Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
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Volumen VI * Número 3 *  MAYO - JUNIO  2012

La peña de La Luciérnaga del 21 de abril, en una hermosa noche de la primavera californiana,  tuvo lugar en Northridge y participaron 34
personas.  Entre los que leyeron o recitaron se encontraban Elsa Frausto, Agueda Cabrera, George de Aztlán, Eduardo Antonini, Dukardo
Hinestrosa, Rafael Carvajal y José Manuel Rodríguez Walteros.  En la segunda parte de la peña se escuchó a Raúl Arredondo, Natalia Zalaya,
Rafael Figueroa, Maru, Adolfo Schwartz y Alberto Villalobos.

La reunión incluyó a Gabriel Lerner, editor nacional del prestigioso Huffington Post Latino Voices quien, después de una prolongada ausencia,
retornó a la Luciérnaga.
Cabe mencionar que Lerner es miembro del Consejo Editorial de La Luciérnaga Online (LLO) y, como poeta y escritor, está conectado con la
peña literaria desde mediados de la década de 1990.
El 28 de septiembre de 2011, Lerner, representando al Huffington Post y America Online Latino, entrevistó al presidente Barack Obama en la
Casa Blanca.
Después de saludar a los miembros de La Luciérnaga, Lerner comentó sobre los grandes cambios que se están dando en el Huffington Post
en donde, desde el 1 de mayo, acaba de establecerse una nueva división, el HuffPost Voces, que será enteramente en español.
El Huffington Post, dirigido por Arianna Huffington, es una de las cadenas noticiosas de la Nueva Era de comunicaciones más grande del
mundo.  Si bien fue establecido originalmente en 2005 en Estados Unidos, ya cuenta con ramas en Canadá y Gran Bretaña y una edición en
francés y, este año, piensa expandirse a España, Italia y Alemania.  En 2012 tuvo el honor de ser la primera cadena de noticias de internet en
ganar el internacionalmente reconocido Premio Pulitzer.
Dos miembros de La Peña Literaria La Luciérnaga, Rafael Carvajal, con sus Máximas y Mínimas, y Néstor Fantini, con sus artículos políticos,
tienen columnas que son publicadas cada dos semanas en el HuffPost Voces.

Otra participante, que también ayudó a hacer de la peña una velada memorable, fue Natalia Zelaya.  La joven argentina, graduada de California
State University con un título en periodismo y con una nominación al Emmy, compartió uno de sus poemas.
La escritora rusa Sofía Faddéeva, que se tomó licencia de su puesto universitario en México, vino desde San Diego y leyó fragmentos de su libro
Colores en Pugna: Una historia real hecha novela (El Taller del Poeta, Madrid, 2011).
Antonieta Villamil, miembro del Consejo Editorial de La Luciérnaga Online, mandó un caluroso saludo desde su Colombia natal en donde se
encuentra temporalmente.  La poeta aseguró que nos visitará en mayo, antes de su próximo viaje a Cuba, a donde, aparte de sus libros,
también llevará copias de trabajos de La Luciérnaga.
Por otro lado, La Luciérnaga Online convocó a una reunión que tendrá lugar el 3 de junio en la que se discutirá la publicación de la Segunda
Antología de La Luciérnaga.  Todos aquellos que quieran incluir en este libro alguno de sus poemas, cuentos o ensayos están invitados a
participar de este encuentro preparatorio.
Como es habitual, Jairo Duque, de
www.InformateNews.com, se encargó de grabar un podcast de la reunión.



Cecilia Davicco
Editora
E D I T O R I A L
L A   P E Ñ A   D E   L A   P R I M A V E R A  
P O E S Í A S
CINCO POEMAS



Regresó a la casa
donde había vivido ella
para mirarse en el espejo
donde se miró.
El cepillo aún ahí,
la bata colgaba detrás de la puerta
como un abanico plegado.
Había que abrir los cajones
para llegar a su olor,
pedirle permiso al tiempo,
no irrumpir en el
para que no se moleste.




Nombres
la boca los retiene   la lengua los suaviza
el poema   la poema   lo poema
en esta compota agridulce
de la noche despierta
¿Qué hacer a las once de la noche
y sus profundidades estalagmitas?




Pospuse la muerte por dos horas.
Mientras que estabas trabajando
dió su último suspiro.
Las nubes no taparon al sol,
ninguna voz te susurró al oído,
quizás hasta te hayas reído con un chiste.
Para qué llamar y decirte-
tu mamá habló, se murió.
Te enterarías dentro de poco.
Guardé lo que sabía como un pacto secreto
entre el corazón y la espalda.
Giró alrededor de mi quehacer, se convirtió en la sal
que añado a la comida, esta especie llamada muerte.




Así que esto fue el Paraíso
ahora polvo granoso
más lunar que terrestre.

El Tigris y el Éufrates
se entrecruzan ahí donde Adán y Eva
alguna vez bañaban su joven inocencia.

Ahora las piedras guardan verdades
en el pasar de las noches a los días
y en el séptimo el Señor descansó.

¿Adónde se fue ese día?
Todo es trabajo, aún la guerra
y su engendro, la muerte.

¿Y en el séptimo de qué mes
se acostará el león con el cordero?




Al leerte, te hablo. / Tus palabras despiertan otras, / ecos de vocales sonantes /
que son, no son el muchacho / que cruza mi vista. / El cree que lo estoy mirando. /
Los ojos afuera, / la mirada adentro, / ahí donde tu y yo nos encontramos. /
El sintiempo entre los dos / es el acento de palabras / escritas en el tiempo. /
¿Puede ser? Lo es. / Así como el rojo de su camisa / o la pluma que al tocar el papel escribe







ELSA FRAUSTO, poeta y traductora,  nació en     Buenos Aires, Argentina, en 1951.   A  los trece años se
mudó junto con   su    familia a   Toronto,  Canadá. En  Los Ángeles cursó  la  carrera  de  Estudios  Eslavos,   
en UCLA,   y   ahora   trabaja    para   el  Distrito  Escolar Unificado de Los Ángeles. Ha sido editora de
Lahoja, Night Birds (Chuparosa Writers) y     de La-Luciérnaga.com. Selecciones de sus poemas han sido
publicados en La Porte des Poètes (Francia),   el periódico       a Opinión, Infinite Space y Poets at Work . Es  
una  activa  participante de grupos literarios como Beyond  Baroque, Utopía,   la   Peña   Literaria    La
Luciérnaga y   dirige la serie Camelback Readings
.


Para leer los trabajos de Elsa Frausto publicados en La Luciérnaga Online, hacer click aquí
CANTO SIN ESTRELLAS



A mi tío Noel, que un día
amaneció muerto en la mansarda,
en posición de cúbito dorsal.



“Good evening” por la noche,
Norteamérica, es otoño.  Se oscurece
la ciudad y mi alma todos los días,
a las cuatro de la tarde.

No tengo dollars, ni quarters, ni dimes, ni
cents.  Hollywood enciende sus movie stars.
El tío Sam no cambia su vestido
a rayas.  No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Todavía se habla de Cuba y el premier
Khruschev; prefiero seguir mirando burlesque
y ver a las call girls consumirse como
cigarrillos Kent . Madam, please scotch;
thank you, lady; gracias, gentleman.

Me paro, camino hasta el fondo
del hall; vomito estrellas
donde dice “men”, me voy,
estoy cansado, quiero ponerme
horizontal.  Por lo menos hay
tanto motel.  No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Los freeways reciben y disparan automóviles
por mil; Cabo Cañaveral: otro cohete
ha fracasado; esta vez no partía el coronel
Shepard.  Las muñecas de Playboy hacen
su strip-tease; en Main Street, aún venden
marihuana y ron y habanos de la Cuba
de Fidel.  No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Tercera edición del Herald Examiner:
Mao invade a Nehrú; consejo urgente
de la ONU; Wall Street, caen las acciones,
aumenta el pánico; el café sigue firme
hacia abajo; Bolivia no tiene estaño
que vender, volverán los Patiños tal vez;
el petróleo se le está secando a Betancur,
mientras Pérez Jiménez viaja en limousine.
No parking, no smoking, no admittance,
Don´t walk.

Smile, smile…, Don Juan Váldez,
Tony Curtis y la Liz; 95 dollars un vestido
en Nueva York; la mezcalina ya la aplican
sin dolor y les dio polio a los hijos del Dr. Salk.
What do you want?  -Chicken soup
and coffee, please… Cambió el semáforo,
-son 20 dollars, señor.  No parking,
no smoking, no admittance, Don´t walk.

Tampoco salí esta vez en la revista
Life. I am looking for job, gentleman
o manager o foreman.  I am looking
for job, in employment office.  Yo,
señora, hablo español; pero no soy
de Cuba.  Me exilé por mi cuenta,
sí señor.  No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Las teenagers muestran sus piernas
de marfil, tiemblan sus pelucas
doradas con el Twist.  En el teatro
chino sigue West Side Story.  Lady,
I am sorry, gracias mil.

Otro parade en Hollywood;
por Sunset Boulevard, cantará
la Anderson, un réquiem para
Marilyn, vendrá hasta Meredith,
Faubus, Sammy Davis Jr. y la Piaff
y tocará Armstrong la trompeta
del juicio final.  Volarán los sabres
y los jets, llegará Mr. Mauser with
bazookas, junto con la cápsula de
Glen.  Mejor déme, señora, otro
paquete de Camel y quédese
con el vuelto y el fusil.  No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

I have no money, sir, today;
Pero lady, tengo mi alma entera,
los zapatos rotos y un deseo
violento de vivir.




DUKARDO HINESTROSA  es un poeta, novelista, ensayista y periodista
colombiano  que vive en  el   exilio  estadounidense  desde  1962. Destacado   
integrante   de   la   Generación Nadaísta,  que  floreció  en  su país natal en la   
decada  de  1960,   es  considerado,   en palabras  del  profesor  Robert
Girardot,  de Stanford University, "una de las voces más importantes  por  su  
irreverencia  y estilo". Entre   sus   numerosas   publicaciones   se incluyen   La
rebelión  de  los machetes   en América Latina,  Salmos  para  bautizar  un
huracán, Poemas autobiográficos Pasaje a Pereira   y   su   reciente   novela,    
Gaitania revueltas: rosario y fusil.


Para leer los trabajos de Dukardo Hinestrosa publicados en La Lucieérnaga
Online, hacer
click aquí.
LOS HOMBRES QUE SOY



Enternecido por mis propios desvelos
desventuras
me doblo
me vengo obediente
giro acorde con el firmamento
que alguna vez fue de cerezos y aguas lilas
y hoy contiene tus ojos achinados
por el deseo y el esfuerzo

y a veces soy un montón de hombres
o de pensamientos
que duermen acosados
se agitan sin aparente causa
como tallos podridos por el eco de la miseria
bajo la luz de la luna seca y tuerta
en el estiércol
en donde sea posible habitar la vida
o al menos esperarla mientras todo cambia

soy un montón de hombres previstos
inocentes
varones de barro
seres traslúcidos
soldados de papel
que cruzan el pantano
y que no se manchan
sus manos resbalan
no aguantan la pendiente tropiezan
apresuran el paso y aligeran la carga
porque huyen delante de los perros famélicos
y de otros hombres
solos espantados inútiles sin aliento
insomnes
vacíos como el viento que los crea.

Ellos son como yo
quienquiera que yo haya sido
si tu versión de turrón y otras mentiras
o yo ese cuento maravilloso
que se contaba mi madre
que se sienta contigo a la mesa
se duerme a jirones después de amarte
todos son como el triste consuelo
que resulta a la larga ser hombre
tibios blandos cansados
demasiado pobres como para incurrir                                
en los beneficios y conveniencias del ser vivo
eso es inherente a la gente de mi raza
que tengan
el blanco del ojo brillante
la cabeza agachada
por el peso de la culpa
el ceño fruncido
y la mirada definitiva y triste
en su semblante de cera.



GABRIEL LERNER es un poeta, narrador y periodista argentino.  Es editor del Huffington Post Voces y
miembro del Consejo Editorial de La Luciérnaga Online.


Para leer los trabajos publicados por Gabriel Lerner en La Luciérnaga Online, hacer
click aquí.
C U E N T O S
mía aventurarme por callesdesconocidas! Encima de empapada, estaba toda pastosa por el revuelco. ¡Esa vetusta manía de mi adolescencia!
Cada vez que se largaba a llover, le preguntaba a mi madre si quería que le fuera a comprar algo, ella siempre respondía con rezongos
diciendo que yo era loca, porque en un día normal, tenía que obligarme para que le fuera a hacer los mandados. La lluvia siempre fue algo
especial para mí, desde aquellos primeros años. Pensando en todo eso llegué a la siguiente esquina buscando una avenida para buscar un
taxi o, algún bus que me sacara de aquel lugar. Pero la siguiente calle era igual de solitaria. Ya la noche me estaba cayendo encima.
Caminaba mirando para todos lados hasta que vi que en realidad, alguien me venía rondando. Como no tenía elección, me detuve y esperé
dispuesta a enfrentarlo, y cuando lo tuve frente a mí  ¡Vaya sorpresa!  Se trataba de un jovencito. Al verlo se me fue un poco el recelo y como me
sentía más  confiada, le pregunté si me venía persiguiendo con intención de asaltarme; él muy tranquilo y sin inmutarse, respondió que yo
estaba chiflada, pero luego de tanto insistirle para que me dijera la verdad,  desfachatadamente lo aceptó, sin embargo dijo que en realidad,
alguien se lo había pedido a cambio de dinero. Me quedé boquiabierta porque no entendía que razones tendría alguien, para hacer algo así.
Me indigné y le exigí  que me dijera dónde estaba esa persona, “viene más atrás en su auto”        -me dijo- y yo apurada me di vuelta para mirar
pero al hacerlo, él se abalanzó sobre mí y de un tirón me arrancó la  cartera sin darme tiempo siquiera a intentar sujetarla y se fue corriendo.
Permanecí como una gansa, tratando de adivinar hacia donde escapaba el carterista pero no lo distinguí, porque la opacidad de la noche ya
era dueña de las calles. Enseguida, la luz de los faros un automóvil que se cercaba, me hizo suponer que sería el cómplice del delincuente.
Irreflexivamente y guiada por la poca claridad que me brindaba el auto, fui a pararme casi en medio de la calle para obligarlo a detenerse.  
“¿Qué hace? ¿Está loca?”-me gritó el individuo sacando la cabeza por la ventanilla, al cual no pude distinguir  muy bien, porque me
encandilaban las luces.  “Más loco estará usted que me viene siguiendo” –vociferé yo.  “Yo no la estoy siguiendo” –alegó a su vez, él.  

 Yo seguía parada delante de su automóvil no importándome si arrancaba y me pasaba por encima. Entonces, el sujeto enojado se bajo del
coche y yo, mas asustada aún, continuaba gritando. En realidad no sé porque lo hacía, si por ahí sólo había galpones cerrados. Nadie para
que me oyera. Para que acudiera a mi auxilio. Pero seguí con mi desaforado intento de espantarlo. “No se me acerque, ya no me queda nada
para que me roben” -y pensando en los anillos que aún me quedaban y escondí las manos. “Usted es una demente. ¿De qué clínica ha
escapado?”  -me decía él mientras llegaba a mi lado.

  En esa lobreguez, la arboleda con sus largas ramas cayendo lánguidas hacia el suelo, convertía una atmósfera aterradora ante mis ojos
desorbitados. Las luces del automóvil que enfocaban su rostro desde abajo, me ofrecía una imagen que me causaba un enorme espanto. Era
como si la noche misma tramara maniobras  escalofriantes para matarme de un infarto, o para que yo fuera a terminar bajo las garras de un
violento y desalmado delincuente. El, muy ajeno a mis especulaciones, preguntó.  “¿Me podría explicar porque me acusa de seguirla? Al
decirlo estaba casi junto a mi nariz. Yo, que estaba viviendo los  momentos más alarmantes de toda mi vida, e intimidada por su altura,
respondí con voz apenas oíble.  “Me lo dijo el muchachito, al que usted le pagó para que me siguiera y me robara la cartera” -Me echó un
vistazo como si yo de verdad, estuviera loca. Mientras me observaba, se acariciaba la barba, como meditando sobre mi estado mental. Se pasó
luego  la mano por el pelo, bueno, pelos no tenía tantos, era medio pelado. Entretanto yo seguía sus movimientos y cada suspiro que él daba
para que no me tomara desprevenida.  “¿Y usted le creyó a un ladroncito de cuarta? ¿No se da cuenta que es peligroso andar caminado por
aquí a estas horas, y acusando las personas de asaltante y no sé de qué más?” En aquellos momentos me dio impresión de que decía la
verdad.  “¿Y dónde se dirige?” -me preguntó, y yo apurada y un poco más tranquila, le dije que iba en busca de  un taxi o un autobús. En ese
instante recordé que no tenía ni un céntimo. “No va a encontrar nada por estos lugares. Permítame acercarla a donde se encuentre usted más
segura” –muy amablemente se ofreció y yo sin saber qué hacer en esos momentos, sabiendo que si no aceptaba su ayuda, me quedaría allí,
varada y sin saber hacia dónde ir, me apuré a contestar que aceptaba.

  Abrió la puerta del coche y yo subí. El conducía serio. Yo pensaba en mis documentos, las llaves, tarjetas, dinero, todo lo que se había llevado
el ladrón. Lo mire de soslayo. No estaba mal el caballero. Mientras yo repasaba los sucesos, él me hacía preguntas que yo respondía a
medias. Él era contador y terminaba de entregar un trabajo. Cuando llegamos a una avenida donde había negocios muy iluminados, Ignacio,
ese era su nombre, me invito a tomar un café. Como en realidad, no tenía nada mejor que hacer. Acepte.      
            
  Dos horas después empalmada nuevamente con el mundo real, no recordaba las penurias de ese día. De que todo me era indiferente. De
que la vida era tediosa.  De que el mundo era un asco. De querer saborear un cigarrillo y exhalar su humo gris en un día igualmente gris. De
que los hombres eran necios, hipócritas, falsos. Sobre todo uno. Mi esposo, al que pocas horas antes me había pedido el divorcio sin darme a
conocer las razones. ¿Razones? ¿A quién le importaban ahora, esas razones?                                                                                 
Por ahora, solo podía pensar en ese humeante café con crema, que prometía un sabor diferente.











Para leer los trabajos de Norma Villanueva publicados en La Luciérnaga Online, hacer click aquí
       Apenas comenzaba a oscurecer. El tiempo había transcurrido sin siquiera advertirlo. Una llovizna me
mojaba la cara sin importarme que se me corriera el maquillaje. Solamente quería caminar. Caminar por
esa vereda, fría, húmeda. Desconocida. Mirar indiferente a alguna que otra persona que me cruzaba al
paso.
Ajena al ruido de algunos coches,… sólo algunos,… por esas calles casi no los había. ¡Que me incumbía el
tráfico! Ese día, poco me importaba todo. Doble en una esquina. Era una calle espesa de árboles, de casas
con pocas luces. Seguí andando. En aquellos momentos hubiera querido encender un cigarrillo, uguetearlo
entre mis dedos como en los viejos tiempos. ¡Qué tontería haber dejado de fumar! No fue por la salud.  
¡No!  Lo deje porque decían que el cigarrillo avejentaba, “que precoces arrugas vendrían engalanar mi
frente”, “que mi pellejo se tornaría de color amarillento”  ¡Qué asco!  Eso tuvo más poder que cualquier
amenaza de unos ataques de asma. Mi viejo problema. Y ahora, soñaba con un pitillo entre mis dedos. Y
aspirar. Aspirar profundo. Ver salir el humo, lento, muy y lento por mis fosas nasales. ¡Pero no, ya no
fumaba! Contribuía al cuidado del medio ambiente y por supuesto, al de mis pulmones. De pronto, un perro
comenzó a ladrar y del susto me fui para atrás cayendo sobre el césped mojado. El animal ladraba como
perro loco, aunque yo no corría riesgo alguno porque se encontraba dentro de la propiedad y la cerca era
alta. Me levanté rápido y me sacudí la ropa. “El bello mastín” dejó de aullar cuando un hombre salió de la
casa para preguntarme si me encontraba bien. Respondí que sí, y seguí andando. A la siguiente cuadra
volví la cabeza. Creí ver una figura ocultarse detrás de un árbol a escasos metros de donde yo me
encontraba. Camine. No sabía si cruzar la calle. El temor había comenzado a rondarme por la cabeza. No
había sido muy prudente deambular por un camino sin saber hacia dónde me conduciría. ¡Vaya locura la
UN DIA MUY PARTICULAR
Norma Villanueva
Norma Villanueva es una cuentista argentina que
reside en Los Angeles. Participó del Taller
Hispanoamericano de Cultura conducido por la
escritora Alicia Kozameh.  Algunas de sus
narraciones  fueron publicadas en El monóculo, en
La hoja  y en Mirando hacia el sur.
Nunca había ido a una peña literaria, pero aquel sábado de octubre,  exáctamente ocho años atrás, mi amiga Agueda insistió tanto que la acompañara, que
finalmente accedí.
Esa pequeña decisión, trajo profundos cambios en mi vida.

Fue amor a primera lectura, porque después de escuchar aquella narración, supe que  eso era lo que necesitaba cada noche para conciliar el sueño.
Lo primero que EL me dijo fue - Quiero que sepas que viven conmigo, mi hijo adolescente y su perra. Te digo esto porque esta perra es su adoración.
Nada podía ser tan grave, ni tan pesado como llegar a la vejez sola. Estaba segura que EL era mi alma gemela, el compañero con quien compartir los buenos y
malos momentos y que superaríamos los inconvenientes, que algunos vaticinaban serían inevitables en una relación como la nuestra.
Así fue que un día desperté en una cama compartida, en una habitación diferente y con una perra que me lamía la cara al tiempo que me quitaba las frazadas que
me cubrían del frío.
Cada mañana, antes de irse a trabajar, EL, cariñosamente me decía,
Cuidado con dejar la puerta abierta. Mantenela en el patio. Si se escapa, no hay quien la detenga.
Habían pasado unos seis meses desde que empezáramos a vivir juntos. Los presagios agoreros se habían ido disipando. Esa mañana del mes de julio, estaba
tan linda que después de llevar a la perra al patio, abrí  puertas y ventanas para que la casa se ventilara. Aun en camisón y chancletas, me puse a trabajar en mis
cosas.
A pocas casas de la nuestra, vivía un alemán, ex soldado de la Segunda Guerra Mundial, quien por estar ya retirado, su única ocupación era recorrer el barrio
buscando vecinos con quien hablar y chismes para retransmitir. Sabia todo lo que ocurría en los alrededores.


Suena el timbre, asomo la cabeza, y ahí esta el alemán. Con expresión  desencajada, me  notifica que nuestra perra esta suelta al frente de la casa.
-Como!!!!! Pero si estaba en el patio!!!-  Corro a ver y efectivamente, la perra no esta.

Con la pata había empujado y abierto la puerta. El resto fue tan fácil como decir GUAU!

Regreso a la puerta con la esperanza que haya regresado por si misma, pero el alemán, con voz que anuncia una derrota inminente, me dice que haga algo pronto
porque se esta alejando hacia la calle.
- Ay Dios Mío! Ay mi Dios! Ginger vení para acá-  Ginger sigue caminando como si nada.
- GINGER!!!!-  Me mira y oliendo mi desesperación, camina un poquito más hacia la calle.
Pienso -Ah, voy a hacer lo mismo que hicieron esa vez que se les escapó a ellos. Recuerdo que pusieron el auto en marcha, le abrieron las puertas, y solita subió.
Corro a buscar las llaves, y aun en chancletas y camisón, subo al auto, lo pongo en marcha y le abro todas las puertas.
Voy manejando despacito, siguiéndola de cerca.  Empiezo a gritarle…
-Ginger, vení acá, Ginger, perrita, vení, subí!!! - Nada.  Me pregunto si en mi angustia no le estaré diciendo lo contrario. Me escucho otra vez decirle que vuelva, que la
queremos, que ella es la mejor….Es como que si en vez de invitarla a subir, le estuviera ordenando correr. Y corre, y empieza a tomar velocidad. Y yo por detrás con
todas las puertas del auto abiertas, parezco el carrito de los helados.
Poco más adelante la calle se cierra para los autos, pero tiene una abertura para peatones, que comunica con la Nordhoff, una avenida muy transitada,
especialmente a esa horas de la mañana.
-Ay Dios mio, si llega al final de la calle, estoy perdida!!! Ginger, por favor, subi. Perrita, veni linda, subi. Peerita, perra de mierda, subí de una vez!!!.


Si llegaba antes que ella, podría bloquearle el paso, pero mientras más aceleraba, más carrera ella tomaba. Y ocurrió. Llegó antes que yo, atravesó la abertura y se
lanzó a la experiencia más excitante de su vida perruna.  
En ese instante, imágenes catastróficas cruzaban  mi mente a la velocidad de la luz e iban desmoronando poco a poco mis expectativas de futuro en familia. ”La
perra bajo las ruedas de un auto, el hijo llorando desesperado, el padre culpándome por mi negligencia, el final de la pareja, el triunfo de los agoreros, la vejez
solitaria.
- NOOOOOOOOOOOO!!!!












La carrera había empezado a la altura del 14000 y sabía que esa calle terminaba como al 25000. Mientras corría y rezaba, me preguntaba hasta donde
llegaríamos? No le veía el fin a esta tragedia. Solo se me ocurría seguir corriendo hasta donde las fuerzas me alcanzaran.
- Que pase algo, que pase algo, por favor, prometo que voy aprender a cocinar, prometo que no voy a protestar cuando se meta en la cama con nosotros, pero por
favor, que se detenga!

Llevaba casi 4 cuadras corriendo, cuando empecé a sentir que me faltaba el aliento. Tuve que parar a juntar aire. La perra también aflojó la marcha. Se detuvo un
momento, torció a la derecha, cruzó la calle y se internó en el Balboa Recreational Center, un pequeño parque del barrio.
En ese momento me di cuenta que mis esfuerzos no habían sido en vano y que desde el mas allá me estaban tirando lianas. A medida que había ido avanzando
en mi persecución, mis gritos y ademanes habían llamado la atención de varios conductores y caminantes: el camión de la compañía de teléfonos, la pick-up de un
jardinero, la muchacha que paseaba perros, el auto de un vendedor de seguros, la Van de la señora con varios niños, los muchachitos que terminaban su partida
de tenis, todos se habían ido sumando detrás mío,  hasta formar un pequeño escuadrón de rescate.   
Al principio, la multitud había seguido a una mujer con los pelos alborotados, los ojos desorbitados, descalza, que gritaba y gesticulaba quien sabe que, ya que con
el ruido no se entendía lo que decía. Algunos pensarían que estaba escapando de un marido abusador, otros que la perseguía la policía, y la mayoría asumió que
la pobrecita estaba sin la medicación de la mañana.

Cuando llegué frente al parque me dí cuenta que habían entendido que no era loca, sino que estaba enloquecida.
Entre todos formaron una cerca, los de la compañía de teléfonos trajeron cables, e hicieron lazos. Fuiron achicando el círculo, hasta que uno de ellos, con un tiro
certero,  la enlazó y así fue como pudieron detenerla.

Agradecí a todos y el vendedor de seguros, apiadándose de mi lamentable estado, se ofreció a llevarme de regreso a casa. La perra en el asiento de atrás, y yo en
camisón al lado de un señor que en mi vida había visto.
De pronto me acordé que había dejado el auto con las puertas abiertas y las llaves puestas. Le pedí que se detuviera donde había lo había dejado, le di las
gracias  él se marchó y al llegar al lugar - OH, NO!!! ‘ El auto había desaparecido.

Con una nueva angustia pesándome sobre los hombros y los pies ensangrentados, caminamos silenciosas una a la par de la otra.  Al llegar a la casa, ví con gran
alivio que el auto estaba en el garage con las puertas cerradas, las llaves y las chancletas prolijamente acomodadas sobre el asiento. El alemán había hecho su
contribución.

Las llagas en los pies me tuvieron una semana sin poder caminar y mi cuerpo que no registraba una corrida desde hacia algunos años, requirió varios días para
recuperar sus movimientos naturales, pero en la casa fui ascendida a la categoría de héroe nacional, oficialmente me incluyeron en la historia familiar y ya no hubo
dudas que mi amor era incondicional.

Y después de todo lo ocurrido,  un resplandor de sabiduría trascendental iluminó mi mente y me di cuenta que una vejez solitaria no hubiera sido tan grave ni tan
horrorosa.









Para leer los trabajos de Cecilia Davicco publicados en La Luciérnaga Online, hacer  click aquí.
Tiro las chancletas, dejo el auto en marcha y salgo corriendo detrás de la perra. El trafico viene, la perra va, y yo detrás.  Los autos
tratan de esquivarnos, ella apura la marcha, y yo la sigo a escasos metros sin miras de alcanzarla. Nos acercamos a la intersección.
Deseo inútilmente que la luz roja logre frenarla, como a veces ocurre con los automovilistas. Pero ella cruza en rojo y sigue corriendo
con las orejas al viento. Yo detrás, agitando los brazos y gritando a todo pulmón - PLEASE, HELP, HELP -  

No se como crucé la intersección, ni siquiera ví autos, solo veía una perra que cada vez se hacia  mas chiquita. –Señor querido,
ayúdame a salir de esta. GINGER, veni acá!.  San Roque, San Roque que este perro ni me mire ni me toque!, ah no, ese santo es
para que se alejen, cual será para que se acerquen?. Oh, madre mía, vos que estas más cerca del Poderoso, hace que me ayude.
Si a esta perra le pasa algo, me tengo que retirar al exilio.
CAMBIO DE OPINIÓN
Cecilia Davicco
CECILIA DAVICCO, es una narradora argentina que reside en
Los  Angeles.  
Gran parte de su trabajo narrativo se centra en  experiencias,
personajes y recuerdos de su pueblo natal.
Es una activa participante de la Peña Literaria La Luciérnaga y
actualmente se desempeña como editora de La Luciérnaga
Online.
En los tiempos actuales de globalización y deuda, desempleo e ilimitado control de la sociedad por las grandes corporaciones ha surgido un movimiento de
protesta contra los abusos del nuevo orden. Todos lo llaman Movimiento “Occupy”, ya sea Wall Street o Los Ángeles, por citar algunos ejemplos. Como observador
escéptico, debido a la experiencia que personalmente experimenté, aunque aferrado todavía a un ideal de mejor distribución de riqueza, no puedo menos que
sorprenderme cuando la voz de un poeta norteamericano de Los Ángeles parece continuar con los reclamos por un mundo mejor aun cuando eso signifique atacar
las bases del poder en que se encuentran sustentados los grupos financieros que nos han llevado a la crisis actual.

El autor comentado puede alejar a los timoratos y conservadores demasiado parcializados con su propia inclinación ideológica. Quizá yo no comparta el diseño y la
dedicatoria de su libro. Tal vez me resultan controversiales algunas citas o las notas de contraportada que constituyen una paradoja, dependiendo del espejo en que
se mire pues no brindan, debo ser honesto la esperanza que espero de un soñador. Pero, me gustaría apuntar que esa combinación no impide reconocer que
algunos poetas son capaces de combinar arte con manifiesto ideológico de avanzada como ha sido el caso de muchos creadores a través de la historia.

Y es que desde los siglos en que Horacio escribió acerca de la poesía como deleite y enseñanza, se ha afincado la dicotomía que ha llevado el arte y la literatura por
los caminos de la simple deleitación por un lado y por otro aquel que pretende no únicamente influir en el lector a través de la belleza sino a la mano de un mensaje
significativo que conduzca al mejoramiento humano. La mejor obra literaria combina ambos polos de este dilema estético y por eso pienso que cada época ha de
encontrar su voz en la cotidianeidad y la cosmovisión de su entorno. Mark Lipman, un representante de la lucha por un mundo mejor en medio de la globalización
que se extiende ya al siglo XXI es un ejemplo de lo anterior, entre otras cosas gracias a la publicación de su cuadernillo de versos The Dirt of Despair, traducido por
Antonieta Villamil con el título en español de Herrumbre de la Desesperanza.

Su libro continúa su preocupación por la literatura y la evolución social. Desde artista y escritor hasta candidato al senado del estado de California, Mark parece
envolverse en el compromiso con un mundo que él sueña mejor, aunque suene un tanto anarquista lo que para muchos es una virtud y para otros simplemente
refleja el punto de vista de la destrucción del orden establecido. Personalmente, no coincido con todas sus posiciones pero admiro su pasión por buscar una vía
completamente nueva para la sociedad contemporánea. Concuerdo con él en la necesidad de reformar lo podrido e inservible que nos rodea y rescatar lo mejor de
esta gran nación y de toda la humanidad. En el primer poema que se reproduce a continuación, Lipman busca rescatar esa democracia perdida de la nación
americana y también nos comenta las tragedias contemporáneas desde el atentado terrorista hasta los conflictos del medio-oriente, la guerra y la codicia de las
corporaciones adonde se malinterpreta el sentido de libertad y se ha perdido el respeto por la preservación del medioambiente junto a la predominancia de políticos
corruptos como puede ser Berlusconi para citar solo un ejemplo. No se pierde la esperanza en el futuro y por eso al frente de la disidencia convoca con tremenda
fuerza expresiva a luchar por un mañana mejor:

TERCER MANIFIESTO POPULISTA para Lawrence Ferlinghetti:
Los hijos de un nuevo Whitman despiertan
Retoman la palabra Reinventan la canción
No hay tiempo ya para dormir hasta mediodía en tu blindada habitación
Ya no hay tiempo ahora que Nueva York se desintegra bajo nuestros pies bajo el pisoteo de una nación de ovejas
mientras Kabul del mapa mientras los Palestinos siguen los pasos de los indígenas americanos
extraviados en el eco de miles de madres todos preguntándose “¿Por qué?”
Ni por la libertad por la democracia
Sino por un nuevo mundo gobernado por la filantropía

El poemario, traducido con mucha fidelidad a su original reitera su interés en un orden nuevo y por eso “Imponiendo Democracia”, la segunda composición, critica
las falsedades de la opresión gubernamental, la expansión imperialista y el “Daño colateral” que significa la matanza inmisericorde de civiles en las conflagraciones
actuales. Junto a lo anterior se denuncia el robo descarado de lo que él llama junto a sus compañeros, el noventa y nueve por ciento. Obra combativa, señala males
como la utilización de mano de obra barata que él califica como nueva forma de esclavitud que combina los elementos de la falsa democracia, por ser impuesta y no
real.

El verso fluye perfectamente en la pieza mencionada previamente y no puede negarse la influencia de esa poesía de lo cotidiano que en inglés se afincó ya por
décadas y que tiene fuerte tradición en Latinoamérica. Lo conversacional y discursivo cuestiona con ironía lograda hechos tales como la denuncia de la violencia.
Ejemplo de lo anterior lo podemos leer en la estrofa adonde señala: “ Cuando dices que/Estamos en guerra,/Yo pregunto ¿Y desde/Cuando no hemos estado/Es tu
versión/De la paz sin fin. Por cierto, la traducción transpone perfectamente a la lengua cervantina el original en inglés.

En “Boicot para Arizona” el juego de imágenes precisas condena la discriminación del emigrante y por eso la sección adonde se nombra al ya infame alguacil
Arpaio disparando a la gente morena constituye un esfuerzo poético y social por ayudar al segmento menos protegido de la sociedad norteamericana que como
antes otros, busca mejor vida sufriendo el desprecio de los que de turno se consideran los únicos americanos. Quizá el final, algo panfletario no le quita mérito a
esa pieza testimonial.

Recorrer el resto de los versos resulta una aventura similar a leer un poeta que como Maikovski, ese autor ruso de principios del siglo XX quien encendía sus ideas
con el renovador futurismo de su época y quien cargado de amarguras decidió suicidarse. Algo de Whitman en ese afán humanista pero matizada con un tono más
siglo XXI nos mueve por el resto de la colección. Retoma la tragedia del 9-11 en “De lo Último Que Me Acuerdo”, uno de los más logrados desde el punto de vista
poético. Versos como: “La contorsión igual a un crujido/Y el grito al caer un cuerpo/Desde el siglo 110/La explosión tornándolo a escombros/Desparramándolo
sobre mi parabrisas” nos ofrecen una imagen dramática de aquel momento.

Pero no es sólo la tragedia lo que representa este poema, sino también el amor en medio de la desgracia porque la voz poética se dirige a la amada. Veamos:
“Sabiendo que este momento en particular/ Cambiaría el curso de la historia/ Abrí la carta que enviaste /Para leer las palabras:/ Te amo”.

Lipman alcanza en estos diez poemas, suerte de número mágico, muchos elementos consustanciales al acontecer de nuestra época, especialmente aquellos
referidos a la avaricia corporativa. Así en el poema “Come A Gula Tu Oro” señala que “Una locomotora fuera de control./ Armagedón llega de inmediato/ para la era
del cómputo.” Otras veces continúa esa semántica actual con Bonos de basura Comida de basura Vida de basura para referirse a “La matriz está muerta” que es
Estados Unidos, el país calificado a su vez como “Tierra de basurero.”

Los últimos versos se agrupan en “Por lo que ha de venir” que mezcla el tema de la amistad con la desesperanza. Así también el poema “El Gobierno No Me Deja”
sobre el totalitarismo implica el control del estado como Gran Hermano que muchos conocemos por haber vivido en otra versión de un sistema que convierte al
ciudadano en sirviente. Junto a lo anterior “Herrumbre De La Desesperanza” que da título al poemario continúa la línea semántica de enfrentamiento al status quo y
complementa la línea estética e ideológica del libro aunque no es, en mi opinión la mejor de las composiciones.

Para finalizar pienso que este tipo de manifiesto artístico no puede desparecer a pesar de que algunos cuestionen los fundamentos expresivos y la visión del
mundo que rechaza el nuevo orden que se pretende imponer a las masas. Mark Lipman no sólo protesta frente a la sociedad en que vive y lucha por cambiar. En la
última composición INVIERNO YA CERCA el álgido recorrido que exhala muchas veces pesimismo frente al mundo caótico y destructivo tal como él lo describe hay
unos versos que conminan a seguir buscando el mejoramiento humano y por eso la conjunción de todos sus objetivos se cristalizan en ideas que comparto
totalmente y que ameritan leerlo:

……………………………………………
Esta puede ser la ocasión final
Y mientras cruzamos el declive
No dejes que nos roben
Los últimos remanentes de esperanza.
No, no dejes que nos roben
Los últimos remanentes de esperanza.




JULIO BENÍTEZ es miembro del Consejo Editorial de La Luciérnaga Online.  Por sus actividades en el Comité Cubano de Derechos Humanos, fue un preso politico antes de emigrar a Estados
Unidos. Narrador, crítico literario, poeta y profesor universitario e investigador, recibió numerosos premios como el Rubén Martínez  Villena, Frank Pais, Regino Boti, Tomás Savignon y
Encuentros de Talleres Literarios. Entre sus varias publicaciones se encuentran
La reunión de los dioses y El rey mago.


Para leer todas las publicaciones de Julio Benítez, hacer click aquí.
E N S A Y O S
El GRITO DE PROTESTA EN THE DIRT OF DESPAIR (Herrumbre de La Desesperanza) de Mark Lipman
Julio Benítez
© La Luciérnaga Online, 2012

La vida es como una enciclopedia: viene por fascículos y llena de sabiduría.


Un verdadero amigo es aquel que nos enriquece y perfecciona, no por lo que de él mismo nos da, sino por lo que de
nosotros mismos descubre.


Por querer ser el país número uno, Estados Unidos es el mayor consumidor de cocaína en el mundo.


El coraje no es más que una especie de terquedad.


Si nos toca la luz roja de cada semáforo, es porque vamos atrasados.


Mandamiento obvio: No coleccionar infracciones de tránsito.


En los países comunistas el que intenta suicidarse es condenado por atentar contra una propiedad del Estado.


Hay dos formas de ser rico: ganando más o deseando menos.


Para el emigrante, la esperanza es lo último que se pierde. Para el inmigrante, lo primero que se pierde es la
dignidad.


En la intimidad las parejas exponen su privacidad.


Ante el sexo consentido, la demanda es sin sentido.


Definición de Prisa: Virus de epidemia mundial.
R E F L E X I O N E S
Rafael Carvajal, colombiano que escribe ingeniosos  dichos   
populares que aparecen en publicaciones como
Tiempo Sur e
HispanicLA.
rafiacv@yahoo.com
M Á X I M A S   Y   M Í N I M A S
Rafael Carvajal