P A S A D O,  P R E S E N T E  Y  F U T U R O  E N  L A  L U C I É R N A G A
Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
E D I T O R I A L
Ya estamos en noviembre y, en pocos días más, estaremos levantando nuestras copas para desearnos (aunque nadie se lo crea) un feliz y próspero
año nuevo.  Pero  para los miembros de La Luciérnaga las tertulias mensuales son siempre prósperas y felices.

La peña del sábado 15 de octubre fue en North Hollywood,  en casa de Dukardo Hinestrosa, el poeta y escritor colombiano que tuvo la gentileza de
abrir las puertas de su casa a La Luciérnaga. Las amenazadoras gotas de lluvia que encapotaban el cielo angelino  no pudieron disuadir a los
amantes de la literatura, la poesía y la buena conversación. No sólo llegaron los usuales concurrentes,  sino que retornaron viejos amigos y nuevas
revelaciones se hicieron presentes.  Gracias a la hospitalidad de Dukardo y de su esposa, fue una gran noche para La luciérnaga.

Pasando a otro tema, los jurados de La Luciénaga Online están trabajando diligentemente para que el  15 de diciembre, en la que será la última peña
del 2011, se dé a conocer el nombre de los ganadores del concurso de poesía y cuentos en donde han participado escritores y poetas de todos los
rincones de América Latina y España.

Y a no olvidarse, luciérnagas, que el “Gaucho” Rafael Figueroa quiere organizar, para esa misma fecha,  una lechonada para celebrar la navidad y el
año nuevo. Información acerca de este evento ya está en  nuestro blog de La Luciérnaga. Aquellos que estén interesados en concurrir deben estar
atentos a los detalles que allí se publican.

También estamos planeando repetir la tan aplaudida experiencia que tuvimos el año pasado con el picnic de La Luciérnaga. El nuevo picnic sería el
primer domingo de febrero de 2012.  Allí, nuevamente, tendremos la oportunidad de juntarnos informalmente a disfrutar de un día de amistad y alegría
en familia.

Mientras tanto, sigamos produciendo más poesía y narrativa que nuestra huella ya es imborrable en los caminos de la literatura en español de Los
Ángeles.



Cecilia R. Davicco
Editora

Pasa que despierto y la palabra
Es una mano que me arroja

Abismo y lejanía
Da lo mismo

En caída libre me aprieto
Entre voces nuevas

Esta tierra es otro vuelco
El mismo techo diferente afán

En huida canto a la muerte
En esta semejanza que duele

Esta ciudad me arde la piel
Mi semilla y el hueso

Pasa que despierto

Y extraño al Sahuaro y a la piedra
Las palomas y los caballos
Las hormigas y los perros
Las ramas y las tejas
Las ranas y las plegarias

Pasa que despierto de terco sueno
Y ligero a lomo de insecto
Adivino las coartadas del día

¿Hacia donde ahora?

Esta mi sangre se desborda
En agrios hielos
En esperanza seca

En reseca pregunta

¿Hacia el norte?
¿Hacia el sur?

Pasa que en mi circulo de huidas
Un grano apenas entre vocablo
Anglo y castellano me pierdo
Esperanzado de nuevas aguas

Y palabra en cuello repito

¿Hacia donde?
¿Hacia donde?

Agónico avestruz de la risa.



           I



En ritual    que no comprendo
Bajan de prisa
                         Pausan
Suben igual

Por las rendijas pretenden

Giran rehiletes
           Vientos negros
En oscuro temprano

Las arañas en el afán
Tributan este aire amargo
Y agobiado
Ofrendan igual a la esperanza

Cuando lo creo
Entro quedo    y          manso
               Repito arañas
Muchos porques
Olvido en espalda húmeda
En el silencio espejo
       En el ave nocturna
Que madre atrapo

Hoy de repente cuando llueve
     Carcomo recuerdos
Digo algo
                 Leo a kuma
Me orillo al mar
Extraño antigua certeza

Las arañas                  regresan
En seda continua

Ríen amigables de mi suerte.

Más allá del dolor
sondeando en las profundidades
sumido en lo intolerable
y sus temidos pozos de desolación.
Más allá.
Más allá de mí mismo
soltarme
rendirme
contactarme.
Fragmentados cristales
de mis sitios internos
temores presentes
dudas contenidas.
Más allá de mis zonas prohibidas
de mi naturaleza subyacente
de la continuidad de mi conciencia
del balbuceo ecuánime.
Más allá, más allá.
Más allá del gemido de agonía
Permitir que el duele se exprese
soportar lo insoportable
sumergirse en el silencio
confiar en el dolor
en la pena indecible
en la tristeza innominada
de raíces subterráneas
invulnerables
a los vientos cambiantes
del espacio y el tiempo.
Astillas de la mente
fantasías
recuerdos
persona ausente.
Vinculados todavía
de acuerdo a sus formas
se comprende
.......se comprende.
Detrás del espejo
de este suelo presente
reflejos de un sueño
que no vuelve
.........que no vuelve.
P O E S Í A S
M Á S   A L L Á
Norma Villanueva
P A S A  Q U E  D E S P I E R T O
Raúl Arredondo
Norma Villanueva nació en Argentina.
Emigró a California en 1990.  a presentado
sus trabajos en peñas y eventos literarios.
Participante del "Taller Hispanoparlante de
Cultura" de Los "Angeles, conducido por la
escritora argentina, Alicia Kozameh; ha
publicado en la revista Monóculo y  ambién
algunos de sus trabajos han sido publicados
en La Luciérnaga Online.
L A  N O C H E  T R A S  
B A S T I D O R E S   B L A N C O S
Celerino Hernández

Respiro detrás de tus ojos
Suspiro sobre tus manos
Conspiro entre tu vientre

Y sin nada termino
Antes del alba.




EL TIEMPO INASIBLE A TRAVÉS DE MI CÁMARA

A través del lente
Miro
Siento
Busco alivio.
Celerino Hernández nació en Oaxaca, México.
Desde su adolescencia, se interesó  por la
poesía. Radicado en Los Ángeles, forma parte
de La Peña Literaria La Luciérnaga.
Raúl Arredondo nació en México. Es un poeta
que vive en Los Ángeles     desde 1981. Escribe
desde los 15 años y es un activo participante de
talleres literarios locales.En 2008 recibió el
Premio Luciérnaga por su creatividad y humildad
y por ser quién mejor representó el espíritu de
esta organización cultural.
FORMAN
UNA
POESÍA
 II



Amplias y nocturnas
Huyen entre mi asombro
Trazan senda
En el vano brillo de la luz
En el plano yermo
Del amarillo arcaico

La pared es un misterio
Que se recorre en vuelo
Prohibido y fugas

En intento mi boca pronuncia
-nunca digan-
De esta negrura nuestra
Ni de los ecos
En burbuja salinosa
Que adivina la risa exterior

Las cucarachas me tocan
Amplio y nocturno
Me otorgan caracol
Arrullo de agua
Que rompe en pascuales

Me apresuro tras la espuma
Recojo estrellas de mar
Arena húmeda
Gotas de sol
Para hablar mas tarde.
C U E N T O S

La otra mañana, bien enojado porque por alguna razón el auto no me quiso
arrancar, batería muerta, problemas de arranque, que se yo, no soy mecánico. Me
fui pateando broncas hasta la parada del autobús en Hollywood Blvd y al cruzar la
calle, entre toda la basura que los ciudadanos tiran libremente en la ciudad, vi un
lápiz, medio aplastado, pero que me llamó la atención. Lo levanté y me lo llevé a
la parada del autobús y cuál no sería mi sorpresa cuando me dice: gracias por
rescatarme hermano, yo sé que te gusta escribir, verdad?
Bueno, había mucha gente esperando el autobús y pensé que si le dirigía la
palabra a un l’apiz iban a pensar que estaba loco o hablando solo, entonces, no
dije nada:Tenes miedo?, Otro de esos miedos? Cuántos miedos tenés?.
Entonces no me aguanté más y le dije: No, no tengo miedo, pero, quién va a creer
que un lápiz habla? Y él me dice: Un lápiz habla, escribe, crea dibuja, destruye.
Imaginate Flaco, yo puedo firmar sentencias de muerte,órdenes de desalojo, o
crear las más fant’asticas historias con personajes reales o irreales, como esos
que v’i hoy en esta calle cuando estaba tirado antes de que me rescataras. En el
autobús de la escuela pasaron casi, por encima mio, como cincuenta niños
cantando felices antes del convertible viejo de los hippies, que por la impresión
de paz y satisfacción y los ojos rojísimos, denotaban haber fumado una yerba
bastante respetable. Y después del Jaguar inmaculado donde ese empresario
de cara avinagrada insultaba a alguno de nosotros (otro pobre diablo sirviente) a
través de su teléfono celular. Quiero que sepas que los lápices tenemos un alma
en común y estamos unidos en todo el mundo por los mismos sueños y las
mismas realidades que son más importantes de lo que ustedes piensan. De
donde sos?
Soy de Argentina.








Tengo un amigo lápiz mexicano que me contó su aventura con Carlos Castañeda
y que después de ña experiencia del peyote comenzó a escribir a todo color. Un
lápiz catalán de Barcelona que ayudó a Serrat a escribir sus versos y le puso
ritmos sincopados a los planos de G. Otro lápiz sambista y feliz que colaboró
conlos órganos literarios de Vinicius de Moraes, uno colombiano muy bien
educado que ayudó a Gabriel García Márquez en sus creaciones y que ahora
trabaja por su cuenta en un tratado titulado:
“Los lápices nunca podríamos aguantar 100 años de soledad”. Un l’apiz
uruguayo tuvo el placer de ser acariciado por Eduardo Galeano y Horacio Ferrer y
no te cuento del lápiz chileno que se puso en pedo con Neruda en un café de la
alameda esa noche que se olvidaron sobre la mesa la servilleta donde
escribieron aquel verso que nadie leerá.
Un lápiz ruso me contó que al trabajar con Dostiewsky sintió de verdad el
remordimiento del crimen y el dolor del castigo, pero siempre sigue grandote y
esbelto.
El lapicito francesito me ha contado que Tolouse Loutrec, borrachísimo lo inició
en la ilustración erótica en un prostíbulo y Sigmun Freud le introdujo en laberintos
incestuosos de placer exclusivamente carnal.
En Wall Street encontré un lápiz frio y desalmado que me avergüenza. El solo
escribe números y nunca tuvo una emoción ni un sentimiento.
En Alemania tengo varios lápices amigos. Pertencieron a Mozart, Beetoven,
Mahler y fueron ellos los que lograron transcribir tanta música inmortal.
Lápiz británico en  las manos de John Lennon que dibuja a puños llenos un
futuro de hermandad.
Me gustaron sus historias, lo abrazé contra mi pecho y enseguida le dije mi
verdad:
Querido lápiz, te quiero mucho, te respeto mucho, te debo mucho, pero puedo ver
el futuro y quiero que sepas que tu funeral esta bastante cerca. Morirás arrollado
en el paso a nivel de la avenida 2000 y tantos, al paso de la computadora
express, esa que no para en ninguna estación. Por supuesto quedará tu
hermosa memoria, solo que en un floppy disk.





Oscar Lomuto es un argentino que reside desde hace tiempo en Los Ángeles.
Entre sus actividades relacionadas con la música y las letras, se destaca la de
escribir relatos como el que aquí presentamos.

Años de encierro moldean el acero más duro 29 julio 78 convirtiéndolo en
agua corriente.  Para el Macabro recorrer la ciudad antes de su tiempo en
prisión era una fiesta.  Provocaciones en cada esquina, retos, ventanas
que escondían virginidades ajenas y agrestes, le daban a cada recorrido
un aire nuevo y último, quizás hoy sea el día en que me maten, se repetía a
sí mismo atando los alargados cordones de sus botas de puntera de
acero y disponiéndose a salir a cobrar el impuesto.  Por libre paso, por
vender, por ofrecer, por respirar, por estar tirado en la banqueta, por existir,
la gama de razones que te hacían merecedor de pagar la vacuna eran
variadas, tanto que todo el mundo entraba en la colada.  Los recoge
basura unas monedas o un encargo, las señoras de las enchiladas unos
pesos y una orden extensa para llevar, y así de acuerdo al rango iba
subiendo el cobro.  El Macabro estaba bajo las órdenes indiscutibles del
Bestia y de sus guaruras que imponían el terror arrancando lenguas,
brazos, cabezas, sacando corazones.  Vestidos de negro la vox populi
imaginaba que sus huestes eran militares en retiro, kaibiles
guatemaltecos, sicópatas redimidos, oaxaqueños de piedra, aunque nadie
había vivido lo suficiente para regresar de la muerte a contarnos cómo
hablaban, qué hacían, de qué manera te lanzaban de cabeza a la muerte si
con una patada o siguiendo sus rituales con un beso en los labios.












Su odio irracional por los punkeros desató una guerra que los macabros
ganaron a costa de dejar anegada en sangre la noche de la 20 de
noviembre.  Nadie supo nunca los motivos del odio que se llevó tantos
muchachos por delante.  El Macabro siempre se cuidó de que nadie
descubriera que tenía un corazón que igual que todos los otros corazones
del Df se enamoraba en serio y que solito con su alma, maldita compañía,
se sorprendía cantando bajito me rompiste el corazón y te llevaste toda esa
emoción todos los discos de mi colección del mano negra el kasam
babilón.  Las imágenes zigzagueantes de serpiente ardiente y desnuda de
su mujer, Maya la danzonera, voluptuosa llama sudorosa bailando para
otro le amargaron las noches a él que ante todos era un puño de hierro, un
insensible asustador rompe cuellos, quiebra peronés, desflora niñas,
forzándolo aún a su pesar a llorar mordiéndose los labios mientras afuera
el nuevo sol derramaba sus bendiciones y plegarias sobre la gran
Tenochtitlán dormida.  Maya era la única que no temblaba ante su rabia.  
Me golpeas y me mato y vengo cada noche a cobrarte mi muerte, le
amenazó bajito la primera vez que él intentó demostrarle quién mandaba
en la casa.  Lo mismo se burlaba de él en un minuto mandándolo a la lona
que al siguiente con sus besos lo subía al séptimo cielo.  Penecito precoz,
le decía ella insatisfecha de los dos minutos de pasión que le regalaba
quebrado de emoción el Macabro.  Ese secreto los unió un tiempo grande.  
Penecito precoz le gritaba ella en la memoria, en las gradas, en la estación
de Balderas donde él la descubrió apretada al maldito punkero
apantallador.  Maya, conocedora profunda de los otros mundos que a
diestra y siniestra atraviesan hiriendo al DF, sabía mover los hilos, decir
las palabras rituales en su momento y juguetear a placer con los miedos y
las supersticiones de los defectuosos.  Buuu, le decía explotando en su
cara mientras el Macabro impotente de desfogar su odio sobre ese cuerpo
hermoso de falditas negras, de botas a las rodillas, de tatuajes
sugerentes, lo desfogaba afuera y sin medida en su trabajo.  Su nombre
provocaba temor en los bajos fondos y sus hombres, sus doce apóstoles
estratégicamente diseminados por la Martin Carrera, por la zona del centro,
la Bondojo, la antigua y excluyente y hoy en baja Tlatelolco mítica hasta
llegar sus dominios a la zona miserable e inhóspita de Chalco.  La Buenos
Aires danza a nuestro tamboreo y por Tepito y hasta en Observatorio
hemos prendido fuegos nuevos, decía muy pocas veces jactancioso
derrochándose un pulquito de la vida con sus amigotes en la esquina de
Motolinía con Allende saliendo luego luego del metro.  El Macabro
respondía al Bestia, el Bestia respondía al Licenciado y el Licenciado, su
nombre y sus pasos, y los de sus más arriba que él se perdían catorce
cielos ascendentes entre los pasadizos y las lianas respondiéndole a su
vez serviles y prestos a los dueños de todo.  La guerra de las bandas se le
conoció después a esos meses aciagos en que los macabros y sus
achichincles, algunos pagados y otros por amor al desmadre o por
hacerse un nombre, se dieron candela sin cuartel y sin normas contra los
punkeros que nos vomitó la noche viniendo desde el centro de la tierra.  
Los amantes del rock y de la oscuridad se subdividen en innumerables
tribus peleadas entre sí y jamás reconciliadas.  Los góticos y los emos a
través de sus ataúdes semiabiertos contaban los muertos punkeros con
placer como quien cuenta sus monedas de oro.  La entrepierna y la
conciencia de Maya pronto se llenaron de esqueletos y de calaveras, pero
nunca te he tocado a ti, dámelo todo, le decía suplicante el Macabro a la
mujer de los cabellos largos, de los senos de perrita flaca, de las caderas
que ardían en fuego eterno.  Penecito precoz, le decía la danzonera con su
voz gruesita de borracha perenne.  Ella sabía encenderlo tan solo
mostrándole las piernas, sacudiendo sus caderas como un papalote en el
viento de muerte que viene desde Tepoztlán subiendo por Otumba arriba
de la Malinche el Macabro en segundos cedía a la tentación de hacerle el
amor acariciándola, hasta terminar dos minutos después seco por dentro y
lleno de la risa de burla de la Maya que venía igual que viene el
merenguero desde los recovecos dulces de La Merced y que a cara o cruz
se te llevaba todo sin darte nunca nada.  ¿Me amas?, preguntaba burlona
ella al Macabro que cara al techo se juraba no tocarla jamás de vuelta.  
Penecito precoz dame un regalo, le pedía ella a él que era un cuchillo en
sangre.  Por años recordó el Macabro esa tarde en plena Calzada de los
Misterios cuando la abordó a la Maya y sus pantalones ajustados, su
cabello con rayitos multicolores, sus uñas, sus estrellas de brillantina en el
rostro de danzonera.  Tres semanas habían pasado de su última
escapada y habían sido tres semanas alargadas de preguntas sin
respuesta, de indagaciones en callejones sin salida, de porqués
lacerantes, solo el silencio, solo el rostro alargado, enjuto, pálido por no
haber visto nunca de frente al sol del Huesos se le aparecía diciéndole
Maya es mía.  Su mujer y el Huesos se conocieron en las escalinatas de la
salida del metro en el atestado Zócalo justo frente al templo Mayor donde
aún danzan los planetas perdidos en torno al gran altar.  Esa historia el
Macabro la supo leyendo los correos electrónicos que sin descanso se
escribían y que ella pulcra y metódica guardaba fechados en una carpeta
escondida en un rincón de la computadora bajo el inofensivo nombre de
sistemas varios.  Él, tosco y repulsivo, como mandan los cánones debe
ser un punkero, le escupió en el rostro un vete a la chingada que le
removió a ella las entrañas.  Al eco de las consignas y de los bicitaxis
intercambiaron datos y rostros.  Él venía de un lugarcito enclavado en el
tiempo del Estado de México en cambio Maya era capitalina de hueso
colorado.  Los abuelos de los abuelos de mis abuelos le dieron cara al sol
y maldiciendo el día danzaron sin descanso sobre las tumbas aún tibias
de los perros que nos mandó la España, le dijo ella a modo de
presentación.  Encuentros y desencuentros los llevaron a un hotelito
cercano a la Porrúa, que algún día el Macabro borraría del planeta, y allí,
siempre en lo oscuro, el aparato inmenso e insaciable del Huesos arrastró
la sensual entrega de la Maya que venía con su sangre de la Colonia
Roma por arriba y por debajo de las pirámides del sol y de la luna en pleno
Teotihuacán.  Tú no haces el amor, tú lo asesinas, le decía ella al Huesos
en un reproche tibio que quería decir quédate en mí, bébete mi sangre
espesa y relumbrante de una vez.  Así fue como el Macabro encontró las
respuestas a todas sus preguntas.  Golpeado con un mazo en mitad de la
frente tardó largos minutos en recuperar su sangre fría.  Desnudo de su
caparazón de hombre sin sentimientos el Macabro se refugió por un
momento bajo la sombra de su jefe directo.  El Bestia tuvo por esa única
vez un gesto humano extendiéndole un papel con la dirección del Huesos.  
Lo demás, la cacería, la rabia, la cabeza reseca del Huesos en un costal
comprado en el Mercado de Sonora son gajes del oficio que no vale la
pena ni rememorar.  Fue difícil convencer a la compungida Maya de citarse
con él aunque fuese en un lugar público.  Hechos más hechos menos la
cosa es que la Calzada de los Misterios fue el lugar a propósito para la
venganza.  A ti no te he tocado, le dijo el Macabro mordiéndose las ganas
de restregar su penecito precoz por el cuerpo canela y oloroso a selva
virgen de la danzonera.  Sin esperar reacciones ni respuestas el macabro
dejó el saco de inmundicias a los pies de una Maya atónita que aturdida
escuchaba al mismo tiempo en el celular que la casa de sus padres allá
por la salida a Ecatepec estaba ardiendo a todo lo que daba llevándose en
el humo lo poco que todas las manos juntas de la familia habían podido
acumular en muchos años.  Estas emblandeciéndote puto, se repetía en
silencio el Macabro machacando las cabezas de los morosos contra el
pavimento.  Uno a uno, como en una partida de ajedrez, fueron cayendo los
familiares cercanos de la Maya infernal ante la rabia cornuda del Macabro.  
Se trata de mi reputación que es intocable, repetía él dándose vuelo
ignorando que por más que una mentira se repita siempre será mentira, y
que sus subalternos y sus jefes sabían que su talón de Aquiles era una
mujer de cabellos largos y de piernas de ensueño, llamada danzonera.  A
la fuerza no, decía el Macabro, a esa mujer hay que sentirla a gusto, decía y
se repetía a plena voz los detalles de una de tantas veces que la rompió
por dentro con su pene rotundo no como la migajita de mierda que
ostentaba el Huesos, que su alma se pudra en el infierno.  Todos trepados
en el mismo barco fantasma le decían si a la mentira del Macabro.  El
amanecer de la Gran Tenochtitlán siempre lo sorprendía bailando la
misma canción una y otra vez.  Me rompiste el corazón y te llevaste toda mi
ilusión, y ante el asombro borracho de los asustadores el Macabro se
quitaba los zapatos y bailando sobre los diamantes rotos de las botellas
se bañaba de sangre llamando a media voz a su danzonera, a la Maya de
los cabellos negros y de los pasos perdidos en el Metro Balderas una vez
que sin parar regresa a la memoria del Macabro cuando con sus propios
ojos la sorprendió pegadita al Huesos.  Nadie se ha besado así jamás
sobre la tierra, se dijo allí en lo inmenso del subsuelo, allí en el corazón
agonizante y resquebrajado por mil puñales de la gran Tenochtitlán.  Eso
es lo que más dolió que te llevaste toda esa ilusión todo mi mundo se hizo
de cartón me rompiste el corazón.  Al margen de la guerra cruenta y
silenciosa que se vivía en las calles de la ciudad el Macabro y Maya unidos
por el cordón umbilical que llega hasta el Mictlán vieron caer uno a uno a
todos los que rodeaban a la mujer de los cabellos largos, a la danzonera
del amanecer contaminado del ombligo de la luna.  A pesar de tantos
favores que le debían sus jefes una tarde lo utilizaron de carne de cañón
para paliar los medios y entre la faramalla de los reflectores y de las
alabanzas fue puesta en la bandeja de la venganza la cabeza del Macabro
y la de sus sabuesos para demostrar al mundo el pulcro y siempre a la
alza maniobrar de la ley capitalina.  12 años de prisión le recetó la PGR
basada en tecnicismos agobiantes.  La cárcel de Santa Marta es un lugar
sombrío cuando no se tiene a nadie allá afuera que se juegue por uno, así
que para el Macabro la vida allí le hizo añorar el hotel de cinco estrellas que
debería ser el infierno.  Meses antes de su liberación recibió la única visita
que iba a recibir en todos sus años.  Alta, con los cabellos igual de largos
pero esta vez negros profundos Maya lo miró un rato sin decir palabra.  
Sólo me quedas tú en el mundo, mataste a los demás, le dijo la danzonera
llevándose con ella la paz estrambótica de las noches del penal al irse
dejándole tan solo un beso en la mejilla parecido al de Judas.  Marcado
como un mapa de heridas de cuchillo y de porras que le abrían en muchas
partes la cabeza el Macabro recibió de mala gana las pocas pertenencias
que llevaba encima cuando lo detuvieron.  Solo en el mundo sin familia y
sin nadie contaba apenas con unos cuantos billetes, un número de
alguien que quizá ya no existía y nada más para enfrentar el dedo acusador
del porvenir.  Afuera la ciudad había seguido creciendo sin parar pero lo
básico continuaba igual.  Los primeros pasos al salir de la cárcel cuestan
como un parto.  Años de acostumbrarse a ser un objeto que da placer no
se quitan de golpe, así que el Macabro achicado y temeroso apenas
levantó la cabeza cuando a lo lejos la vio entre el humo detenido de las
fábricas.  Sus piernas alargadas salvaron la distancia acercándose con un
gesto que él a primer vistazo no pudo descifrar.  Maya se le acercó familiar
y le dijo algo al oído que debido al estruendo de un enorme autobús el
Macabro no alcanzó a escuchar y tomados de la mano se adentraron
cargados de rencor por las callejas ancestrales de Acatitla con rumbo a la
parada que los llevaría hacia las vecindades tumultuosas de Tacuba
donde según ellos morarían juntos y soportándose hasta el fin de los
tiempos como le corresponde a una pareja perfectamente establecida.
E L  L Á P I Z
Oscar Lomuto
L A  D A N Z O N E R A
José Manuel Rodríguez
La noche anterior Arminda había doblado la ropa con la misma dedicación y
delicadeza de siempre.  Las camisas y las faldas todavía tenían el calor de la
secadora y las sábanas tenían la fragancia de almendras.  El mismo aroma que
le quedaba en la mano cuando se frotaba el vientre y exploraba las
ondulaciones que daban prueba de ese pedacito de vida que irrefutablemente
había sido concebido en el pecado.

El padre Andrés, el que andaba siempre con esa sotana vieja y sucia, había
dictaminado claramente.  Los que hacen esas suciedades fuera del santísimo
matrimonio, mi´jita, están atentando contra sacramentos de la Iglesia y,
¡atención!, contra el mismo Señor.  En el Paraíso, no había lugar para estos
sacrílegos.  Así que arrodillada, hasta que le brotó sangre, había rezado los
37,000 padrenuestros y 450 avemarías con que la habían sentenciado y se
había ido para siempre de la Iglesia Santa Teresita llorando desesperada.

Pero no era solamente el padre Andrés el que le había anunciado una eternidad
de tortura, excremento y fuego en lo más profundo de las entrañas luciferianas,
sino que la señora también parecía haber descubierto el secreto. Al principio
sólo era una sospecha conectada con esos delatores cachetes rosados y los
kilitos de más, como le había dicho, pero después que la sorprendió vomitando
en el cuartito del fondo de la casa, la sometió a un delicado pero intenso
interrogatorio.  Al final le había ordenado que el jueves estuviese lista para que
las dos fueran al Dr. Romero para que, por las dudas, la revisara.

Con el Juan fue peor.  Cuando le dijo que le tenía que hablar sobre lo que
habían hecho en el Parque Sarmiento, esa noche de diciembre de tanto calor
cuando en medio de caricias y besos pegajosos finalmente lo dejó que le
metiera la mano en la bombacha y que la explorara con esos dedos jugosos
que por primera vez en la vida la hicieron, entre quejidos de perra, lagrimear de
alegría; cuando le dijo, el Juan se puso como loco.  La miró con esos ojos de
rabia que a veces tenía, le dio una bofetada que le partió el labio y le dijo que
nunca más lo buscara.  El muy desgraciado hasta le pidió que le devolviera la
cadena de plata de Potosí con la virgencita que le había regalado cuando se
pusieron de novios y se fue para siempre.

Después de doblar la ropa había ido a terminar de limpiar el cuarto del niño
Ramiro que siempre estaba como si hubiese sido arrasado por un huracán.  
Qué cosa con ese chico que dejaba todo tirado por todos lados y por más que le
decía y le decía, no iba a aprender nunca.  La señora pensaba que Ramirito era
un angel, pero no sabía de sus travesuras ni de esas revistas coloridas con las
chicas haciendo porquerías que las escondía detrás de la caja de ropa de
invierno que tenía en el fondo del armario.  Tampoco nunca le había dicho a la
señora cómo esa mañana, cuando pensaba que se había ido a la facultad, lo
encontró en la cama tocándose… Sí, tocándose… No quería ni pensar en la
palabra.  Le dio tanta vergüenza que lo evitó durante semanas y nunca más lo
pudo mirar a la cara.

Fue en el cuarto donde, después de abrir las cortinas blancas de tul labrado con
ángeles y mirarse en ese espejo inmenso, empezó con el primer golpecito en
esa panza circular en donde en un océano de obscuridad flotaba un pedazo de
verbo inconcluso.  Fue tentativo, el golpe.  Débil, el golpe.  No era tanto como
para causar daño, como que para saber si se atrevía.  Después lo volvió a
hacer, pero un poco más fuerte.  Y esta vez, sí, esta vez sintió que adentro hubo
movimiento.  ¡Una reacción, Dios mío!  Después hubo más movimiento y el
silencio de eternidad.

“No te olvides que mañana a las 10 tenemos esa cita con el doctor”, le había
susurrado como al pasar la señora.  Pero ella sabía que esa actitud
despreocupada escondía algo de amenaza.  Si se confirmaba que en sus
entrañas había un pecado, la señora no tendría muchas alternativas.  Después
de todo, era la vicepresidenta del comité de Doctrina de la Iglesia Santa Teresita
y, dada su investidura y su liderazgo moral en la comunidad, cómo podría
explicar que en su misma casa alojaba a una perdida.

Cansada de escuchar un bolero en el ipod rosado que le había regalado el
Juan para Navidad, un bolero que hablaba de la traición de una mujer, había
apagado la luz a eso de las 2 de la mañana.  Pero fue inútil.  No podía dormir y,
después de dar vueltas y vueltas, volvió a prender el velador y se concentró en la
estampita de San Francisco que estaba pegada en la pared y estudió el aura de
oro y la sonrisa acogedora de ese santo tan piadoso que la había ayudado
tantas veces.  Después pasó a la rajadura de la pared en la que hace como tres
meses había matado una araña y, sin saber por qué, pensó en la mami que
debía estar tirada en ese catre tan chiquito en esa casa de adobe en Peñascos
Perdidos, en medio del desierto catamarqueño, tal vez con la boca abierta y
roncando junto a ese hombre malo que cuando tenía doce años se hacía el que
la consolaba y aprovechaba para manosearla toda.  

Pero ni el santo de Asís, ni las imágenes del rancho querido en Peñascos, ni
esa repugnante mano con olor a kerosene le podía borrar esa voz repetitiva que
le recordaba que “a las 10 tenemos esa cita…”.  Exactamente dentro de seis
horas.  Seis horas en las que se acabarían los sueños de juntar lo suficiente
para hacer ese curso de asistente administrativa en el Instituto de Carreras
Técnicas que le cambiaría la vida para siempre. Seis horas para el comienzo
del debacle.  Y se imaginaba a la señora, ¡ay, Dios mío!, santiguándose y
poniendo el grito en el cielo; y al padre Andrés mirándola con esos ojos
condenatorios que le asegurarían el infierno para la eternidad; y las chicas en la
plaza de domingos evitando hablarle; y desolada, casi descompuesta, armando
la valija de cuero viejo para ese viaje de regreso en donde iría solamente
acompañada de una ventana desteñida y esa sensación de derrota que ya la
empezaba a invadir.

Estaba amaneciendo y se sentía febril, la garganta seca, la respiración agitada.  
Ya se escuchaban a lo lejos algunos movimientos distintamente matinales.  
Una sirena de fábrica le estableció claramente que eran las cinco y un perro
ladró sin muchas ganas.  Eran las cinco y comenzó a acariciarse la barriga. Dio
varias vueltas por su redondez grotesca y casi sin intención apretó con un dedo
debajo del ombligo, y apretó más fuerte, y apretó con la mano, y comenzaron a
rodarle las lágrimas cuando apretó con el puño, y empezó a golpear y a gritar y a
rodar en el suelo con la frente transpirada y delirante mientras un hilo de sangre
caliente se deslizaba por el muslo tenso y un gallo saludaba las tajadas
amarillas en el horizonte.
L A  C U R V A T U R A  D E  A R M I N D A
Néstor Fantini
Néstor Fantini es un educador y periodista de Los Ángeles. En 2005 ayudó a
reorganizar La Peña Literaria La Luciérnaga y es el editor fundador de La
Luciérnaga Online. Actualmente escribe para AOL Latino.
Ah, conozco la hermosa tierra del tango, crisol de
razas donde también masacraron a los pobres indios.
engo un amigo lápiz mexicano que me contó su
aventura con Carlos Castañeda y que después de ña
experiencia del peyote comenzó a escribir a todo color.
Un lápiz catalán de Barcelona que ayudó a Serrat a
escribir sus versos y le puso ritmos sincopados a los
planos de G.
Debajo del Macabro estaban
los asustadores baratos, el
Cráneos, la Muerte, la jarocha
y uno que otro renegado de
los darketos que expulsados
de todo habían terminado por
anclar a su lado.
Los punkeros no, decía en el
milenio pasado el Macabro
separando las aguas del mar
rojo para que unos pasaran y
otros no.
José Manuel Rodríguez, escritor colombiano, ha recibido numerosas
menciones y premios, entre los que cabe destacar el Letras de Oro
de la Universidad de Miami. Forma parte del consejo editorial de La
Luciérnaga Online
E N S A Y O S
E N T R E   E L   S A R C A S M O  Y  L A  S E N S I B I L  I D A D:
C A R T A S  D E  O D I O,  A M O R   Y  D E   O T RA S   N I M I E D A D E S
Julio Benítez
Julio Benítez  es un prolífico poeta y novelista cubano que ejerce la docencia en Los Angeles. Lleva publica-
dos varios libros entre los cuales cabe mencionar
La Reunión de los Dioses.
Acabo de leer  Cartas de Odio, Amor y de otras Nimiedades  de Augusto Lemus,  venido de la región del Alto
Oriente cubano y residente en Las Vegas y quien es mencionado en el Diccionario de escritores
Guantanameros como “Poeta, ensayista e investigador con una extensa labor de rescate de las raíces de su
provincia natal” (Canseco y Parra 1)  El  poemario se presentó a los lectores gracias a la editorial Linden
Lane Press en el 2011, dirigida por Belkis Cuza Malé, especie de ícono intelectual cubano y quien supo de  
forma atinada ofrecernos una colección de ese  joven eterno nacido  en Guantánamo.

Su creador, residente en el exterior forma parte de la creación lírica de su país natal.  Aun cuando no publica
este libro en la isla no por ello se escapa al acontecer de sus coetáneos.

Recordemos que:

“Una literatura nacional se edifica con el esfuerzo sostenido de varias generaciones de escritores,
escriban estos dentro del país o fuera de él. El escribir fuera implica ciertas características.
“   (Kanev 1)

El autor  nos presenta  sus composiciones con la valentía que lo caracteriza, atravesando  los temas más
abruptos y sensibles de la vida humana.  Con tremendo sentido autocrítico se abre el libro  gracias a “Carta
de Presentación” (Lemus 1) en donde el lector se encuentra con la bienvenida que abre la dual
comunicación entre creador y receptor como objeto estético que persigue el goce de la lectura,  pues,  tal
como dijera Roland Barthes: “El placer del texto es el momento cuando mi cuerpo persigue sus propias
ideas porque mi cuerpo- yo diría mi mente- no comparte esas mismas ideas”
. (Barthes, 1)

             
Nacido bajo el signo de Capricornio/en el año de la cabra/  hijo de Abraxas/
             devorador de mí mismo/  ángel de los silencios/ y endemoniado verbo/
            vengo a dejar mi fardo/  en tus manos
. (Lemus 2)
























De la cotidianeidad de la vida sentimental, Augusto Lemus se evade a mundos en que lo culterano, el
refinamiento y los placeres terrenales se entremezclan como en ” Carta de Partida” adonde nos habla de
recuerdos que traen “la mesita laqueade de Luis XVI”  o “…el fino baccarat de las copas”  (Lemus 6)
conjugados con el devaneo nihilista y autodestructivo como cuando cierra con palabras referidas a “…del
cadáver que hoy habito,/ y me persigue.” (Lemus 7)

En el libro aparece también una referencia importante a su formación intelectual. En “A los Egos” el poeta
menciona su incursión en un grupo  de jóvenes llamados a sí mismos con el mismo título que encabezan
esos versos.  Algo de amargura transpira en las estrofas que mencionan su experiencia  y el
desmembramiento que en muchos terminó en exilio.  Así, nos recuerda esa etapa de  su vida:  “
Convocados al vesperal del equinoccio /estrictamente tiernos/ tiernos como azahares./ Prestos a oficiar en
el amor/ el más duro oficio encomendado al hombre(….) Olvidando/ lo agreste del destierro interior/ el
drama atroz del no entendernos.”   (Lemus 8)

Dentro de la sección “Cartas de Amor” sobresale un poema llamado: “Carta al Nagüe Ramón”, que de cierta
manera rompe la unidad estilística del conjunto general de la colección. Mientras, Augusto Lemus prosigue  
en  su nueva producción con un modo en el que la sugerencia, el conceptismo se entremezcla con lo
intimista en una combinación de lo culto y lo personal consecuente mayormente con el verso libre que nos
había ya proporcionado en su libro anterior Tropismos, aquí en cambio,  se produce un punto de giro formal.

Con respecto a lo anterior, vemos en la  composición nombrada una clara referencia a la poesía de Nicolás
Guillén a quien cita y que nos demuestra las posibilidades variadas en tono y expresión imaginativa. La
reproducción del lenguaje marginal, atribuido generalmente a los afro-cubanos se combina en este caso
con la jerga de La Loma del Chivo y otras áreas de Guantánamo. Un ejemplo de lo anterior es lo siguiente,
ya indicado en el propio título, pues nagüe es calificativo de esa región del país: “Por la ofeté de mi ocamba
que te voy a endiñar una mácula por la morumba y va a correr la roja.”  O tal vez versos como “Que no hay
jeba que no tumbe ni asere que no le endiñe un pecú” (…)Tumbaste echando pa’bungaló sin sospechar
que te dieran tafia”.(Lemus 9) pueden confirmar nuestra percepción. Y ahí precisamente consiste la
grandeza del autor, punto aparte de la desviación estilística. En esa capacidad suya de ir del verso conciso y
elaborado a la incorporación de lo popular en la poesía.

En Amor, segunda sección del libro, el sarcasmo y las bajas pasiones se envuelven en poemas precisos  
adonde se describe el crimen pasional y otros temas de literatura negra como en  “El amor de Pancracio”
adonde nos señala como(..)se siente el placer de Dios/ degollando a la Magdalena.” (Lemus 10) A ello se
une el incesto brutal como en “EL amor de Prisciliano”: “ Sonríe al recordar/ el terror de la sonrisa/
desdiciendo el espanto y el aullido. Salpicadas de sangre, y de semen/ las infantiles ropas yacen /desechas
por el suelo./ Dios en cada criatura/ __Dios violado en la inocencia de sus siete primaveras/__el padre
poseyéndola/ en la resaca del vino.”   (Lemus11)

La maldad violenta puede verse claramente descrita en “El amor de Juana”  y  en “El  amor de Filomeno.” La
brutalidad se entremezcla con el sadismo. Ejemplos  son las estrofas siguientes de la primera composición
mencionada anteriormente:  “Cuidadosamente colocó los peces/ en la jaula de las cotorras,/ se deleitó en la
versallesca danza del canario/ mientras lo hundía en la pecera.” Y en los postreros se evidencia aún más
claro: “Comprobada la perfección del escenario /le declaró su amor al amado/ hundiéndole el puñal
lentamente /en el pecho vacío de pasiones.”(Lemus 12)

El último poema de esa sección “Carta del homosexual ofrecido en el altar de la hombradía” quizá la más
irreverente de sus temáticas, es un documento atrevido y de denuncia clara de aquellos que sufrieron en los
campos de concentración en Cuba adonde se encerraban individuos de esa orientación sexual junto a otros
llamados “parásitos sociales”.  En la composición se señala como  “el raro”, según criterios oficiales pudo
al fin salir de esa tortura luego de la flagelación impuesta. Veamos:  ““Mis dedos al fin libres/ danzan
macabramente junto al lodo /mezclas de sangre lágrimas y orine./ Mis nalgas otrora alegres bailarinas/ han
sido marcadas a hierro candente/  desechas a golpe de palo.” (Lemus13)

El libro concluye con Nimiedades que son una especie de confesión del poeta, recurrencias e
intertextualidades con temáticas como la incertidumbre de la vida en “Carta a un náufrago” , “Carta del
tiempo”  y  ” Carta del intelectual resignado”  adonde se inserta en la modernidad :  “Siempre es prudente/
abstenerse de la tentación de hurgar/ en los sitios libidinosos y neurasténicos/ de la belleza/ y huir
frenéticamente de las ideas/ extravagantes  y peligrosas /del New Age”. (Lemus14 )

El poeta responde a la pregunta de Kelly Griffit referida a la posibilidad de ofrecer una visión madura de la
realidad y a la ambigüedad inherente a las opciones y juicios morales, en fin,  ejemplo de la complejidad de
las decisiones y eventos, lo que es lo mismo que representar a través de imágenes la tridimensionalidad de
la naturaleza humana porque como bien indica el crítico mencionado: “ EL mundo está lleno, por ejemplo,
de gente que hace bien y mal al mismo tiempo.” (Griffit 1)

El poemario termina definitivamente luego de una sección demasiada recargada de deudas con sus
admirados hombres de letras para ubicar un poema, ya antológico en muchos textos y antologías hispanas
y que confirma la nota de contraportada de Cartas de Odio, Amor y de otras Nimiedades adonde se señala
que la poesía de este autor “llena de belleza y sarcasmo a un tiempo. Lenguaje que refleja la originalidad  
de Augusto Lemus.” Son  “Delicias para una lectura imprescindible” (Cuza 1):

                                    
    A las doce

.......................hay un tufo a carroña en la estancia,
.......................a descompás entonan los grillos
.......................sus cantos quejumbrosos.
.......................Reunidas están las alimañas
.......................para tomar declaración de Dios
.......................por la muerte de los ratones.
.......................Al amanecer
.......................la humareda azul
.......................anuncia que el cabildo terminó en llamas  (Lemus15)
              
                         
                                     
Bibliografía
1.        Barthes, Roland.  The Pleasure of the Text.  P.17 Hall and Wang, New York 19, 1975 (traducción
personal.)
2.        Canseco Margarita y Rissel Parra:  Diccionario de Escritores  Guantanameros. Editorial El Mar y la
Montaña, Colección La Torre. Guantánamo, 2010  p. 79
3.        Cuza, Malé. Notas de Contraportada: Cartas de Odio, Amor y de Otras Nimiedades. Linden Lane
Press, Forth Worth, TX. 2011
4.          Harcourt Brace Jovanovich: Writing Essays About Literature,  USA, Segunda Edición, 1986. P. 127
(Traducción personal)
5.        Kanev, Kanev:   Ensayos de lo Entrañabla. Edición Arte y Literatura, Ciudad de La Habana. Cuba, 2010.
p. 317
6.         Lemus, Augusto: Cartas de Odio, Amor y de Otras Nimiedades: Linden Lane Press, Forth Worth, TX.
2011 p. 7
..7.        Ibid p. 2
..8.        Ibid p. 14
..9.        Ibid p. 14
10.        Ibid p. 15
11.        Ibid p. 16
12.        Ibid p. 16
13.        Ibid p. 18
14.        Ibid p. 21
15.        Ibid p. 27
Una cosa que llama la atención al hojear esta obra, es su título
sugerente. Sin embargo, para sorpresa del lector muchos de los
versos están cargados de la ironía típica del estilo de este autor ya
anunciado en poemas anteriores. Así el amor se torna antipatía y
el odio es por otro lado una engañosa percepción del cariño.  Eso
no limita en lo más mínimo la variedad temática conque nos  
envuelve Lemus.  Desde la pasión expresada en “Labios perjuros”
adonde nos describe como:  “Mis besos/ transitan  las calles de tu
desvergonzada boca/ cuántos postes preservan el hedor de otros
perros” (Lemus 3) se asoma una postura que alguno podría
señalar de antipoética hasta lo más sentimental cuando en la
última estrofa pide a la persona cómplice de lujuria que: “No me
detengas al borde del suicidio/ déjame llegar al agridulce mortal
de tu lengua.”    (Lemus 4)

Hay en la sección de “Amor” un poema llamado  “La espera” que
sobresale por su engañoso comienzo en el que nos habla del ser
amado y en el cual el sujeto poético está arrancándose los ojos
“para que no adivinen su sombra/anudándome la lengua para” en
un final que nos devuelve al  mundo de Onán  con un par de
versos  epatantes: “ Extiendo las manos al abismo/ me masturbo.”
(Lemus 5)
© La Luciérnaga Online, 2011

No hay mayor soledad que la que se siente estando
acompañado.


El socialismo no es una ideologia sino un instinto.


Todos somos hijos de Dios, aunque algunos son solo
parientes lejanos.


La diferencia entre el amor y el desamor es la indiferencia.


Me reservo el derecho a contradecirme.


Frase histerica: El que tenga el mejor chisme que lance la
primera letra. (El editor)


Los apagones, al igual que la infidelidad, ocurren por falta de
energia.


Frankenstein fue un cientifico que cometio una monstruosidad.


La depresion, el estres y la ansiedad afecta de tal manera
nuestro vivir, que no quedan fuerzas para morir.


La impotencia consiste en no poder hacer nada con "ella".


El sexo no es responsable de sus actos.


Definicion de Psiquiatra: Aquel que nos ayuda con problemas
que no sabiamos que teniamos.
R E F L E X I O N E S
Rafael Carvajal, colombiano que escribe
ingeniosos  dichos populares que aparecen en
publicaciones como
Tiempo Sur e HispanicLA.
rafiacv@yahoo.com
MÁXIMAS Y MÍNIMAS
Rafael Carvajal
FRASES CÉLEBRES
Pesonas y Personajes

"La función del arte en la sociedad es edificar, reconstruirnos
cuando estamos en peligro de derrumbe.".
Sigmund Freud

"La música constituye una revelación más alta que ninguna
filosofía."
L.V. Betooven

"La cultura es la buena educación del entendimiento.".
Jacinto Benavente

Las lenguas, como las religiones, viven de las herejías."
Miguel de Uanmuno

"Todo lo que se escribe es bueno, salvo aquello que aburre."
Voltaire

El arte es una mentira que nos acerca a la verdad."
Pablo Picasso

"La literatura es siempre una expedición a la verdad."
Frank Kafka

"La lectura es como el alimento; el provecho no está en
proporción de lo que se come, sino de los que se digiere."
jaime Balmes

"El arte nace en el cerebro y no en el corazón."
Honoré de Blazac

Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen
referirse a doctrinas contrarias a las suyas."
Jorge Luis Borges

"El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee."
Humberto Eco

"Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no
ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños."
Khalil Gibrán

"La filosofía es un afán del saber libre y desinteresado."
Pitágoras