, sólo oscuridad, olvido, un instante de súbito despertar, las esperas, y nuevamente la oscuridad y el olvido. Para él, los días se van restando uno a uno, al tiempo que su espíritu se va esfumando, desvaneciendo tras una neblina de frío que, poco a poco, lo va convirtiendo en una sombra de callada desesperación. Por momentos su cabeza gira en un torbellino desenfrenado, arrollador, dejándolo sin fuerzas para resistir la incesante tentación de terminar todo, cerrar los ojos y no pensar más. En esos días, y por algunos minutos, ella percibe lo que dentro de él está ocurriendo, se sienta en su sillón favorito, fija la mirada en una pantalla de televisor que refleja mundos inconexos, lejanos, que no le pertenecen, donde sus ojos miran sin ver, con esa su mirada vacía, sin brillo ni emoción de muñeca de bazar. Se recuesta por unos minutos sobre el pecho de su amado, recoge sus piernas sobre el sofá en un sincero deseo de sumergirse en esa conocida y cálida intimidad. |
| O B S C U R I D A D Cecilia Davicco |
| L A M E M O R I A Y L A E S P E R A María Baffundo |
escucha, se revuelve inquieta en una desesperada y agonizante manifestación de rebeldía. Sólo obedece a los impulsos que su cuerpo le impone. Él, sin entender, le sugiere con vos firme que siga mirando ese video que, tan desgastado como sus fuerzas, sigue mostrando el altar, las arenas juguetonas, los abrazos y besos que, poco a poco se han ido diluyendo al igual que su mundo. Ella insiste porfiadamente en levantarse. Ante la imposibilidad de incorporarse por sí misma, se resigna por un momento, acepta, pero la inquietud crece. Hay fastidio y malestar en sus gestos. Se refriega las manos con tanta fuerza que las frágiles uñas de sus dedos se desprenden como hojas marchitas. Suda profusamente, se apoya sobre los brazos del sillón para ponerse de pie, pero sus intentos son vanos. Su cuerpo, atiborrado de la grasa acumulada por falta de ejercicio, se resiste a obedecerle. Un olor nauseabundo comienza a desprenderse de su cuerpo y se dispersa por la habitación. Él entiende que debe renunciar a sus deseos, que tiene que abrir los ojos, ponerse de pie y acudir en su ayuda. Se esfuerza por mantener la calma y dibuja una precaria sonrisa para que sus verdaderos sentimientos no afloren. Le brinda su brazo para que pueda incorporarse y, lentamente, la conduce al baño donde, con resignada devoción, comienza a quitarle la ropa que apesta porque la mierda ha traspasado los calzones, los pantalones y ha dejado una gran aureola en el sofá. ¿Dónde quedaron aquellos días en que una mujer de ojos profundos caminaba por la playa tomada de su mano? ¿Dónde quedó su sonrisa y ese egoísta mundo de dos, donde los bosquejos de hijos fueron borrados, puestos en una indefinida espera, para que no amenazaran su intimidad? Irónicamente, aquella decisión no tuvo consecuencias hasta muchos años después, hasta ahora, hasta este instante donde la soledad rasguña y duele. ¡Qué tremendo sarcasmo de la vida! Ocho años han pasado desde que comenzaron los ataques de pánico frente a las escaleras de su casa. Ocho años desde aquel día en que salió corriendo de la casa, desnuda, llorando, con un cuchillo en la mano amenazando a los desconcertados vecinos y sembrando el miedo entre aquellos que la conocían. Ocho años desde que aquel, su privado y mezquino mundo de eterno romance, comenzó a desintegrarse como las neuronas de su cerebro. Hoy, ese cuerpo de mujer camina, come y duerme; camina, come y duerme. Su mente no existe; murió hace ocho años. Entre el ayer y el hoy, la única conexión real es un número de identificación y una foto con su nombre, lo demás ya no es. Y hoy, el médico le extiende a él los resultados de sus exámenes. Exámenes que aterrorizado lee para descubrir que él, el único disponible para cuidarla, para mantenerla con vida, el que apostaba acompañarla hasta su último suspiro, el que aceptara no tener hijos porque ellos dos eran suficientes, en las letras de ese papel se dibuja su condena de muerte. Del New York Times, 24 de junio de 2008: Dan Wood, artista plástico de 67 años fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza junto al cuerpo también sin vida de su esposa Nancy. Ante la devastadora noticia de que el cáncer que padecía era terminal, Dan decidió poner fin a su vida después de disparar a su esposa, quien desde hacía ocho años sufría un severo caso de Alzheimer. |
Lucía y Juan han envejecido mucho y luego de estos 26 años; no quedan más lágrimas, más fuerzas, más motivos para la lucha. En este tiempo se han hecho autómatas que repiten gestos aprendidos y sin sentido... tener el mate pronto en las tardecitas de invierno, respetar el sillón favorito de mimbre junto a la tele, limpiar fotos, trofeos, recuerdos del ausente. Fernando no está físicamente, es un desaparecido; pero su presencia- ausencia aún duele y sangra en el dolor de los que quedaron. Hasta ahora no han podido llorar su muerte, porque no es reconocida oficialmente como tal; no han podido visitar su tumba para alivianar frente a ella el sufrimiento por no tenerlo cerca; sus restos, si es que existen, no les pertenecen. Historiadores, antropólogos, forenses, expertos en genética, médicos, políticos y tantos más se han sumado en esta tarea; se quiere buscar la verdad, saber, indagar, acusar, hacer justicia, llegar a las últimas consecuencias... Y frente a este nuevo proceso iniciado en el país, en la casa de Lucía y Juan todo sigue igual, las noticias se oyen en la vieja radio sin ser “escuchadas” en su verdadera dimensión, ¿qué de nuevo podrán aportar a esta familia?. Gabriela vagabundea desde hace tiempo sin rumbo por diferentes trabajos, sin hallar “el lugar”, el ambiente y las personas que la ayuden a encontrarse con lo mejor de sí misma y vivir feliz. Andrés, con su adicción a las drogas y al alcohol, ha pasado ya por varios centros de rehabilitación, que no han logrado sacar fuera, la rabia y represión contenida de este hombre. Juan y Lucía aún se encuentran frente al televisor compartiendo el mate de cada tarde y, sin cruzar palabras que los delate, alimentan en el silencio la espera; mientras, de vez en cuando, movido por las corrientes de aire, que a veces se cuelan en la casa, el sillón hamaca de mimbre que está en el rincón tiene pequeños movimientos y crujen las maderas... Y en un rincón olvidado del batallón militar, cubierto por pasto, tierra y una capa de cemento que lo hace irreconocible y ha carcomido los huesos, descansan los restos de Fernando, también esperando, esperando dar a luz parte de una historia que nunca se debe olvidar. |

La cama primorosamente tendida, la ventana abierta deja entrar el fresco de la mañana. Sobre la cómoda lugar de recuerdos; fotos, estampas, objetos que como al descuido hablan de presencias. En la mesa de luz, un despertador que monótonamente y, sin fallar, anuncia el paso de las horas. Las paredes y sus pósters, las sillas con ropa, los rincones del cuarto, dejan entreveer una juventud recién estrenada, dónde la adolescencia marca aún sus preferencias. El pequeño escritorio repleto de libros, con las hojas rotas, algunos tan deteriorados, sin poder reconocerlos... sólo esta nota rompe la armonía. ¿Cuántos años han pasado? ¿15? ¿20?; no, ¡26 años!. El 13 de junio de 1978 parece tan cercano y tan lejano a la vez. Aquella noche, en las que las mal llamadas “fuerzas del orden” irrumpieron en esa habitación para llevarlo a declarar. La historia en el país ha continuado, pero en esta familia se ha detenido. En la mesa su lugar es respetado, el plato, los cubiertos, la servilleta, descansan en ella cada día y al terminar el almuerzo o la cena, como en un ritual, ocupan su espacio en el armario. ¿Cómo explicar a su madre que ya ha pasado mucho tiempo y es inútil esperarlo por las noches? ¿Cómo decirle a su padre que alguien puede usar la Vespa del garaje porque su hijo no volverá para pasear en ella?. ¿Cómo decirle a sus hermanos que no guarden rencor al hermano ausente, cuyo recuerdo les quitó la niñez, la adolescencia, la juventud y cambió para siempre los afectos familiares? Han pasado tanto en estos años!!!... Al principio las idas y vueltas a la comisaría, a la jefatura, al Ministerio... los recorridos interminables por los hospitales... las experiencias traumáticas en la morgue, frente a decenas de cuerpos mutilados... Los vecinos... algunos preocupados, solícitos al dolor ajeno; otros que cerraban su casa a cal y canto para no mezclarse con los subversivos. Las llamadas anónimas que se sucedían sin encontrar al responsable, la sensación de que continuamente estaban tras de ellos, con ojos invisibles, buscando la oportunidad de darles caza. Las visitas inesperadas de la policía buscando indicios, huellas incriminatorias; la presión en la escuela a los más pequeños que los obligaba a deambular, año a año, por diferentes centros educativos. Desde aquella noche fue inútil todo esfuerzo propio o ajeno por recuperar la alegría...la familia se encerró en un mutismo tal que la fue alejando de su vida social. No más salidas el fin de semana, no más cumpleaños de familiares o amigos, no más fiestas en el barrio, NO, NO, esa palabra comenzó a ser cotidiana para Gabriela y Andrés, los más pequeños, y han visto derrumbarse por arte de magia su vida. |

| E N S A Y O S |
| U N A N Á L I S I S D E "E l B E S O D E L A M U J E R A R A Ñ A" Jessica Segura |
Por medio de estos estereotipos se nos presenta el elemento del hombre masa. La mayoría de los humanos tenemos un problema con la homosexualidad porque nos han enseñado que eso es un pecado. Aceptamos tal afirmación sin cuestionarla. Puig no sólo critica al hombre masa por medio de estos estereotipos, lo hace también a través del personaje de Valentín. Cuando Valentín le relata a Molina sobre su novia Marta, le comenta que prefirió el movimiento revolucionario sobre ella, aun cuando la amaba y sabía que con ella alcanzaría la felicidad. Valentín como cualquier otro hombre masa, decidió tomar el camino ancho de seguir. Ante la sociedad, el ser revolucionario era de mayor valor que el ser un hombre ordinario. El convertirse en revolucionario era de major influencia para él que estar con la mujer que amaba con todas sus fuerzas. El hombre masa se deja llevar por los demás, cosa que Valentín permitió al incorporarse en el movimiento revolucionario. Según el investigador cubano Aliso Infante dice: Puede considerarse El beso de la mujer araña como una novela altamente representativa de la praxis literaria contemporánea, particularmente la del ámbito latinoamericano, donde la voz del discurso de masas se hace sentir con tal fuerza y espontaneidad que no ha necesitado para su adecuado desarrollo de apelar a complejas elaboraciones teóricas, sino que más bien fluye naturalmente para promover una concepción más amplia de la literatura, el arte y la cultura en general. (El discurso de masas en El beso de la mujer araña, 1997) Estas películas también reflejan la propia vida de Manuel Puig, ya que él ya las había visto. Hasta cierto punto, la novela puede verse como una autobiografía de algunos aspectos de la vida personal de Puig. Aun en los apuntes al pie de la página se ve reflejado la orientación sexual del autor. Un hecho interesante de notar en el libro es que tales apuntes desaparecen después que Valentín y Molina tienen relaciones sexuales. O’ Connor dice lo siguiente al respeto: These footnotes come into the text when Valentín admits, ‘I really know very little about people with your type of inclination,’ and appear at intervals through the center of the novel, finishing at about the point where Valentín agrees to have sex with Molina: coming into being at Valentín the rationalist’s request, it seems appropriate that they end when his seduction is complete. (Latin American Fiction, pg. 26) De hecho, el clímax de la novela es cuando estos prisioneros hacen el amor. Anterior a este punto decisivo, vemos que la telaraña se va desarrollando, metafóricamente diciéndolo. Desde el principio de la novela, Molina no pierde ni un instante para empezar a tejer su telaraña. Comienza tejiendo con el propósito de sacarle información a Valentín. A lo largo que teje, el mismo Molina se enreda en su telaraña, enamorándose así de su compañero de celda. Cuando esté se da cuenta de sus sentimientos, ya es muy tarde para detener su investigación. Molina continua su averiguación, pero con el pensamiento de no darle información alguna al director. Al empezar del capítulo catorce, nos damos cuenta que el director esta sospechando que Molina se está enamorando de Valentín. Por medio de una conversación con una señorita, el lector percibe las siguientes palabras del director: “Pero mire... hay algo raro en Molina, hay algo que me dice, no sé cómo explicarme, hay algo que me dice... que Molina no está actuando limpio conmigo... que me oculta algo.” (Puig, 249). Estas sospechas son confirmadas en la junta que tiene ese día con Molina, pero precedente a esto, el director fue muy disimulado con Molina. El continuaba proveyéndole porciones de comida con el deseo de poder sacar alguna información. La comida es un leitmotiv que se presenta en la novela, está es de gran ayuda para la telaraña que Molina teje. Por medio de la comida, Valentín empieza a confiar en Molina. El hambre que ellos tienen hacia los alimentos, simboliza el hambre física que ellos más tarde tendrán. Los bocadillos que comparten son de gran influencia sobre el acercamiento entre ellos. La comida fue una excusa que Molina utilizó para poder amparar a Valentín con su enfermedad, la cual es causada por la comida servida en la cárcel. Molina, el cual sabe de la causa de la enfermedad, no podía resistir ver a Valentín sufrir. Por esta misma razón, en las pocas ocasiones que Valentín trató de darle información, Molina la rechazó diciéndole: “Valentín, te lo ruego. No quiero saber una palabra de nada. Ni donde están, ni quiénes son, nada.” (Puig, 256). (Aquí nuevamente se ve el humor por medio del rogo de Molina.) Sus sentimientos hacia Valentín le impiden continuar su investigación, incluso, tiene miedo de recibir información. En la misma conversación le dice: Pero escúchame, es por tu bien que te lo pido... no me des ningún dato, no me cuentes nada de tus compañeros. Porque yo no tengo maña para esas cosas, y si me agarran les voy a largar todo. (Puig, 256) Aunque al principio, Molina se niega a recibir información alguna, momentos antes de salir de la celda acepta ayudar a Valentín. Ambos llegan a apreciarse como seres humanos que son; llegan a comprender las diferencias entre ellos. El poder entenderse uno al otro sucede después del clímax. Este acto es el último paso para poder terminar la telaraña. Después de sostener relaciones sexuales, ya no hay nada más que tejer. Aun Valentín le comenta a Molina: “Vos sos la mujer araña, que atrapa a los hombres en su tela.” (Puig, 265). Bibliografía Hurt, William (versión) [película de la novela] King, John On Modern Latin American Fiction New York: Hill and Wang, 1987 Infante, Alison “El discurso de masas en El beso de la mujer araña” Rayuela-L edición de Abelardo Mena (28 de octubre de 1997) Llosa, Mario Vargas “Disparen sobre el novelista”, Clarín Digital Cultura y Nación, domingo 2 de julio de 2000, www.clarin.com.ar O’Connor, Patrick Latin American Fiction and the Narratives of the Perverse Paper Dolls and Spider Women New York: Palgrave percibir, 2004 Puig, Manuel El beso de la mujer araña New York: Vintage Books, 1976. Swanson, Philip The new novel in Latin America Politics and popular culture after the Boom New York: Manchester University Press, 1995. Williams, Raymond L. The Twentieth-Century Spanish American Novel Texas: University of Texas Press, 2003. |
Manuel Puig terminó El beso de la mujer araña en 1976 en México, lugar donde iba a pasar el resto de su vida debido al exilio. Puig se vio forzado a trasladarse a México, ya que además de la prohibición oficial, él era amenazado constantemente. Él nació en una pequeña ciudad de Argentina llamada General Villegas el 28 de diciembre de 1932, en la cual vivió hasta los trece años. En 1946 sus padres lo trasladaron a la ciudad de Buenos Aires debido a que no había colegio en su pueblo natal. Fue en Buenos Aires donde cursó sus estudios de bachiller en el colegio Ward de Ramos Mejía. En 1956 viajó a Roma, Italia con la ayuda de una beca y estudió cine en el Centro Sperimentale di Cinematografía. Poco después se traslado a Londres y Estocolmo, ciudades donde escribió sus primeros libretos para cine. Durante los años 1961 y 1962, trabajó como asistente de dirección de cine en Buenos Aires y Roma. Como director de cine, es tal vez uno de los más desconocidos, pero es uno de los escritores argentinos de mayor renombre. Manuel siempre anhelo ser director, pero nunca pudo desarrollar su potencial. Fue un gran escritor de guiones, en otras palabras, fue un director que se mostró como escritor. Según Mario Vargas Llosa dice: “no era un escritor inculto. Era un hombre de cine, que se descubrió naufragando en la literatura acaso por omisión Puig llegó a su vocación literaria en formal gradual y casi por accidente; después de sus frustraciones como estudiante de cine en Italia y sus intentos fallidos porque se produjeran sus guiones y por encontrar trabajo como director, pasó casi imperceptiblemente de escribir para la pantalla esquiva a escribir para sí mismo, componiendo un texto autobiográfico basado en sus recuerdo infantiles de las películas que había visto en las salas de general Villegas, una ciudad pequeña de la pampa” (2000) La referencia a las películas que Manuel Puig había visto de niño, se puede ver a través de la novela El beso de la mujer araña. Es una novela que relata la historia de dos prisioneros que comparten una celda en una cárcel de Argentina. Para pasar el tiempo, estos deciden hacer uso de sus imaginaciones. Molina, el cual es acusado de corrupción de menores, es el que le cuenta las películas a Valentín, un militante de una organización revolucionaria. Las películas, las cuales se pueden considerar un texto dentro de la novela, representan la intertextualidad. Esta técnica se ve reflejada al igual en los textos de tango y bolero que se incluyen en la novela. El propósito de esta intertextualidad es para mostrar al lector la alteridad que Molina experimenta permanentemente. Los personajes femeninos (Irena, Leni, la zombi, la cantante mexicana) son representaciones del deseo de Molina de ser mujer. En la película sobre la novela, en la versión William Hurt, en una ocasión Valentín le dice: ‘Fantasies are no escape’, a lo cual Molina responde: ‘If you’ve got the keys to that door, I will gladly follow. Otherwise I will escape in my own way’. La única salida que estos prisioneros tienen es el imaginarse las películas que Molina relata. Por medio de estás se muestra un narrador omnisciente, ya que Molina conoce aun los pensamientos de los personajes: Entonces Leni se queda sola y piensa si ella podría querer a un invasor de su patria, y se queda pensando...(Puig, 58) Las palabras de él la hacen medio estremecerse, todo un presagio la envuelve, y tiene como la certeza de que en su vida sucederán cosas muy importantes, y casi seguramente con un fin trágico. (Puig, 62) ...y más abajo hay fotos, fotos de él y otra mujer, ¿sería la primera esposa?, a la chica le parece reconocerla, le parece haberla visto antes, de veras está segura de haber visto esa cara antes, en alguna parte, ¿pero donde? (Puig, 177) Por medio de estas citas nos damos cuenta que, si la novela tuviera un narrador, fuera un narrador omnisciente. La novela no tiene narrador alguno porque esta estructurada por medio de guiones. A través de los dieciséis capítulos que contiene, el guión prominente es el que Valentín y Molina sostienen. Al principio, el guión entre ellos era frío y sin sentimiento alguno, algo que cambia totalmente para la segunda parte de la novela. Durante las dos partes de la novela, el lector se da cuenta de lo que esta pasando dentro de la celda, al igual que afuera. Cada vez que Molina sale a hablar con el director, toda la información intercambiada por estos es presentada al lector. A través de toda la novela, el lector se da cuenta de no solamente esto, sino aun de los pensamientos de Molina que se encuentran en itálicas. ‘las enfermeras del turno de día, bromas y sonrisas con pacientes buenos que obedecen todo y comen y duermen pero si se sanan se van para siempre’ (Puig, 192) Esta cita hace referencia al significado del título, el cual esta enlazado con Molina. Es esté quien representa a la mujer araña. Cuando él piensa a los pacientes buenos que obedecen, tiene en mente a Valentín. Por medio de la enfermedad de esté, Molina ha podido enredarlo poco a poco en su telaraña. Es aquí que podemos ver la inteligencia femenina de Molina, debido a que él tiene una mentalidad femenina en todo el sentido de la palabra. Según Molina, “La gracia está en que cuando un hombre te abraza le tengas un poco de miedo.” (Puig, 247). Su ideal es que el hombre siempre tiene que mandar. Aunque esta es la filosofía que él sostiene y le muestra a Valentín, también posee la habilidad de tejer una telaraña en silencio. Esto es paralelo a cuando una mujer no afirma algo, sino que lo insinúa. Por medio de pistas, la mayoría de mujeres sumisas le dejan saber al hombre lo que quieren. Molina cuida de Valentín no por tenerlo que hacer, sino porque sabe que su cuidado dará resultados. Al principio de la novela, Molina es puesto en la celda siete con Valentín con el propósito de sacarle información a esté sobre su organización revolucionaria. Lo que Molina no sabe es que terminara enamorandose de Valentín, aunque esté sea frío con él. Es quizás esto lo que le atrae de él. La mujer sumisa siempre busca a un hombre que la domine, en otras palabras, que sea machista. Es aquí que se presentan los temas de la homosexualidad y el machismo. Por un lado tenemos a Molina, un homosexual femenino, y por el otro a Valentín, un hombre machista. Los dos representan roles genéticos distintos. Por medio de estos dos temas se nos presenta el humor. Aunque Valentín sea machista, no le cabe en la cabeza que Molina, siendo un hombre físicamente, sea sumiso. Incluso en una ocasión le da el siguiente consejo: “-Quiero decirte que no tenés que pagar con algo, con favores, pedir perdón, porque te juste eso. No te tenés que... someter.” (Puig, 246) A lo que Molina contesta: “-Pero si un hombre.. Es mi marido, él tiene que mandar, para que se sienta bien. Eso es lo natural, porque él entonces... es el hombre de la casa.” (Puig, 246) Ambos continúan dando su opinión, hasta que Molina empieza el siguiente dialogo: -No hablemos más de esto, porque es una conversación que no conduce a nada. -Al contrario, quiero discutir. -Pero yo no. -¿Por qué no? -Porque no, y listo. Te lo pido, por favor. (Puig, 247) Aun después del consejo de su compañero, Molina continua pidiendo el favor de no discutir en la última frase de la conversación. Causa humor imaginarnos a un hombre (físicamente) pidiendo tal favor, ya que normalmente es una mujer la que realiza esta acción. Por medio de este acto el lector puede ver la actuación extrema de la homosexualidad. Puig logra crear un estereotipo de la homosexualidad por medio del personaje de Molina. Nos hace creer que todo homosexual es débil y sumiso, cuando en realidad no es así. Su propósito de este estereotipo es su misma orientación sexual. Durante la época en la cual él escribió El beso de la mujer araña, la homosexualidad no era aceptada. Aun el crimen cometido por Molina es representante de la mentalidad que la sociedad tiene sobre los homosexuales. Puig hubiera podido darle otro crimen al personaje de Molina. |

| M Á X I M A S Y M Í N I M A S Rafael Carvajal |
| Rafael Carvajal, colombiano que escribe ingeniosos dichos populares que aparecen en publicaciones como Tiempo Sur e HispanicLA. rafiacv@yahoo.com |
| © La Luciérnaga Online, 2011 |
Mientras los días se me gastan en momentos que no volverán, las noches se me pasan entre sueños que no serán. No saber lo bueno, es malo. Saber lo malo, no es bueno. Egipto se levantó para dejar saber al mundo de que su pueblo no estaba oprimido sino dormido. La vejez no viene sola, con ella también llegan los achaques...del alma. Quienes figuran en listas de desaparecidos, están ahí porque para un gobierno eran personas demasiado listas. Mandamiento obvio: No aparecer en la casa de tu pareja con la valija en la mano después de la tercera cita. Hay los que entienden mal y los que entienden peor. El corazón nunca será libre mientras permanezca tras una jaula de huesos. Hay países donde el idiota se hace gobernador, el estúpido se hace alcalde y el imbécil se hace presidente. La mejor manera de sorprender a la esposa es frecuentemente. A preguntas necias, respuestas torpes. Definición de Materialista: Ser humano que sólo siente calor humano por todo aquello que no es humano. |
| R E F L E X I O N E S |