Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
O C T U B R E,   M E S   A N I V E R S A R I O  
E D I T O R I A L

Esta edición de La Luciérnaga Online es una más que especial ya que el próximo 16 de octubre no sólo se celebrará otra exitosa
reunión, sino que ésta será la número sesenta y uno. Sí, La Peña Literaria La Luciérnaga está cumpliendo cinco años de
constante e ininterrumpida labor. Agradecemos a todas aquellas personas que, a través de estos cinco años, han pasado por
nuestra peña que se ha transformado en un lugar en donde, además de encontrar amigos y estrechar vínculos, se ha contribuido
a la difusión de las letras y artes de la cultura latinoamericana. Y para festejarlo más informalmente, el domingo 14 de noviembre
se realizará un picnic en la ciudad de Tujunga. Más información acerca de este evento se dará en la próxima peña que, esta vez,
se realizará en North Hollywood.

A través de estos cinco años, La Peña Literaria La Luciérnaga ha sabido ganarse un lugar de reconocimiento en el ámbito cultural
local, no sólo por su constante labor productiva sino por la calidad de los trabajos que allí se presentan y  que, a través de La
Luciérnaga Online, se están dando a conocer a nivel internacional. Prueba de ello fue el concurso de poesía y cuentos que se
organizó en el 2009 y que contó con un considerable número de participantes de diferentes países de habla hispana. Para
continuar de manera más organizada con este proceso de crecimiento, el Consejo Directivo de la Peña Literaria La Luciérnaga hs
decidido comenzar un registro de miembros, a partir de enero de 2011.

En esta edición, también, estamos invitando a que a través del BLOG se vote para elegir a la persona más representativa de La
Luciérnaga 2010. Esta iniciativa comenzó hace dos años atrás y ahora, nuevamente, tendremos la oportunidad de seleccionar a
aquella persona que, a través de su trabajo, su calidad y  su constante aporte, merece ser el representante de La Luciérnaga.

Y para aquellos que aún no lo saben, en la pasada peña de septiembre, La Luciérnaga Online Publications presentó su primera
antología.  Este libro de 93 páginas, que ha recibido una crítica más que elogiosa, es un ejemplo de cómo la nueva tecnología
permite que se publique a bajo costo.  Esta es una gran oportunidad para aquellos que durante mucho tiempo soñaron con
publicar sus trabajos, pero que hasta ahora no lo han podido hacer. Como convalidación de nuestra labor, ya tenemos en proceso
de publicación un trabajo del reconocido escritor cubano Julio Benítez y otro del argentino Rafael "Gaucho"  Figueroa.  Además,
hay tratativas con otros tres escritores que podrían formalizar su pedido a corto plazo.

Queridos amigos, como ven, este mes de octubre es uno cargado de novedades y promesas. Nos juntamos, entonces, en la
próxima peña que, ya saben, es el sábado 16, en North Hollywood.

Cecilia Davicco
Editora
P O E S Í A S
Que no se acabe esta noche blanca,
No si tus ojos me miran,
Que no se apaguen.
Hoy el atardecer quebrará en partes
El cielo con su llanto
Que se irán con el viento hacia ninguna parte.
Que no se atormenten mis manos por no volver a tocarte
Que no desesperen si conocen el destino
La osadía en el escaparate.
Un  camino incierto, una mandala, un aliento.
El tiempo se vuelve para decírmelo en la cara.
Unos labios que no aguantan,
Un viejo fervor,
Una vida.
ESTA NOCHE BLANCA
Mele Mus
La muerte y sus muertos
me acechan
la muerte y sus muertos
desvelan mi ojos
en noches largas y ciegas
penetran por mis labios solitarios
en caminos de llanos y llantos
van en busca de esa palabra
que se esconde en mi pecho
como estrella casi apagada
en noches sin lágrimas
en noches ajenas
la muerte y sus muertos
se esconden tras noches sin estrellas
la muerte baila y juega como eterna niña
porque se sabe sabia...sabia en la espera
los muertos y la muerte
penetran por el cielo
borrachos de inconsciencia
juegan por no saberse muertos
caminan como hormigas
en busca de su próximo miembro
porque saben los que otros no...que Dios no existe
y que todo es un juego
la muerte y sus muertos saben de silencios lejanos
de gritos y llantos desesperados
por equivocarse en los rezos
cadáveres del olvido
calaveras de lo ajeno
sudan sangre
desconocen la culpa
van recorriendo huesos carne venas
lamentos solitarios
eternidad sin cuerpo.
GLADYS JIMÉNEZ, escritora nicaragüense
radicada en el sur de California, obtuvo una
mención especial en el Concurso
Internacional de Poesía y Cuentos de La
Luciérnaga Online 2009.

A veces parezco ser de este mundo,
sobretodo cuando tengo la cabeza puesta
cuando gasto mi tarde viendo noticias internacionales
y vivo las nacionales en carne propia.
Hay algunas veces en que la soledad es como las leyes parlamentarias
inobjetables y causas legítimas de llanto popular
pero me quito a veces la cabeza,
no, no el sombrero, la cabeza,
y la coloco en una mesa, diminuta,
y respiro, ¡por fin puedo respirar!
dejar de tenerle miedo a la mortalidad y la esperanza
verme en el espejo como quise desde niño, cuando fui inmortal
decapitado por los sueños incumplidos y electrocutados
devastado por un señuelo gubernamental
vaciado de los prejuicios clericales-axiológicos-culturales
pero me pongo rápidamente la cabeza,
mi horrenda efigie de carne comestible
y los verbos destilan guerra, porque esta tristeza no tiene paz
no puede evitarse sino convertirse en arte
para evitar una desgracia, obviamente,
para evitar que la gente conjeture
después de mí y mi hazaña en bisutería
y finalice con los libros en el pecho
los libros premiados, devastados y desconocidos
pues siempre preferí esa literatura
la que es como una bomba de tiempo
que se deflagra lentamente en mi mano
y hace ¡bum! y me quema la piel
y me recuerda que estoy vivo
a pesar de los asesinos
que sin saberlo o sabiéndolo, saludamos y glorificamos
a pesar de que la historia es muy densa, entre imperios y vencidos
y transcurre como un dolor de cabeza tremendo, no cósmico sino real
parecido al periplo tortuoso de solicitar un crédito por el cual, obviamente,
perderemos en juicio nuestros feos inmuebles
nuestros intrincados y hermosos sueños
ahí es cuando me quito la cabeza, otra vez,
para evitarme el suplicio de ver de frente a las alimañas desde las montañas
para que ningún semiótico cuerdo funja como intérprete de mis códigos
yo prefiero la luz de la oscura estepa nacional y de mi vacuidad
porque la escapatoria se cerró con una roca, desde ayer, la misma cueva de siempre /
...................................................sin mágicas tierras almibaradas en tercera dimensión
ayer que dejamos de ser hermanos e incineramos la cortesía en un campo de futbol
para activar exorbitantemente la cadena alimenticia de la selva, pero aquí con edificios /
.....................................................y aeronaves…y putrefactos y poderosos prepotentes
quiero llegar a tu lugar cinematográfico donde anidas
llegar yo, con la cebolla más grande para justificar el llanto
sentarme a tu diestra y hacer lo pertinente para preñarte de fantasías
las otrora arrebataras y decapitadas como a veces mi cabeza
a diferencia de que tus fantasías fueron violadas por huestes desconocidas
a diferencia de que yo me decapité solito, para evitarles el esfuerzo a los tontitos.
DEVANEO
Gladys Jiménez
EUFEMISMO DEL DESCABEZAMIENTO INEVITABLE
José Mariano Cantoral Figueroa

JOSÉ MARIANO CANTORAL FIGUEROA, poeta
y escritor guatemalteco. Ha ganado varios
concursos literarios. Además es columnista
de la revista electrónica Albedrío de
Guatemala. Tiene inéditos los libros ya
terminados:
Corasón no lleva zeta (Poesía) y
La ciudad vacía (narrativa). Su trabajo activo y
actualizado puede ser leído en su blog
www.masqexpreso.blogspot.com.
Mele Mus, oriunda de la provincia de Buenos Aires, es
maestra de inglés y fundadora de la asociación de
refugio de animales "Animal Mus". Comenzó
profesionalmente a dedicarse a la escritura a partir
del año 1998. En la actualidad lleva finalizada su
primer novela,
Una rupia nunca muere, aún por
editarse.
C U E N T O S

Me encontró, y debo ser enfático en ello, en la esquina de la Florence y la Pacific, y se lo llevó todo.  Tenía los
cabellos negros larguísimos y unos ojos profundos y marrones.  Vengo de lejos, me dijo, y soy más que un águila,
una aparición.  Me platicó una historia vieja que yo tomé a broma.  Nada me importó saber ni su origen ni de los
remotos caminos a la luz de sus tres lunas de los que quería platicarme.  En lo único que yo pensé y lo confieso
fue en no pensar en nada.  Su cuerpo era una provocación que un viejo cazador empedernido como yo no iba a
dejar pasar.  Ella insistía en no ser de este mundo y en que venía, a su modo, también en plan de cazadora.  
Palabras más, palabras menos, como en un sueño la llevé, más bien diría ella me llevó para ser fidedignos, a mi
cuarto.  Disculpando el desorden eterno de mis cosas apagué la luz.  Su cuerpo desnudo, lo juro, relumbraba en la
oscuridad.  Vengo de muy lejos, me dijo entre beso y beso.  Como quien acaricia una estatua de arena así yo
acaricié sus formas, sus piernas alargadas y abiertas, sus senos endurecidos, sus labios, las cicatrices que habían
dejado sus alas en la espalda.  Así me lo dijo ella y yo en ese momento todo se lo creí.  Extasiado en sus jadeos y
en su entrepierna a nada me negué.  Todo lo quiero para mí, me dijo entre jadeos y yo le dije sí, mi alma, mis
caminos, mis ojos, mis manos, mis dedos, lo que tú quieras sí pero cabálgame de nuevo, déjame besar, morder,
internarme en tu piel, en tus líquidos, en tu vagina de fuego, y ella me lo cumplió.  Luego del acto interminable con
el que inventamos el amor como entre nubes la vi vestir.  De prisa cubrió su desnudez y de prisa también lo tomó
todo.  Cada petición a la que yo había accedido se cumplió.  Serena, casi maternal, la mujer me arrancó los ojos,
los dedos, y se lo llevó todo.  Vengo de muy lejos, me dijo con sus labios en mi oído y despacio abrió la ventana y
se lanzó al vacío.  El traquetear de sus alas atronó la quietud susurrante y sigilosa del amanecer de North Long
Beach.  Esa es la historia que aunque a nadie le importe compartimos muchos de los desamparados que vivimos
bajo el puente de la 105 y la Paramount.  Cada amanecer nuestros cuerpos contrahechos y rotos se retuercen de
rabia y de temor al escuchar los incontables aleteos que todo se lo llevan y que recorren de aquí para allá la
ciudad dormida buscando nuevas presas.


Un hombre de 42 años le pedía un autógrafo a un jugador de
fútbol muy conocido. El hombre se mostraba fascinado por la
presencia de su máximo ídolo. El joven futbolista cumplía con
el pedido al tiempo que, en voz baja, pensaba: ¡Cómo quisiera
estar en el lugar de este hombre! ¡Cómo me gustaría poder
caminar por una plaza, ir al cine con mi novia, tomarme un
colectivo como lo hace cualquier persona! El hombre recibió el
autógrafo como si fuera su bien más preciado (seguramente lo
era). También era el autógrafo número 3547 que firmaba la
estrella del balompié. Cara a cara con él, el hombre no supo
(ni quiso) ver la profunda tristeza de su máximo ídolo. Le dio
unos golpecitos en un hombro y le dijo: “Seguí así, pibe. Sos
un fenómeno”. El hombre se retiró a continuar con la vida que,
sin darse cuenta, él había elegido. Su ídolo siguió perdido y
desconcertado en la vida que le había tocado y que jamás
supo (ni quiso) gambetear.  


 --------------------     ***     --------------------


El chofer de un colectivo venía tres minutos atrasado y estaba
cerca de llegar al final de su recorrido. Aunque hizo el máximo
esfuerzo por enganchar la luz verde del semáforo, no logró su
cometido y el colectivo quedó detenido en una esquina. Con
cierto dejo de fastidio el colectivero viró su cabeza hacia la
derecha cuando vio bajar de su lujoso automóvil a un afamado
futbolista. De repente, observó como un fanático se acercaba
y le pedía un autógrafo. Entonces, pensó en voz alta: “¡Qué
vida de mierda! ¡Hombre grande pidiéndole un autógrafo a
ese burro! ¡Eso es ser un fracasado!” Y como para que todo
el pasaje lo escuchara, volvió a rematarla: “¡Qué vida de
mierda! El colectivero hacía 35 años que trabajaba de lunes a
sábados en la misma empresa de transporte.


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Un experimentado ingeniero regresaba a su hogar luego de
asistir a una entrevista de trabajo. Hacía 7 meses que lo
habían despedido de la empresa en la que se había
desempeñado durante 18 años. Lo único que añoraba era
llegar a su casa, pegarse una ducha y llamar a su nueva
novia. Quizá, si tenía suerte, ella vendría esa noche a dormir.
Ambos estaban muy enamorados y conformaban una bella
pareja pero el ingeniero andaba tan enojado con la vida que
(aún) no se había dado cuenta. Habían transcurrido 37
minutos desde el inicio de su viaje y su cabeza navegaba por
los vacíos más infinitos. Hasta que de un momento a otro un
muchacho se subió al colectivo y se ubicó en el asiento
pegado al suyo. El muchacho era joven, atractivo y se
mostraba muy seguro de sí mismo. Hablaba por celular
aparentemente cuestiones relacionadas con su trabajo. El
ingeniero pensó con la garganta: “Cambiaría todo por estar en
el lugar de este pibe”. Tenía bronca el ingeniero, bronca
contenida en cada gramo de su cuerpo. El muchacho seguía
hablando por teléfono y en un momento el ingeniero no
aguantó más. “Nene, me estás aturdiendo el oído, ¿no te
molestaría seguir la charla más tarde?”, le sugirió. El
muchacho le puso su peor cara pero igualmente aceptó la
sugerencia y cortó la comunicación.


 --------------------     ***     --------------------
  


El muchacho atractivo tenía una vida acomodada, una
juventud reluciente, una casa amplia y cómoda, un trabajo
muy redituable además de un éxito automático con las
mujeres. Había un detalle, sí. Nunca jamás una mujer se había
enamorado de él. La historia era repetida. Ellas caían como
mosquitas pero al poquísimo tiempo (el tiempo que va del
primer polvo a lo que sigue) aparecía un hombre “torpe”,
“ordinario”, “egoísta”, etc. según la opinión de cada una de las
mujeres de turno. El muchacho no tenía amigos, se sentía solo
y hacía tiempo había detectado que su vida paseaba vacía de
toda vacilidad. Varias veces había pensado en el suicidio. Esa
tarde volvía del trabajo más cansado que nunca, llevando a
cuestas un cuerpo gobernado por un severo cuadro de estrés.


Ofuscado además por el comentario ofensivo de un pasajero,
se cambió a un asiento individual y se asomó por la ventanilla
para tomar un poco de aire. Así descubrió en la calle, apoyada
en una persiana de un negocio, a una pareja en plena sesión
de besos. Ella lo miraba apasionada, él le regalaba un abrazo
multitudinario. Era la felicidad pura. Su alma no lo pudo
tolerar. Se angustió unos largos segundos, más precisamente
los segundos que tardó el semáforo en pasarse otra vez a
verde. Y el colectivo no arrancaba. Y el colectivero
balbuceaba vaya a saber qué. Entonces, ya desbordado por
el desborde, le gritó desde el fondo: “Eh maestro, ¿va a
arrancar o no? No tenemos todo el día…” El chofer lo miró por
el espejito con rostro desafiante…


 --------------------     ***     --------------------


Ella y Él eran novios hacía 7 años. Pero esa tarde habían
decidido separarse para siempre. Él la quería pero ya no la
amaba. Ella lo necesitaba pero ya no lo amaba. Estaban
enredados en el último beso, muertos de miedo y de tristeza.
Se miraron fijo a los ojos. Se abrazaron fuerte y cada uno se
fue por su lado, en todo el sentido de la expresión. Ella
comenzó a caminar hacia la avenida en busca de un taxi que
la dejara en su casa. El dio media vuelta y, todavía aturdido
por la situación, se dispuso a cruzar la calle. En la calle había
un colectivo detenido y en la vereda de enfrente un hombre
también se disponía a cruzar. En realidad ya estaba cruzando.
Entonces Él también empezó a cruzar la calle sin dejar de
mirar a aquel hombre que se acercaba. Fueron un par de
segundos, nada más. Pero a Él le alcanzaron para
deslumbrarse por el tamaño colosal de aquella sonrisa. Nunca
en su vida había visto una sonrisa tan grande como la del
hombre que cruzaba la calle con la cabeza gacha, obnubilado
por un papelito que llevaba en su mano derecha. Hasta llegó a
sentir envidia, sentimiento que resultó ser el último de su vida.
Porque cuando superó la línea del colectivo parado, un
segundo ómnibus los embistió de lleno a Él y al hombre de la
sonrisa.


 --------------------     ***     --------------------


El linyera que duerme en la esquina vio todo (o casi todo). Al
joven que escribió en un papel, al hombre que se lo llevó, al
colectivero que se peleaba con un pasajero y a otro que
intentaba separarlos, a la pareja que sin darse cuenta pisoteó
sus cartones y al ómnibus que se aproximaba a gran
velocidad. Pero no pudo hacer nada (aunque quiso) (o al
menos eso creía él). La maquinaria de la realidad que se
avecinaba, al parecer, superaba a todas las realidades y
también a la suya propia. ¿Era esa, entonces, una realidad
más poderosa o de primer grado? ¿Qué estaba pasando en
realidad? ¿Cuántas realidades conviven al mismo tiempo?
¿Cuál es la más real de las realidades? ¿Quién la construye?
¿Somos nosotros o son los de afuera? Esta y muchas otras
cosas más se quedó pensando el linyera, entrada la
madrugada, cuando las personas que pasaban por esa
esquina ni se imaginaban la terrible tragedia que había
ocurrido unas horas antes. Sólo tenían una mirada cargada de
miedo o de lástima cuando divisaban a aquel linyera
recostado en el piso sobre esos cartones húmedos. Y el
linyera (que cada tanto solía ser feliz) también las veía pasar.
Y seguía pensando, al borde de la seguridad, que esas
personas, como siempre, estaban mirando otra cosa.
E L   C A Z A D O R
José Manuel Rodríguez
M  I  R  A  D  A  S
Hernán Granovsky

Hernán Granovsky, periodista y escritor argentino, reside en Buenos
Aires. Aparte de su aficción por la literatura, su interés por la música lo
llevó a integrar una banda de ´sikuris´ que interpreta canciones andinas
con el objetivo de reivindicar los valores de las primeras civilizaciones
de las Américas.
José Manuel Rodríguez, escritor colombiano, ha
recibido numerosas menciones y premios, entre los
que cabe destacar el Letras de Oro de la Universidad
de Miami. Forma parte del consejo editorial de La
Luciérnaga Online.
E N S A Y O S


Dedicar una ponencia a los artículos americanistas de La
Edad de Oro resulta una tarea compleja por el hecho mismo
de que los cuatro números de la revista que José Martí dedicó
a los niños  se encuentra permeada con múltiples referencias
a lo que él llamó “Nuestra América”.

Catalogado por Jorge Luis Borges como una leyenda
caribeña, tuvo su autor gran reconocimiento en Domingo
Faustino Sarmiento (Sarmiento, 175) quien junto al inmortal
nicaragüense Rubén Darío lo catalogaban como uno de los
hombres más respetables de la literatura en español de su
tiempo. (Darío, 201) No en vano el célebre Alfonso Reyes lo
llamó  supremo varón literario. (Reyes, 255) De acuerdo a
muchos de sus biógrafos,  Martí se encontraba en medio de
un reposo fecundo cuando  escribe lo que devino libro, luego
de su publicación en Italia en 1905. (Retamar, 9)

José Martí no descansaba ni se deslindaba de las dos
grandes pasiones de su vida: Cuba, por la que ofrendó su
vida y, junto a ella,  el amor por los vastos territorios del Río
Bravo a la Patagonia. Precisamente, la intención de nuestro
trabajo es comentar la presencia de materiales
específicamente hispanoamericanos en La Edad de Oro.

Esa revista contiene una variedad de géneros que pasan por
el cuento, la poesía, la fábula; la mayoría inspirados o
traducidos de la tradición popular o de poetas conocidos.  Los
artículos, por su parte, derrochan el talento martiano al
convertir los mismos en verdaderos ensayos sobre los temas
que trata. Estos últimos fueron ordenados según el poeta
mexicano Manuel Gutiérrez Nájera como una especie de
programa de estudio dedicado a los niños americanos,
entiéndase de nuestra cultura. (Nájera, 7)

Me gustaría apuntar que, en su interés por divulgar el máximo
posible de información, Martí se convirtió en emisor de
conocimientos, tanto para niños como para adultos. La Edad
de Oro es uno de esos libros que puede ser leído por
cualquier lector, punto aparte de algunos cuentos dirigidos a
infantes de poca edad.

Es bueno señalar que en la revista encontramos algunos
ensayos que se enmarcan en lo universal, pero conjugados
con lo americano. Ejemplo de lo anterior son “Un juego nuevo
y otros viejos”  adonde se mueve a otros continentes, pero
profundiza en muchos elementos autóctonos de nuestros
países.

“La historia del hombre contada por sus casas” no sólo visita
los hogares en aquellas naciones allende nuestro entorno
sino que se enmarca también en descripciones de las
moradas de varias civilizaciones de nuestro continente. Como
el primer artículo señalado, nos interesa precisar que los
mismos no son puramente americanistas sino que pasando de
lo universal se llega a lo particular.

En La Edad de Oro se publican sólo tres ensayos específicos
del tema americanista y que comentaremos a continuación:

1. “Tres Héroes”: sobre los próceres Hidalgo, Bolívar y San
Martín (Aparecido en el primer número).
2. “Las ruinas indias”: adonde aborda sus valores para lo que
él llama Nuestra América (En el segundo número).
3. “El padre Las Casas”: Vindicación justa del defensor de los
indios.

En una especie de apertura temática,  nos encontramos con
“Tres Héroes”, el artículo más conocido y estudiado. Es un
trabajo fundacional adonde la prosa martiana toma el vuelo
que llenó de admiración a tantos contemporáneos suyos.
¿Por qué Bolívar, Hidalgo y San Martín?  Martí necesitaba
concentrarse en tres gigantes que ayudaron a formar nuestra
patria grande.  Algo de autobiográfico se entremezcla cuando
menciona el viajero que llega a Caracas a buscar la estatua
del libertador.  (Martí, 32)  Ahora bien, el gran patriota cubano
sabía que los hombres no son infalibles pero no quería
confundir la mente infantil y por eso nos menciona que el sol
tiene mancha pero nos alumbra y que la luz tiene más fuerza
que lo negativo.

El respeto a los héroes escogidos queda claramente indicado
cuando les señala a los niños que su recuerdo constituye la
base de su propia identidad. Yo diría que esto es aún vigente
en una época en que el liberalismo venido del Norte trata de
desacralizar las figuras patrias.  Permítaseme citar al propio
Martí:

“…En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo
entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.
Estos tres hombres son sagrados: Bolívar, de Venezuela; San
Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México. Se les deben
perdonar sus errores porque el bien que hicieron fue más que
sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el
sol.” (Martí, 33)

Mucho más podríamos indicar acerca de las descripciones  
individualizadas, precisas y verdaderamente profundas de
Bolívar al que pide amar como un padre;  de Hidalgo, el
sacerdote mexicano culto y amante de la libertad que no pudo
culminar su tarea por divisiones e incomprensiones y, por
último, del prócer San Martín, el Libertador del Sur quien cede
la gloria a Bolívar, en Perú, y cómo su hidalguía lo lleva a morir
en el destierro. “De ternura se llena al pensar en esos
grandes fundadores”, nos dice Martí. (Martí, 36)

Este ensayo constituye una pieza maestra de Martí, sólo
comparable a Nuestra América.  Martí lo escribió para
enseñarnos el hombre bueno, como contraste con aquellos
“que pelean por ambición, por hacer esclavos a otros pueblos,
por tener más mando, por quitarle a otros pueblos sus tierras,
no son héroes, sino criminales”. (Martí, 37)

La conclusión se infiere, no hay opción para los traidores y los
hipócritas. Los honrados, los amantes de la libertad, los
agradecidos, son los que tienen según Martí un lugar digno
entre los hombres.

En el segundo trabajo puramente americanista parece como si
leyéramos prosa poética al iniciar “Las ruinas indias” Veamos:
No habría poema más triste y hermoso que el que se puede
sacar de la historia americana. No se puede leer sin ternura, y
sin ver como flores y plumas por el aire, uno de esos libros
viejos forrados de pergamino que hablan de América de los
indios, de sus costumbres.  (Martí, 114)

Este es uno de los ensayos más profundos que se haya
escrito en su época sobre el tema de lo americano. No se
detiene únicamente en el aspecto arqueológico. Produce
también una clase magistral sobre las culturas de nuestro
continente. Allí nos habla de las civilizaciones perdidas y de la
cultura espiritual transcrita en los viejos manuscritos.

Martí intenta desmitificar el supuesto salvajismo de los
antiguos indios, porque él va a insistir no sólo en el aspecto
material sino también de su vida espiritual:

"…Ellos imaginaron su gobierno, su religión, su arte, su
guerra, su arquitectura, su industria, su poesía. Todo lo suyo
es interesante, atrevido, nuevo. Fue una raza artística,
inteligente y limpia. (Martí, 114)

Luego continúa prestigiando el valor de esas civilizaciones.
Nos habla de los símbolos que utilizaban y el valor del quetzal,
el color y la imaginación creativa de los artífices de
Tenochtitlán o Cholula.  Y confiesa cómo se hace uno amigo
de ellos, leyendo los libros viejos sobre ellos.

Vuelve a la carga sobre ese legado al mencionar la existencia
de pirámides más altas que las de Egipto, y sobre reyes como
Netzahualpilli, justo hasta matar su hijo por faltar a la ley.  Nos
menciona los héroes como Xiconténcatl que rogó a su pueblo
a modo de un Demóstenes que no dejara al invasor tomar su
tierra.
L O S   A R T Í C U L O S   A M E R I C A N I S T A S   D E   L A   E D A D   D E   O R O
Julio Benítez
"Inquisición de España" en sus actos de fe en plazas públicas.
Martí basa su evidencia en fuentes antagónicas provenientes
de Bernal Díaz del Castillo y el Padre Las Casas.

Martí dedica largo espacio a México por haber vivido en aquel
país. Nos describe cómo los aztecas conquistaron y  
gobernaron al modo de un imperio como comerciantes,
juntando riquezas y oprimiendo el país.  Así explica la alianza
entre Cortés y un ejército de indios que lo acompañó.

A continuación procede una representación de la capital de
los aztecas. Detalla sus calles, plazas, sus edificios y sus
casas que eran de adobe o calicanto cuando la poseía un
rico. Describe la pirámide de cinco terrazas que se levantaba
por toda la ciudad y sus templos. Así  es como nos describe
una ciudad que fue en su tiempo una de las más grandes y
ordenadas  del mundo.

Más adelante, continúa su recorrido por los sitios
arqueológicos asentados en la tierra mexicana.  Así acompaña
a su lector por la tierra brava de los zapotecas. Entonces,
continúa su explicación histórica de cómo pueblos de una
misma lengua se fueron ganando el poder del centro y el
Pacífico mexicano y  vuelve con su denuncia al señalar que no
quedó ni casa ni ciudades en pie, luego de la conquista por
España.

Tiene razón Elena Alba Buffil cuando señala que Martí torna
su ojo no a lo extraño sino a lo autóctono. Concuerdo con ella
cuando afirma que: “Siempre tiene en cuenta Martí la realidad
de nuestra América. por eso se indigna y se violenta por los
fracasados intentos de someter los procesos históricos
hispanoamericanos a cánones foráneos.” (Buffil,1)

Así, diríamos que este ensayo sorprende por su extraordinario
conocimiento sobre las culturas indígenas y, sobre todo, por
su interés por preservar ese legado. Para Martí, todo pasaba
en la América hispana por el problema indio.

En el tercer artículo americanista,  Martí lo dedica a una figura  
que la historia ha bautizado como defensor de los indios. De la
tríada de ensayos,  éste es el único que se consagra a una
personalidad en especial: Fray Bartolomé de las Casas.

Significar la labor de este hombre venerable es un acto de
reivindicación.  Martí quiso así elevar a su justa medida la obra
de quien hizo bien y se puso del lado de los oprimidos. Su
mención del libro la
Destrucción de las Indias inicia esa
estimación de la cultura que encontraron los colonizadores.

En el ensayo, Martí contrasta a  “…aquellos conquistadores
asesinos” que, según él, “debían venir del infierno, no de
España”, para compararlo con el español bueno y honrado.  
Nacido de una familia también peninsular, pudo el cubano
colocar sus rencores a un lado y descubrir la parte buena que
viene de Madrid.     

La escena del rey Bechechío de La Española quien recibió
amistosamente a los españoles, dando en matrimonio a su
propia hija, resulta particularmente dramática. Los
conquistadores pagan con el genocidio que acabó con los
aborígenes de las islas caribeñas. Como contraste el Padre
Las Casas, nos dice Martí, no les disparaba el arcabuz en esa
orgía de sangre. “…él le abría los brazos”.  Su ensayo cuenta
con precisión  aquel momento negro del Encuentro de
Culturas.

También nos menciona sus viajes a palacio y toda la
persistencia por encontrarse con el monarca para desmitificar
las falsedades de Oviedo. Por eso El padre Las Casas se
describe como el hombre que se enfrentó a Sepúlveda, el
maestro del rey que defendía el derecho de repartir los indios
como siervos y nos explica su refutación de las falacias sobre
los sacrificios humanos  y su exageración por los españoles.

Pero Martí anota que aun cuando lo llamaban “Protector
Universal de los Indios”,  tuvieron que pasar cuarenta años
para que concedieran el derecho a poner leyes y razones
para proteger a los originarios del continente americano.
Parece absurdo,hoy en día,  pero también debió explicar por
qué no se debían esclavizar a los indígenas.

En el último párrafo de este ensayo con su prosa modernista,
Martí describe el obispado que recibió Las Casas y su
conmiseración por los indios en Chiapas, así como la
hostilidad de los encomenderos que lo hicieron repatriar
cuando el virrey lo embarcó  a España casi a escondidas.

Para continuar, Martí aclara cómo una equivocación llevó a
Bartolomé de Las Casas a pedir a la corona que en lugar de
indios se trajeran esclavos africanos. Pero este error, pecado
enorme, fue reconocido por él, cuando vio padecer a los
negros. Dice Martí que decía: “¡con mi sangre quisiera pagar
el pecado de aquel consejo que di por mi amor a los indios!” Y
por eso se acompañaba de un negro cariñoso y dos
españoles buenos que fueron su ejército en sus últimos
tiempos en América. (Martí, 187 )

Finalmente, en este artículo magistral,  Martí ofrece a los niños
de América un héroe incansable y bondadoso. Cierra con
palabras adonde recalca cómo el padrecito jamás se detuvo
en su tarea: “Él se fue a su convento, a pelear, a defender, a
llorar, a escribir. Y murió, sin cansarse, a los noventa y dos
años:”  (Martí, 187)

Con esos pensamientos desarrollados en estos tres artículos,
Martí trata de suplir la falta de información que los estudios
culturales y la escuela de la época utilizaban con respecto a
Nuestra América y nuestros orígenes. Un sentido de patria
grande, específicamente señalado en su Revista, recorre cada
uno de esos trabajos. Los niños de nuestro continente y
nosotros todos podemos aprender, a través de su lectura,
sobre quiénes ayudaron a formar hispanoamérica, así como
cuál es la base de nuestra historia y nuestro propio ser
americano.


REFERENCIAS

Alba-Buffil, Elio: “José Martí y su fe en Nuestra América”, en
José Martí ante la Crítica Actual. New York:  The Citiy
University of New York Kinsborough C. College, Círculo de
Cultura Panamericano,1983.
Darío, Rubén. “La literatura en Centroamérica”, en
Obras
desconocidas de Rubén Darío
. Santiago de Chile: Universidad
de Santiago, 1934.
Martí, José: Prólogo por Fernández-Retamar, Roberto.
La
Edad de Oro
. Edición Crítica. México: Fondo de Cultura
Económica, 1995
Gutiérrez Nájera, Manuel: “La Edad de Oro de José Martí”, en
Acerca de La Edad Oro.  La Habana: Centro de Estudios
Martianos, Ed. Letras Cubanas,  1980
Martí, José: La Edad de Oro.  Edición Crítica. México: Fondo
de Cultura Económica, 1995
Reyes, Alfonso: “El deslinde”, en
Obras Completas. Tomo XV.
México:  Fondo de Cultura Económica, 1963.
Sarmiento, Domingo Faustino: “La libertad iluminando al
mundo”, en
Obras XLVI. Buenos Aires. 1900.
Julio Benítez,  es un prolífico poeta y novelista
cubano que ejerce la docencia en Los Angeles.
Lleva  publicados varios libros entre los cuales
cabe mencionar La Reunión De Los Dioses,
presentado en un Simposio en Buenos Aires,
Argentina en el mes de agosto de 2010.
Sobre el punto de los sacrificios humanos,
asegura que los europeos han tergiversado
toda la historia, al exagerarlos. Sin embargo,
explica sus causas y los compara con otros
pueblos antiguos. La superstición y la
ignorancia hacen bárbaros a los hombres en
todos los pueblos, algo comparable a la
M Á X I M A S   Y   M Í N I M A S
Rafael Carvajal
Rafael Carvajal, de Colombia, escribe
ingeniosos  dichos populares que aparecen en
publicaciones como Tiempo Sur e HispanicLA.
rafiacv@yahoo.com

No hay que dejar para mañana, lo que se puede hacer hoy. A lo mejor sale una ley que lo prohíba.


Mientras que el programa espacial va hacia arriba, el panorama industrial va hacia abajo.


El mayor error moderno no es anunciar que el diablo vive, sino creer que Jesús ha muerto.


Ser honesto con los demás es mentirse uno mismo.


Hay días que nos sentimos mal estando bien.


Que alguien me explique: ¿Por qué en los almanaques el fin de semana está al principio?


Durante el noviazgo todo es color de rosa; lástima que al casarnos salen las espinas.


Al conferencista lo aplauden cuando termina de hablar porque terminó.


Sabremos que la recesión ha pasado, cuando la gente de nuevo comience a comprar cosas que no necesita.


Las mujeres que se quitan los años para creerse menores, lo hacen por motivos mayores.


Hay quienes comen muchas hamburguesas y sin embargo son delgados como ´hot dogs´.


Definición de "fraude": arte de poner urnas electorales a los ciudadanos y no ciudadanos en las urnas
electorales.
R E F L E X I O N E S
© La Luciérnaga Online, 2010