Volumen III * Número 2 * MARZO-ABRIL 2009
Como de costumbre, en la peña del 18 de abril hubo música, poesía, cuentos, pinturas, empanadas, cabernet
sauvignons y mucho más. Pero lo que diferenció a esta peña número 43 de las otras es que, por primera vez, nos
conectamos en vivo y en directo, gracias a Skype, con Calí, Colombia, desde donde el poeta y periodista Manuel
Tiberio Bermúdez compartió parte de su trabajo, a través de una pantalla gigante con los 36 luciérnagos que nos
habíamos reunido en esa noche esplendida de primavera.

Esto es el comienzo, evidentemente, de toda una serie de posibilidades en las que la creación artística y la amistad se
interceptan con la nueva y revolucionaria tecnología.  Ya se habla, por ejemplo, de una reunión literaria en Colombia,
en la casa de Manuel Tiberio, desde donde algunos poetas y escritores colombianos podrían compartir sus trabajos,
en vivo y en directo, con la gente reunida en la Peña LIteraria La Luciérnaga, en Los Angeles.

Un saludo y agradecimiento a todos los que hicieron posible otra velada de alegria: Pepe, y su increíble habilidad con
la guitarra; José Manuel, Mixtli, siempre leales a esta idea de la peña y la literatura; mi querida amiga Agueda; Rafael
Carvajal, quien con sus Máximas y Mínimas realmente nos hace reflexionar; Rafael Figueroa, ese gaucho que resalta
valores nacionales; Magdalena, una bienvenida cara nueva; Alberto Delgado, siempre listo a desenfundar esa
guitarra y entusiasmarnos con sus canciones; su estimada esposa María; mi amigo Saúl; su acompañante Liz; Andrés
y Claudia Raab, con los que me une una larga trayectoria en querer promover eventos culturales; Anna, Noemí;
George, infaltable a peñas y recitales de la región; Oscar, con tanta experiencia en cuestiones literarias; Celerino, un
poeta que surge con muchas promesas; Julio, el poeta amigo del Caribe; mi querida Cecilia Davicco; Raúl, el humilde
trabajador del verso; Mauricio y Cristina, que reaparecieron después de una prolongada ausencia; Cecilia Mármol,
que trajo una hermosa pintura que aparecerá en la Galería de Arte de La Luciérnaga; Arturo; Daniel, nuestro amigo
de la poesía y las artes plásticas; Armando Blanco escritor, cantor; Armando Marroquín, poeta que no duda en decir
lo que piensa; Gabriel, el reconocido periodista y escritor que ha abierto las páginas de hispanicla.com a la peña;
Alberto Franco, siempre dispuesto a compartir una canción y un verso; y, por supuesto, su muy elegante y simpático
hijo Paul Isaac; Jairo, este gran trabajador que no solamente nos conecta a través de Colombia Informa Radio sino
que nos ayudó en establecer el vínculo con Cali, Colombia, y su hijo que tanto aporta con las grabaciones; Claudia
Carbonell, la escritora de cuentos infantiles; y Henry, un poeta y analista.

Gracias a todos y hasta la próxima...
D E L  E D I T O R
CONECTAMOS A LA PEÑA EN VIVO
Y EN DIRECTO CON COLOMBIA
Néstor Fantini
P O E S Í A S
EN LA PRIMAVERA DE TU MUERTE
(fragmento)
PACHA MAMA
Maythé Rueda
Celerino Hernández

Nos concibió en su vientre de barro húmedo
aguado por los oscuros rios de su tierra natal.
Y nos concibió tarde, justo antes
de que las hadas del otoño
arrastraran sus semillas a los pantanos.

Heredamos la sangre altanera de su raza sagrada
venida a menos
que aclaró nuestra piel y afinó nuestras facciones
para que no se note
la mezcla pobre y sudorosa de los autóctonos.

Nos escupió de su vientre ya seco
para envolvernos entre sus carnes tibias
y protectoras hasta ahogarnos
en la inútil lucha por escapar a la vida
que pululaba lejos del nidio tibio
artificial y ascéptico
en el que nos escondía del mundo.

Crecimos como zánganos
alimentados de su leche amarillenta y espesa
enredando nuestras zarzas mezquinas
entre su carne blanda y abundante
hasta absorber su savia por completo
y apagar los luceros
de su purísima mirada verde
que se perdió en el siniestro olvido de los tiempos
con la esperanza de la resurrección.

De marzo a marzo
un invierno largo y persistente
se ha llovido
hay recuerdos que se acentúan tan frescos
como tu constelada mirada rondando los precipicios
...........................................del cafecito aguado
..........................................................tacita de barro

El frío te encuna ahora
en ese radical exilio al que huiste
intocable
.....absoluto.....engusanadamente.....irrevocable

..........................................................................encierro de tus aguas cristales




Ya no tengo la tentación mágica
de descifrar tu simbología gesticulativa
en la honda aspiración de tu cigarrito aventurero
...........................................................cariacontecido su fuego
y el cempazuchil maullando por su nostalgia

ah mi barbudo
............tierno
.................espinado
paciente como un oso desnudo y huérfano
el bosque entero enlapado en tu lomo
.......................................prematuramente enlerdado
la amragura te precipita
en esta cascada de silencio húmedo y tierroso
...................................................solitario y marginado
tú y tus pasos
.............no´más

....................Cenzontle sin canto para su propio llanto

........................................obrero sin martillo con que golpear tu tétrico oasis
Maythé Rueda, candidata al doctorado en
literatura de UC, nació en México.  Este
fragmento fue originalmente publicado en La
Hoja, De poesía y literatura, #1, diciembre de
1991.
Agueda Cabrera es una psicóloga argentina
que reside en Los Angeles, California.
SUEÑO
Agueda Cabrera
Celerino  Hernández   es un poeta
mexicano que participa de la peña
La Luciérnaga.

Recuerdo la noche cuadrada,
ahí soñé
ahí muchos han soñado,
otros sueñan...
busqué mi sombra
más eran sólo cuerpos,
sólo cuerpos a mi lado,
me miré,
quise tocarme,
más eran sólo cuerpos
sólo cuerpos a mi lado.
Vomitaban arena
buscaban a tientas sus labios;
y una pared entera
con el vértice a nuestros lados,
qué sueño extravagante;
un sueño
dos sueños
ahí quedó
ahí despertamos.

Fue, creo, en 1977, o 1978. Más o menos para la época
en que tú habías nacido, allí lejísimo, lejísimo... Yo ya
era soldado reservista, es decir, un civil que se pone el
uniforme por dos meses por año, o lo que es lo mismo,
un militar que se quita la fajina durante diez. Y me
reclutaron para lo que prometía ser un mes bucólico,
casi de vacaciones, como uno de cuatro reservistas que
poblaríamos una posición fortificada a pico sobre el río
Jordán. Esto hacíamos: seis horas de guardia por día,
dormir el resto, limpiar el habitáculo que estaba
enterrado debajo de las rocas y la vegetación verdísima,
aceitar las armas, probarlas previa autorización del
comando regional, ponerse de acuerdo en quién iba a
cocinar (siempre era yo el elegido, pero eso tenía
también beneficios; por ejemplo, no lavaba los platos) y
qué comeriamos, servir el almuerzo y una cena como la
gente como personas de bien que éramos. Y después
otra y otra vez dormir; de día en nuestros catres de
campaña, enterrados debajo de cinco cobijas militares
grises como el alma, cobijas con polvo de generaciones
de soldados como nosotros;  de noche dormir allá
arriba, en la torre de vigilancia, pero dentro de una
muesca de un metro de altura que emergía de los
túneles y trincheras, con uniforme y botas y los fusiles
cargados a mano, un sueño entrecortado y fugaz y el
resto era mirar.

Porque en las seis horas de guardia, más aquellas
durante las que yo me ofrecía a reemplazar al guardia
para voluntariamente quedarme allí, yo miraba a través
de un largavista telescópico. Estaba empotrado en el
suelo, con sus acimut y direcciones y rosa de los
vientos grabadas en el metal, era un telescopio diría
personal, muy mío, con el que mi ojo cruzaba el río
Jordán y más allá, entraba al reino haschemita y se
retorcía por los caminos empolvados de la zona militar,
y miraba a soldados y policías y falsos agricultores y de
cuando en cuando el jeep de algún oficial que venía a
consolar o a reprender a Ahmad.

Ahmad era el nombre genérico que le puse a todos los
soldados jordanos que desde su propia posición
fortificada me miraban con su propio supertelescopio.
Nos mirábamos entonces, mediantes esos ojos ajenos

y deformes y a veces nos saludábamos o nos
insultábamos, lo que en la frontera es lo mismo.

Fue allí donde me convertí en el mirón, el veedor, el
voyeur de vidas propias y ajenas, y encontré mi vocación.

Muy pronto nos pusieron en estado de alerta: habían
secuestrado un autobús en pleno camino a la ciudad
donde yo vivía, matado a 28 de los pasajeros antes de
morir... pensaron que alguno de ellos había logrado huir
y decretaron el toque de queda, nadie entra, nadie sale, y
nos avisaron que todas las licencias quedaban
canceladas y que en lugar de uno por turno seríamos
dos en la guarida, y que especialmente cuidado con
Ahmad.

Fue entonces cuando con mi telescopio personal
comencé a ver del otro lado del Jordán también a los
niñitos árabes cuando iban a clase de mañana y
regresaban de la escuela a la tarde, y a las mujeres que
cargaban enormes fardos y a los hombres que andaban
en burro delante de ellas, y cuanto más belicosa se
ponía más paisajes de paz y memorias yo veía, hasta
que vi mi propia casa, allí a través del ojo gigantesco, y
estaba cerrada y vacía y nadie en ella, y fui entonces a la
casa de mi madre, me esperaba con un plato caliente de
sopa, y cuando comenzaron los primeros disparos yo ya
había llegado a mi ciudad natal y me deslicé mirando
siempre por las calles de mi barrio porteño y la escuela
de mi infancia y los sitios donde estudió mi padre.

Disparamos primero. Un Ahmad, dos quizás, cayeron al
agua. El jeep del oficial se alejaba velozmente. Una
granada que cayó de ningún lugar estalló en las
trincheras de nuestra torre de vigilancia con su destello
enceguecedor...

Por eso te miro ahora, como si no hubiese mirado
nunca, cuando me besas y cierras los ojos, y también
cuando llegas de un viaje largo y abrazas tiernamente a
otra gente, y soy yo quien recibe tu abrazo y contengo la
respiración para que el abrazo dure para siempre. Y
estoy mirando desde entonces tus ojos ardientes,
árabes, que lo dicen todo sin decirlo, y mirándote acaricio
tu mejilla y con mi mano la cubro y la seco.
El largavistas telescópico del Jordán, yo ya lo llevo
adentro.
C U E N T O S
EL OJO
Gabriel Lerner
Gabriel   Lerner,   ex soldado,
periodista,  poeta,  reside en
Los      Angeles    en    donde
publica www.hispanicla.com .
Mónica

Luego de una alucinación muy extraña mis imágenes se
dispararon hacia el espacio virtual que me libera de mis
demonios. Hace días que estas pesadillas me
acompañan. La frustración se cruza entre mis
emociones. El sueño se fue como se le espantó a mis
amigos, como se le escapó también a la jueza
implacable de mis súbitos ataques de romanticismo en
pleno siglo veintiuno. Razones sobraban para mis
extrañas representaciones y no tardaría en agregarse un
nuevo problema. He tratado de superar las crisis pero
debo confesarte que no ha sido nada fácil.

Entonces aparecieron los nuevos vecinos, los que
ocupan las tierras cercanas por el recodo de montañas
frías y calientes adonde los grados van y vienen como
espuma.  No, mejor te cuento que los tipos me
estropearon todo. Antes vivía en paz. Al menos me lo
creía y esta entrada que puede ser salida de Los
Ángeles y umbral del valle mataba mi sed de ocio. Pero
ahora trajeron sus complicaciones al suburbio que no
aleja sino que atrae las pandillas. Caemos en las
mismas de San Fernando y del mero Sur Centro. Se
mudaron los muy hijos de su madre para acabar con la
quinta y con los mangos que es como declarar la guerra.
Y no hay duda. Esos de enfrente tienen cara de cholos.
Teníamos suficiente ya con la Armenian Power y La raza
de México libre.  Estos otros vinieron a complicarlo todo.
Tal vez y siga el consejo del huero de la esquina que me
recomienda que llame la migra si tanto me molestan
porque seguramente son ilegales. Quién sabe si un día
se echan sus fogonazos y esparcen sus drogas para
andar salpicando de muertos el barrio.

Pero no quiero ser pesimista y por eso yo sueño que
esas parcelas cercanas se cubren de flores aunque la
realidad es que mis fantasías se revisten de basura y
tierra seca. Prefiero no voltear la cara sino luchar con el
resto de los del Comité de Vecinos y espantar los
intrusos porque vegetar sin hacer nada entre estos
venidos de dios sabe dónde no es cosa fácil. Ya
tenemos bastante con mezclarnos con narices
exageradas y sabores que son para no negarlo como
exaltación mágica de los sentidos que los anglosajones
casi inodóricos apenas perciben. Los vecinos nos
espantan con sus sinfonías de ropas sin baño. El aseo
diario no es precisamente priviliegio del viejo mundo.
Bueno, parece como si me encontrara en el Zoológico de
la Habana, digo el nuevo adonde las distintas especies
se adueñaban del espacio odorífero. Coñó,… ¡que peste
mano!

Aquel perrote grandote no me dejaba tranquilo y me
miraba desde los umbrales de mis desgracias como si
tuviera vista telescópica. No sé si todos los excesos de
mis horrendos derrames de licor exaltaban mis visiones,
sabes, cuestión de borracheras.  La cosa es que el perro
casi león de África empezó a husmear y lo podía sentir a
las tres por la mañana o la tarde pero fue creciendo
hasta casi acabar con las ánimas que se acercaban a su
lengua más grande que un dragón de Sumatra. Mientras
tanto los vecinos desembarcaban otros cachivaches
como para anunciar su estancia definitiva.  No te
extrañes porque aunque me haya como mexicanizado
me quedan estos remilgos de cubano regionalista que
tanto le joden al Néstor que siempre se nos va para
Argentina cuando lo necesitamos para cubrirse de
izquierdismo y sueños de emigrante arrepentido que se
goza luego en su casita de North- carajo ¿será Reseda?  
No sé por qué viene al caso esta mención que no quiero
meterme ni con Cecilia ni Norma ni Águeda porque no es
apropiado incluirlas en mis pesadillas. Debía mejor
describir al Raúl o a la Elsa que son más serios en eso
de las invitaciones para el taller que tiene pocos versos y
mucho etílico. ¡Ah carajo! y el perro que abre su bocota
amenazando desde la yarda de enfrente y que yo
interpreto como si me quisiera decir que ya te voy a
cachar, prepárate. Entonces volví a la computadora en
medio del insomnio cuando la acumulación de gases
compresados me robaban el sueño precisamente
adonde el animalote me quería destrozar. Así que en ese
momento me interrogo si acaso vivo una vida plena o
una perra vida.… Cuidado con eso de perros que allá
estaba el grandote y los cholos de la Mara-eso creí. Sonó
un disparo o tal vez un cohete que está prohibido.
¡Condenados serotes!. Cosa rara porque así como se
escucha el eco de la explosión también siento que se fue
el tiempo. Soy más viejo que Matusalén. Tal vez la
borrachera y el dolor en el pecho me hizo creer que me
habían herido. El can aúlla y se monta bien algo en
cuatro patas que parece una chola rodeada por un coro
que grita y lanza botellas. Llamo la policía y bajan la
música y la mujer se esconde y el perro yace manso y
burlón con esos ojos rojizos que parecen atravesar la
noche y burlarse de mí. De pronto despierto y siento que
la reina no es del perro y me pertenece. Salgo del teclado
hacia el aire de este verano frío de calentamiento global.
Mi mujer me sorprende y me mira con ojos encandilados
¿qué te tomaste un Viagra en la mera noche o te quieres
echar la vieja del frente? Joder, qué me enfría las ansias
hormonales y el perro de raza gigante vuelve a sonar la
lengüeta jadeando peor que una conga desafinada
mientras la niña volvió a salir para colocar su dulce en la
boca del animal. Cierto es que aprendí mucho porque
esos tipos sí que son depravados. Parece que se
masturban disfrutando el espectáculo de bestialidad
pública mientras exhalan sus pitillos de marihuana y
disparan sus cohetes. Me paso de tragos y rechazo las
insinuaciones de mi mujer y quisiera olvidarme de que
son cholos ilegales. Esas bacanales superan cualquier
juego de navegación o retahíla imaginativa de manos
rápidas. “Hey Dude, you ruco” siento que me gritan del
otro lado, el de la peste y los actos depravados, de la
yerba pródiga y el jardín abandonado.

Los ignoro pero repiten sus gritos. Al fin con mímica
agarrotada les respondo qué quieren y siento que la risa
estruendosa, que los aullidos salvajes me restriegan
preguntas nuevas. “¿Cuál te gusta más el perro o la
mujer? Si quieres te lo mandamos para que te calmes”.
Eso me abochorna primero y luego me indigna. Ahora
mismo podría llamar la Migra porque a la policía no le
hacen caso y sólo pierden el tiempo.  Sueltan otros
cohetes. Me imagino que aprovechan la festividad. La
muchacha se levantó la falda haciendo señas.

Bueno, que leerse todos los libritos de amor por venir o
que se sueñan no es únicamente cuestión de folletines
que escribieron primero en el diecinueve. De lo erótico

nos movemos a esta situación en que estos depravados
sólo conocen de literatura porno como para reafirmar
que los patrones estéticos cambian. Me voy porque el
perro se mueve y se dirige exactamente a los pies de mi
ventana y ya no puedo concentrarme en este librillo La
mesera de las tetas de oro que hojeo cuando pierdo el
equilibrio jugando con, bueno ya se sabe. Qué títulos se
echan estos tipos que se hacen los serios. ¡Qué carajo!
El animalote de al lado gruñe como el que tiene hambre.

Es puro ocio y los vecinos no permiten siquiera
disfrutarlo como se debe. El ocio se vuelve pesadilla y la
pesadilla destruye. Ya me lo advirtió mi compinche de
vinos y farras: “órale joven, cuidado, abusado no deje que
la mente lo domine porque ya está madurito para los
malos pensamientos”. ¡Qué osado se vuelve uno con el
vino!  Aquella noche después de compartir tragos con los
cuatros gatos del taller literario me disparé otra historia
adonde la obsesión la produce el perro, los cholos de
enfrente y también la muchacha con sus adornos al
viento. El cerebro sí traiciona y Alberto tenías toda la
razón cuando me señalaste que a mi cuento le falta
coherencia y más bien parece manejado por los delirios
y la falta de la lógica: Abusado que eso pasa cuando se
abusa del chupe, me dijiste. Tengo que escucharlo
porque en eso de chupe el hombre tiene experiencia.

Por eso ahora evito el trago aunque esto de no hacer
nada gracias a las vacaciones tan extensas y la falta de
dinero cómo que ya me va cansando. Volví frustrado
frente la computadora. Siento el perrote preparándose
para saltar y morder. No puedo resistir la tentación y
agarro el Gentlemen Jack que anda escondido por el bar
semivacío y me sirvo casi medio vaso y luego otro y
entonces el animal comienza a husmear mi cuerpo.  Me
parece que me han mordido. Me defiendo de los ataques
de mi mujer que no entiende y siempre me critica por mi
pereza.

---Qué ocio ni qué cosa muerta. Lo que te pasa le dicen
flojera o haraganería. GÜEVÓN. Párale que hay mucho
que hacer. Hay cambiar el niño se ha meado una pila de
veces.

¿EL niño? ¿Hace cuántos años se fue? ¿Cuánto tiempo?
Hablaba del nieto. Ahora nos permiten verlo y cuidarlo y
por eso me preocupaba tanto el perro. Fui al baño y me
lavé la cara para alejar el tufo a alcohol y ahí estaba el
perro con su lengua y su saliva que atraviesa la ventana y
el cristal como saliendo de mi espejo.

----¿ Qué tú dices?¿ y adónde te mordió? No me digas.-
preguntó ella- ¿ahí atrás? Déjame ver.

Apenas la escucho. Había caído en el sopor de la
inconsciencia. Ya no me importaban ni los cholos ni sus
ruidos. No me asustaban sus disparos ni me excitó el
juego de la joven y el perro. No me acuerdo tampoco de
los libros de sueños y numerología. A lo lejos escuché
gruñidos y no sé si provenían del animalote o de ella “El
niño se meó y lo he cambiado mil veces. Yo no veo
ninguna mordida ¿Por qué no lo buscas tú mismo? No
puede ser nada malo”. Me dice como un sonido perdido
en la distancia.

Desaparezco. No me interesan las historias, tampoco
alcanzo a controlar mi cuerpo. Duermo hasta roncar y
apaciguar los ladridos que no me asustan. No me
importó nada ni siquiera las mordidas que me
destrozaban. Luego, creo que pasaron algunas horas.
Había mucho ruido y carricoches que salían de la zona
de al lado. A mí qué carajo me importa el perro, repitió
ella una y otra vez. Ok, déjame revisarte porque sino
como te puedo creer. ¡Borracho!. Me abochorné y apenas
alcancé a convencerla de que somos un par que nos
debemos el uno al otro en medio de tantos
desconocidos. Ni el americano de la esquina ni los
vecinos del comité nos ofrecen la compañía que
buscamos. Si no hacemos el amor entonces estamos
jodidos, le digo.  Ella se río porque en el fondo me quiere
y lo necesita tanto como yo. La noche se fue y en medio
de una madrugada de verano un par de casi ancianos
jugamos un rato al Kamasutra.

Luego el perro regresa porque es como si el whisky y el
animal se buscaran el uno al otro. Magdalena regaba las
flores mientras me dirigí a aquella bestia sin nombre que
estaba aquí en mi cama de la ciudad de Glendale. Eso
sucedió luego del mediodía.  Primero, salí de compras y
luego paré en el bar que le gusta a mi hermano y adonde
las meseras te cobran ocho dólares por conversar un
rato. Bueno, había que regresar y en eso del ocio, de las
ideas que no me salen volví al alcohol y me tiré a una
siesta adonde Perro, perro aléjate le dije. Fue cuando se
lanzó hacia mí. Luego me yergo enojado y dispuesto a
botarlo de mi colchón cuando para mi sorpresa se
metamorfoseó en cholo. “Viejo serote”, me grita mientras
saca el arma. “Así que vos llamastes la chota”. No tuve
palabras para responder. Para mi sorpresa la muchacha
del patio de enfrente se me enseñó desnuda y sabes
qué. Pues que me incita. “Tocálo que es la última vez que
agarras uno” me dijo. No entendí completamente pero no
pude tampoco porque el perro triplicado se lanzó sobre
mi cuerpo cincuentenario y rollizo.  Sentí que me faltaba
el aire. Afuera mi esposa cuidaba de sus rosas y no
pudo escuchar mis apagados gritos de auxilio. Los
cholos se intercambiaban de género y yo no podía
controlar el vomito ni el pánico por culpa de aquel canino
hipopótamo. Las imágenes me invadieron sin mucha
coherencia. Ahora sí que no bebo más me prometo a mí
mismo en ese instante. Y como te cuento Alberto ya no
me pruebo ni un vino fino.  Porque aquel día luego de
que me dispararon sentí que me clavaban los dientes y
que súbitamente el sueño regresaba como si fuera una
mascota vieja a punto de morir.  Cuando salí del hospital
observé mi cama aún con temor y escudriñé a lo lejos a
través de la ventana ¿dónde se metió el maldito perro?
No sé qué tiempo pasó pero hacía frío y el animalote no
se asomaba. Creo que el gringo de la esquina llamó la
migra y resultó que todos nacieron en la Pequeña
Centroamérica. Yes, man. American citizens. Mujer
está tranquila y ya no pruebo alcohol mi socio. Ahora un
animalito manso corretea entre la vegetación de mis
vecinos. La muchacha ya no parece chola aunque a ratos
se escuchan disparos y el olor a mota invade el barrio.
¿Seguro que me comprendes?  Pero déjame terminar.
Para serte sincero, hoy ya no aguanto más y me voy a
emborrachar. Al diablo con los sueños ¿Me acompañas?
PESADILLAS
Julio Benítez
Julio Benítez es un prolífico
poeta y novelista cubano que
ejerce la docencia en Los
Angeles.

La palabra distingue a la gente de las bestias. Aunque hay
quienes la usan para decir bestialidades.

Hay políticos ascendientes que terminan embajada.

Los ciudadanos esperamos que con Obama, muy pronto se
aclare el momento negro por el que estamos atravesando.

La policía antimotín usa cascos a prueba de ideas.

En la publicidad el sexo sentido es lo primordial.

Leí por ahí: "Un cóndor disecado desapareció de una
exposición dedicada a las especies  en peligro de desaparecer".

Aquellos que lucen la argolla de matrimonio en la mano
equivocada, se debe a que están casados con la pareja
equivocada.

Un callo es duro de llevar.

El problema con la humanidad está en que cada uno se
considera un Cristo, cuando la realidad es que todos somos
Judas.

Lavar consiste embadurnar las cosas con jabón.

El peine al igual que algunas cabezas, tiene pelos y no piensa.

Definición de Rasguño: Firma del gato.
R E F L E X I O N E S
MÁXIMAS Y MÍNIMAS
Rafael Carvajal
Rafael Carvajal es de Colombia. Escribe
ingeniosos  dichos populares.
Cecilia Mármol  visitó la  peña  
y presentó uno de sus cuadros.
 Otros se pueden ver en
nuestra Galería de Arte.   
  VER
A R T E S  P L Á S T I C A S
Cecilia Mármol

LA LUCIÉRNAGA ONLINE:    Podrías explicar por qué el
golpe militar del 24 de marzo de 1976 fue diferente a
otros golpes de estado.

NÉSTOR FANTINI:    La historia de los golpes militares
en Argentina se remonta a 1930 cuando el general José
Félix Uriburu derrocó al gobierno constitucional del
presidente Hipólito Yrigoyen, comenzando lo que en la
historia argentina se conoce como la Década Infame y
también comenzando lo que sería una larga lista de
asonadas militares.  En términos generales, las
incursiones de los militares en el gobierno, como en
otras partes del mundo, era para ayudar a implementar
la agenda de uno de los diversos grupos de intereses
económicos  que no podían llegar al poder a través de
las urnas y optaban por el movimiento de fuerza.  En ese
sentido, los golpes implicaban reprimir a algunos focos
de resistencia e imponer a su hombre en la Casa
Rosada que favorecía a los monopolios internacionales,
la burguesía nacional , el sector agroexportador o el
sector de turno en el momento.  El 24 de marzo de 1976
fue diferente porque todo el partido militar estaba
unificado en lo que se llamaría el Proceso de
Reorganización Nacional que buscaba cambiar la
fisonomía política y económica de la nación.  Los
líderes, el general Jorge Rafael Videla, el almirante
Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Agosti
deseaban destruir la oposición de izquierda, someter el
movimiento obrero sindicalizado, debilitar el sector
industrial e imponer una Argentina de orden occidental,
cristiana y agroexportadora.  Siguiendo la Doctrina de
Seguridad Nacional, y con la excusa del peligro
comunista y de reprimir a la subversión armada
(irónicamente diferentes análisis sugieren que, para
1976, los movimientos armados más importantes,
Montoneros y el Ejército Revolucionario del
Pueblo/Partido Revolucionario de los Trabajadores, ya
no contaban con la capacidad operacional como para
representar una verdadera amenaza al estado), se inició
una campaña represiva que desmanteló instituciones
democráticas y, como sacado de un manual de
contrainsurgencia, se transformó a casi toda la
población en potencial enemigo.



LA LUCIÉRNAGA ONLINE:    En términos generales,
¿cómo se organizó e implementó la represión?   

NÉSTOR FANTINI:    La represión ya había comenzado a
comienzos de 1975 cuando las Fuerzas Armadas
comenzaron el Operativo Independencia que les daba
mano blanca en la lucha contra la subversión.  Pero es
con el arribo al gobierno de los militares que comienza
un sistema muy peculiar de doble estado.  Por un lado,
el estado legítimo que mantenía una cara oficial y que
asumía responsabilidades por sus acciones y, por otro
lado, un estado secreto, clandestino, que se encargaba
de “hacer el trabajo sucio”.  El estado legítimo, por
ejemplo, decía que un grupo de guerrilleros que estaba
detenido en una cárcel era trasladado a un juzgado y
que de pronto fueron atacados por otros guerrilleros que
los intentaban rescatar.  El estado legítimo, a través de
sus portavoces, emitía comunicados que acusaban a la
subversión del ataque y las muertes en las que,
sintomáticamente, ningún miembro de las fuerzas
armadas terminaba ni herido.  El estado secreto,  
clandestino, era en realidad el que había trasladado a
los detenidos y que los había fusilado.

El estado secreto estaba muy bien organizado, como lo
demostraron los estudios de la Comisión Nacional
sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que
encabezara el escritor Ernesto Sábato, y en los que se
ubicaba a los miembros de la Junta Militar, los
comandantes de los Estados Mayores, los Jefes de
Cuerpo de Ejército, a la cabeza de regiones y
subregiones en las que operaban grupos de tareas
(GT), integrados por miembros de las Fuerzas Armadas
y de seguridad, que mantenían más de un centenar de
centros clandestinos de detención (CCD) en donde
trabajadores, estudiantes, médicos, sacerdotes, amas
de casa, eran torturados y asesinados después de
haber sido secuestrados.  



LA LUCIÉRNAGA ONLINE:    Podrías mencionar algún
caso específico de alguien afectado por ese aparato
represivo.

NÉSTOR FANTINI:    En junio de 1976, en medio de la
represión, el abogado Miguel Hugo Vaca Narvaja, que
fue arrestado por defender a prisioneros políticos, fue

removido de la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba (UP1),
en donde se mantenían tres pabellones con prisioneros
políticos, y trasladado al Centro de Detención
Clandestina de La Perla, junto a otros dos detenidos.  
Allí, un oficial del ejército le informó que lo habían llevado
a fin de ejecutarlos en represalía por el asesinato de un
funcionario gubernamental, pero como ya se habían
'cobrado' las muertes, serían retornados a la UP1.  Pero
que no se hicieran ilusiones, pues estaban a la cabeza
en la lista de quienes morirían.

El caso Vaca Narvaja, hijo de un ex ministro del Interior y
hermano de un jefe Montonero, era parte de una
campaña internacional que puso gran presión en el
gobierno de facto y que llevó a la Corte Suprema de
Justicia, en un sorprendente acto de independencia, a
ordenar que se le permitiese salir del país.  La respuesta
del gobierno militar a estos ´insolentes jueces´ fue, cinco
días después del dictamen judicial, retirar a Vaca Narvaja
de la UP1, junto a otras tres personas, llevarlos a un
descampado, el Chateau Carreras (en donde años
después se jugarían los partidos del Mundial de Fútbol) y
ejecutar a Vaca Narvaja, Higinio Toranzo y Gustavo De
Breuil.  Al cuarto prisionero, Eduardo De Breuil, los
militares le hicieron bajar la venda y ver los cuerpos de
los asesinados y le dijeron que volviera a la UP1 para
que les informase a los detenidos que eso era lo que les
iba a pasar, uno por uno, a todos los que estaban allí.  



LA LUCIÉRNAGA ONLINE:    Al final, ¿cuántos se estiman
que desaparecieron?

NÉSTOR FANTINI:    La cifra es muy difícil de determinar
ya que en muchos casos nunca se hicieron denuncias.  
Un número que fue inicialmente usado por una de las
organizaciones protectoras de derechos humanos más
prestigiosas del mundo, Amnistía Internacional, y que
muchos otros han seguido utilizando, es el de 30,000
desaparecidos.  Una cifra tremenda.  Proporcionalmente,
es como si aquí, en EEUU, desaparecieran 360,000
personas.



LA LUCIÉRNAGA ONLINE:    Después de más de tres
décadas, ¿cuál es la situación de los represores?

NÉSTOR FANTINI:    Cuando Raúl Alfonsín asumió como
presidente constitucional en 1983, se les inició juicio a
los líderes militares.  En una decisión histórica, el
tribunal encontró culpable y emitió condenas de por vida
a algunos miembros de las juntas militares
responsables por la Guerra Sucia.  Numerosas
maniobras políticas y decisiones legislativas posteriores
resultaron en  amnistías e impunidad que benefició a
centenares de represores.  Durante la gestión de Néstor
Kirchner se adoptó una agresiva política de derechos
humanos que resultó en la anulación de la amnistía, la
derogación de leyes y el reinicio de juicios contra más de
doscientos cincuenta miembros de las fuerzas armadas
y de seguridad.  Algunos de ellos, el general de división
Luciano Benjamín Menéndez, el general de brigada
Antonio Domingo Bussi, el comisario Miguel Etchecolatz,
el capellán militar Christian Von Wernich ya están en la
cárcel.



LA LUCIÉRNAGA ONLINE:    ¿Cuál es el pensamiento de
la sociedad argentina hoy en día sobre esa era de
represión?

NÉSTOR FANTINI:    Todavía hay problemas.  Durante el
juicio de Etchecolatz, despareció Jorge Julio López, uno
de los testigos claves en las denuncias contra el feroz
represor.  Una señal clara que todavía existen elementos
de inteligencia dentro del aparato estatal que se pueden
dar el lujo de articular este tipo de operaciones.  De
todos modos, Argentina ha avanzado años luces
respecto a la época de las Juntas Militares.  Es más,
hasta hace poco, muchos argentinos todavía se
subscribían a la engañosa teoría de los dos demonios.   
En los últimos tiempos, con mayor educación, con una
política gubernamental que resalta el tema de los
derechos humanos, con la declaración oficial del 24 de
mayo como un día pago que se debe prestar a la
reflexión, cada vez son más los argentinos que entienden
mejor lo que ocurrió en esos años dolorosos de la
historia argentina, que piden justicia y que se suman al
pedido de la CONADEP de que esto nunca más vuelva a
ocurrir.
E N S A Y O S
ENTREVISTA A UN EX PRISIONERO POLÍTICO  
A 33 AÑOS DEL GOLPE MILITAR ARGENTINO
Servicios de La Luciérnaga Online
Néstor    Fantini,    un    educador    y
periodista radicado en Los Angeles,
fue   un prisionero   político   durante  
la  Guerra  Sucia  argentina  que  fue
adoptado  como  POC  por Amnistía
Internacional.