LA   LUCIÉRNAGA
Un encuentro de poesía, narraciones y música
MARZO 2008
MARZO 2008
EDITORIAL
En la sensacional peña de febrero, aparte de poesía, cuentos y música, también tuvimos cineastas  
proyectando cortometrajes, artistas plásticos comentando sus pinturas y hasta una radio de internet
transmitiendo nuestro festivo evento cultural más allá de fronteras.
Medio centenar de argentinos, chilenos, colombianos, cubanos, mexicanos, nicaraguenses, salvadoreños y  
uruguayos invadieron con su algarabía la noche de Northridge, California.  La sensación era que, más allá de
la experiencia artística, estábamos entre amigos compartiendo un momento único.
Vibraron las cuerdas mágicas de la guitarra de Alberto Delgado y las voces de Rafael Figueroa y Alberto
Franco, escuchamos los versos de George de Aztlan, Marcos Silber, Armando Marroquín, Antonieta  Villamil,  
Mauricio Campos, Elvira Montoya, Oxy Lebran, las reflexiones de Rafael Carvajal y los cuentos de José Manuel
Rodríguez y Julio Benítez. Leonardo Mezza y Rogelio Fojo presentaron un par de cortometrajes y Alfredo
González y Daniel Carrera compartieron sus pinturas.
Entre los presentes se encontraban apoyando nuestros esfuerzos, representantes de la Sociedad de
Escritores Latinoamericanos, Poesía Poesía, House of Latino Artists, la Revista Cultural Hispano Americana,  
Colombia Informa USA y Radio Enlace.
Al rayar la madrugada, los poetas y músicos se fueron por las silenciosas calles de Northridge con esa  
gratificante sensación de labor cumplida.

Néstor Fantini
POESÍAS
DESTIEMPOS

Marcos Silber
CUENTOS
ENSAYOS
…de modo que la historia comenzará con los dos,
así, tomados de las manos, flamantes, limpitos de todo.

Te espero en el ayer de antes
para recibirte rosadita, reciente.
Con el corcel del tiempo todo por delante
y conmigo dueño del entero pasado contigo.
El niño, yo, sabe que será tu hombre.
Y sabe que serás su más amor.
Trabajaré de vigía
guardían de los cristales de tu cuerpo,
adorador de tus luces, de tu palabra creyente,
devoto de tus maneras.
Te espero en el ayer de antes.
Otra será la historia;
compareciendo a un mismo glorioso momento
los dos.

de
Boca a boca: cuaderno del resucitado



AUTORRETRATO

Pregunto cuándo se disparó la bengala del inicio,
pregunto qué proclama anunció la bacanal.
“Prolactinoma”, sentenció el mensajero del mal
y al oído me llegó el eco de un sismo remoto
un estallido en los socavones del cerebro.
Pregunto porqué el desorden éste
en el mobiliario de mis facciones.
Hubo diluvios de aguas salvajes responde,      
descargas de ciego de una usina embriagada;
agitación y tumulto y demolición y saqueo
hubo en la constelación hormonal.
Pregunto qué mano enemiga
alteró el sentido de la corriente.
“Acromegalia”, agrega el mensajero del mal;
fuga de la tranquila gracia hubo,
el conocido rostro se alejó, regresa
como fantasma, y avanza el mascarón de proa.
Pregunto qué conjura decidió el asalto,
quién ordenó la inmolación?
Nada más pregunto.
Nada más me responde.
Fotos de antes se contemplan entre sí,
con reposada nostalgia,
con cierta piedad.

           de
Primera persona
De modo que te tragó la distancia.
Es como goma de mascar, se estira,
mientras te envuelve un manto de nostalgia.
Y dejaste una mujer que suspira,
hijos con ojos llenos de esperanza.

No sabes cómo, pero estás despierto,
persiguiendo un sueño —o quizás dormido,
crees estarlo— al escuchar el gemido
de aquellos que mueren en el desierto
abatidos por la sed y por el hambre.

Entre el cactus —soldado traicionero—
y el sol inclemente, asfixiante y duro,
tumban tus sueños, trizan tu futuro.
En el juego el horizonte es primero,
huye, se esconde, se acerca, se aleja...

Y aparecen de pronto los delirios,
aleteando van y vienen, enjambre
graznando muerte, penas y martirio
en tus ojos velados por el hambre.

¡Del alma se te escapa un alarido!

Al partir todos te desearon suerte,
la mujercita entre llantos y los niños,
entre risas, haciéndote cariños;
no vieron los coqueteos de la muerte
ni escucharán hoy la agonía de tu queja.

Erróneamente hay muchos que te llaman
Mojado con odio y con desprecio,
adjetivo vano, palabra rota...
Tus labios buscan agua y ¡ni una gota
que sacie ya la sed en tu garganta!

Mojado te nombró algún hombre necio
mientras mueres de sed bajo una planta
sin sombra ni hojas, armada de espinas.


Deja tus sueños, que te cubra el manto
de la noche profunda y aniñada.
Tus ojos se quedan ¡ay! sin más llanto
y el norte se hizo polvo, se hizo nada.

Pero duérmete en paz, hermano iluso,
lejos del suplicio de las esquinas,
la discriminación y del abuso,
del gringo explotador y la miseria.

Yo pido que duermas en paz, hermano,
desde mi oscuro porvenir incierto
pues tu último suspiro en el desierto
ya se quedó apretado aquí en mi mano.



LAS HORAS

Las horas cual páginas perdidas
se van sin retorno por el tiempo
con lágrimas escritas,
con abrazos y sonrisas
de otros días.
Pero el mañana nos espera
con los brazos abiertos
y la dentadura desgranada
en una sonrisa
que no se sabe si es de llanto,
de dicha o de burla.
Continuemos el camino.



TRASTABILLANDO

Escuchando los gritos del silencio,
sumergido en esta soledad
que me enreda en espirales,
voy trastabillando con la bruma
de los recuerdos que emergen
del pasado en esta noche interminable.

Enjambre enloquecido que me acecha
los espejos transparentes de la memoria
como arrastrando voces y risas de seres
que se perdieron en el tiempo y la distancia.

Y en la complicidad de los tiempos
se confunden el pasado y el presente
y hay murmullos de la infancia
destellos pasionales de la adolescencia
y un corazón que golpea las paredes del presente.



EN EL OCASO

Con las alas caídas
se fue perdiendo nuestro amor en el ocaso
hasta quedarse sin luz y sin mañana,
cobijado por la noche más triste y más larga.

Se nos acabó el tiempo y el asombro,
nos fue envolviendo la telaraña oscura de la rutina,
nos arrastró el viento de la indiferencia
y fueron cayendo los racimos de ilusiones
hasta volvernos dos seres confusos
que se buscan bajo un manto de sombra.

Ahora que hurgo en tu mirada
en busca de los colores y los pétalos
que antes dulcemente agitara la ternura
sólo encuentro un remanso dormido
y el frío traicionero del agua estancada.
EL  ULTIMO SUSPIRO

Oscar Benitez
Oscar Benítez es un poeta  salvadoreño de Los Angeles.  
En su extensa lista de publicaciones se incluye
Cuando
caiga la noche,  Treinta poemas de amor para María
y la
novela
Cuando concluyó la guerra.  En 1984 ganó el
primer premio del Concurso Internacional de Poesia
Benito Juárez y el alcalde Tom Bradley reconocio su
labor por la cultura entregándole la Medalla de la Ciudad
de Los Angeles.
Marcos Silber es un prolífico poeta argentino que reside
en Buenos Aires. Reconocido internacionalmente,  su
libro
Thriller fue finalista en la Casa de las  Américas.  
También fue ganador del Premio Certamen Nacional de
Poesía de la APDH y de  la Casa de la Amistad
Argentino-Cubana.
Qué va a quedar de este momento
en un año o cuando cumpla los sesenta?
Las caminatas y como el viento
parecía venir de quien sabe donde,
tu cuerpo cuando lo bañaba
para insultar esa enfermedad,
retarla para que mostrase la cara.
La que esconde alrededor de tu corazón.
Una piedra, una piedra que late.
Tan enferma, tan viva.



Pregunta que nunca te haré-
En cuánto tiempo te creció el pelo tan largo?
Quizás te la hice y no me acuerde.
Me podrías haber contestado así-
Me lo recortaba un centímetro cada luna nueva
desde cuando te tuve a los diecinueve hasta
que cumplí los treinta. Te acostabas en su espesura
y la noche construía en sus ondas, nidos de luz.
Eso último no me lo hubieses dicho porque ése no era
tu lenguaje. Tampoco me dijiste lo demás porque
nunca te hice la pregunta.
Quizás te la hice. Uno no se acuerda de todo.



El poema quiere perdurar,
a pesar de todo se entromete.
Hoy es un baile que no quiero bailar.
Por qué no me dice, no me tomes tan en serio,
no ves que soy lo que no te deja dormir
y cuando duermes, lo que te despierta?
La noche zumba y adentro el corazón
toca su bombo.



Estás retrocediendo hacia el futuro.
Dos días,
una semana,
tres meses,
un año.
Pronto serás el vuelo de ese pájaro solitario
a través del cielo inesperado.
PARA OLGA LIPSKI DE SAMKOW, MI MAMÁ

       Elsa Frausto
Elsa Frausto es una poeta argentina que reside en Los
Angeles.  Sus trabajos han sido publicados en
La puerta de los
poetas, La hoja y La opinión.
Participantes de la peña del 16 de febrero en casa de Cecilia y Néstor, en
Northridge, hacen una pausa para la tradicional foto del encuentro.  (NF)
VER VIDEO... de Alberto
Delgado y peña de febrero (NF)
El cruce del desierto,
Alfredo González, 2008
Salvador Dalí
Daniel Carrera, 2008
rompieron los cristales de la licorería de la Maple  para tomar
prestado una botellita de whisky, sólo un Jack Daniels están
más borrachos coño, una curda que ni yo después de media
botella…  Entonces se justifican y le pueden limpiar el carro,
barrer, trabajar de gratis  al chino, no,  uno dice que es
japonés y discuten y un oficial los manda a callar sin que pare
el inventario de vietnamitas y tailandeses, birmanos y
coreanos o lo que sea el tipo. “Whatever, que es un cabrón
tacaño chino rechino cohino” repiten en inglés que yo intento
traducir porque la jodida verdad dicen the asshole, jerk
chinese guy:  pero no importa  “ había que echarse una
chupadita”, comentan y me fijan la mirada como buscando
asentimiento y el cholo Rodríguez y Armen me buscan
también los ojos para ver si yo también le doy a la cosa, digo
de vicioso mas al final me recomiendan que los ignore y
entonces, aquí en la celda del pueblo fino adonde nunca se
comenten crímenes se le olvidaba al tipo sin piernas contar
que se le ocurrió encender un puro, …” porque no está bien”.
“ It is not fair, man”, dice cuando me enseña su banderita de
veterano. “No es justo que para eso maté más gente
que…Oye mujer”- que es una del grupo- “ No puede ser
vietnamita porque you know,  vamos y les tiramos unas
piedras y nos volvemos a emborrachar cuando salgamos de
ésta “señor” , me dice el lisiado con una peste a alcohol que
no había quien resistiera y luego siguió conque  yo le decía
“maté una una pila,” eso me dijo en americano,  “hasta que un
cabrón de ellos me lanzó un cohetazo a las piernas, sí que no
miento” y se queda con la vista fija cómo buscando pelea o a
ver si yo le creía. “Eran unos artefactos para arrancar
extremidades que los maricones, dice fucking rusos
inventaron para jodernos. Y no es justo que un veterano ni
esta mujer,  shut up.. you whore”-  le dice para callarla.   Ella,
entonces, para vengarse, se le pega a uno de ellos y me
explica o trata el sin piernas de contar que la tipa se ha cogido
medio Los Ángeles hasta que  “you know”, como si fuera,  tú
sabes la pelona con forma de SIDA.  Eso la apartó de
Hollywood y ahora se las pasa sobándome los mochos de
mis rodillas y tragándose mi extremidad del entrepiernas que
a veces la presto a mis otros socios, los que nos dormimos
cerca del Social Secuity. Ya, sé me repite,  los güevones del
gobierno no quieren pero ya le ganamos el juicio así que sí
podemos y vamos a seguir ahí por veinte años hasta que nos
vayamos al mismo infierno o al cementerio.  Y sabes por qué
tenemos razón porque  you know,  son jodidos espacios de
todos de nosotros los citizens aunque no sé ustedes los
illegals,  you know.  Es el portal de esa oficina y el Negrón de
ahí enfrente, digo yo niche,  de Raymond no cambia su
cheque ni por una mamada de mi Rosita que es como le
decimos a ella. Se la mete toda en mota ” Y el cholo
Rodríguez me asegura, mire usted no coma ansias que
mientras yo esté aquí esos ni le tocan. Y entonces yo vuelvo a
sacar un poco de valor de donde no tengo y me recuerdo que
una vez quise cambiar el mundo y cómo fui un come mierda
en el pueblo de todos los infiernos adonde me crié y ahora
resulta que me detienen y las cosas se están poniendo
malas.  No presiento nada bueno con esta noche y tampoco
con el cabeza rapada con cara de luchador que se suma a la
fiesta y hace muecas y hasta escupe el suelo. El cholo
Rodríguez me dice entonces: “ calmado que el güey este será
muy “white” y lo que sea pero me ha comprado un chingo de
mota. Y mire,  si no fuera porque me agarraron  hasta este
blanco estuviera high.
Y más tarde, casi ahora, vuelve otra vez el detective que repite
su nombre de González, el primo del inspector que fue a
Cuba. Y me habla en español de haitiano y se cambia al
inglés insistiendo en mi declaración.  Mientras tanto el de los
muñones en las piernas se entromete como preguntando y
no se da cuenta que huele a pedo de borrachos y orina de
homeless.  Este descarado de Dana, así se llama, levanta los
hombros, cabrón que se juntó con los que se robaron los
dulces y los chocolates de la licorería. Sí  porque no fue sólo
ron ni cerveza lo que se robaron  sino también se afanaron un
whiskisito  y también un cartón de cigarrillos y unos cuantos
puros y hasta preservativos para que Rosita se gane unos
dolaritos porque el sin piernas las piensa todo. Y ahora que
los pendejos esos están hartos de chocolate y chips,  tienen
el aire más fétido y demasiado recargado del desperdicio de
sus barrigotas alcohólicas y enmariguanadas.  Pero el oficial
evita las intromisiones de estos otros y me hala fuera para la
sala de interrogaciones una vez más:
-Así que dígame. ¿ cómo lo pudiste hacer? ¿Hace cuánto que
cruzaste?
“ No entiendo señor”- le respondí- “yo doblé en la esquina de
la Pacific y la Maple y el policía que terminaba de poner un
ticket, bueno, ya sé una violación de tráfico estaba mismo
frente a mí y yo paré en seco y no iba a mucha velocidad y se
lo expliqué y me miró con cara de asesino y me sacó del
coche y me empujó contra su patrulla y me llamó mojado
motherfucker y traté de explicarle que no que no era mojado
sino refugiado y parecía como que se encabronaba más. Y
me gritaba, mentiroso asshole que tú cruzaste el río o el
desierto y ese Infiniti te lo robaste a Esmeraldo Martínez, el  de
la registración que está ahí mismo en el coche que te
clavaste. Y cuando le dije que ese soy yo déjeme enseñarle la
identificación pues  de maldad la tiró por allí mismo por la
cuneta y me volvió a rempujar.
-Mire, cómo se llame. Me dijo yo voy a entregarlo a la migra.
¿COMPRENDE?
-Officer, I am a citizen.-le respondí.
Y luego se río en mi mismísima cara.  Como el mismo
hijoeputa que me arrestó, y que se aproximó y  le preguntó a
este otro que me interroga en este momento,  que si ya había
confesado y que esa misma noche me mandaban para
Tijuana y me repitió que mi cara de ladrón de carros e ilegal
no me la quitaba nadie. Luego secretearon un poco y al final
me trajeron de vuelta a la cloaca del cholo Rodríguez y de
Ármen y también del cuartero de homeless, los
desamparados y además el cabeza rapada y la peste toda del
mundo mientras me repetía de nuevo de que en Glendale no
hay ladrones ni criminales a menos que sean negros y latinos
porque los blancos veteranos o cabeza rapadas eran como
niños malcriados. Y luego pensé que no podría ser peor
hasta que  tuve mi llamada y ella, la peleona me lanzó un
ataque sin parar.  Al final se inspiró de confianza y llamó al
calvo de la Luciérnaga quien me consiguió un abogado y una
tribu de amigos que testificaron a mi favor y recogieran mi
cartera por la esquina de Acapulco y a la que, por cierto, le
faltaban dólares porque el oficial se los clavó.  Yo reflexiono
luego y me parece que yo no tenía porque enredarme la vida
sacando copias de un poeta cubano francés que no se
comprometió con nadie y se tiraba el peo más alto que el culo
y tampoco tenía yo que salir por la Sunset ni tampoco siquiera
tener malos pensamientos ni comer tanto ni tampoco doblar a
toda velocidad en una esquina porque así esta mujer no
estuviera reclamándome tanto y la confusión, bueno la
hijeputada del policía hubiera sido menor o no hubiera sido y
finalmente entonces con algunas disculpas y sin inventar más
excusas nos fuimos a mi casa y allí les dije gracias a todos,
incluyendo a mi querida esposa y mis salvadores y todo volvió
a la normalidad. Ahora puedo buscar a mi amigo el moreno
pelón de Walgreen, casi estoy seguro que va a comprender
mi experiencia porque siempre le han dado palos;  aunque
pensándolo mejor no sé si yo debía quedarme a vivir en
Glendale. Mejor me mudo un día de estos allá por el valle a
Van Nuys a Sunland o a Nothridge adonde nadie me acuse de
latino ratero facharín y  porque la verdad, en un pueblo sin
ladrones como que la vida es un poco aburrida. ¿No crees?  
Glendale es como la puerta este del Valle. Después nacen
las elevaciones y La Cañada y  La Crescenta, y entonces
reaparece como renacida nuevamente allá por Tujunga
adonde la montaña se adueña del paisaje y ya el mar es sólo
referencia lejana porque los vientos de Santa Ana no huelen a
mar sino a campo virgen y adonde la vida y la gente parece
más cercana, a modo de pueblo chiquito.  Mi ciudad adoptiva
es tan limpia, sin gente mala porque los criminales se fueron
o nunca llegaron y andan por Los Ángeles o por el mismísimo
valle de San Fernando y Van Nuys y el Reseda y Encino,  
bueno, eso dicen los blancos glendalianos que viven en el
pasado de cuando esto era un suburbio adonde los negros
no podían caminar después del anochecer.  Yo, sin embargo,
creo que la vida  aquí como en todos lados está llena de
sorpresas. Y por mucho que uno trate de pasar por ciudadano
de primera no se sabe cómo lo van a tratar a uno ni si te van
estereotipar aún cuando ya te sientas un ¿como dije?, sí,
glendaliano. Por ejemplo,  todo el mundo repite que esta
ciudad es tranquila, que los rateros se fueron hace años, ya
sé que lo dije y que se esconden en Little México como si los
únicos ladrones de toda la tierra fueran latinos y por esa
misma razón,  mucha gente de otras razas me mira con cara
extraña. Y a eso de poner reproches se une también la más
jodedora de todas las esposas que no para de reclamar y
sacar pretextos a relucir y ponerme en ridículo hasta ahora
mismo cuando le digo que vaya y recoja los cabrones
documentos porque sino y termino, “coño en Tijuana, que no
estoy jugando” con mi cara de mexicano. Conste que yo no
inventé esta frase ni tampoco por eso me creo más bravo,
aunque lo parezca. Lo peor de todo viene cuando uno trata de
encontrar razones.  Por ejemplo, ¿qué hago en este lugar?.
¿Por qué ese dichoso policía me tuvo que arrestar?  Anyway,
Yo he  tratado una y mil veces de explicarme por qué escribo
esas pendejadas,  me compré un departamento adonde hay
un consejo de condominio con una banda de entrometidos y
vigilantes que ni en los tiempos de los Comité de Defensa de
la Revolución me mantenían tan a raya, para respetar al
vecino, allá compañero y también me cuestiono cómo si tengo
un carro medio de lujo y me creo escritor, en realidad me
siento como un ente prestado que no acaba de moverse
hacia el futuro. Para colmo soy hispano cubano y debería
residir en Miami  adonde todos gritan y comen con ajo y les
gusta el frito y el puerco y el ron y nadie sabe qué mierda es
una margarita ni mucho menos eso de tacos ni de burritos ni
quesadillas ni otras de las delicias que tenemos por acá
porque allá el mojito reina como el rey de los coctails y la
cubanada considera que la bebida fuerte de Baja y más bajito
del río Bravo es como un calambuco corriente, digamos algo
con peste a alcohol de alambique casero. Pero no estoy en la
Florida, vivo en California y mi problema es que después de
todos los aires de ciudadano, escritor e intelectual,  me tienen
encerrado y me han llenado de tantos cargos que ya ni sé si
soy un simple maestro al que le gritan todo el tiempo cállate o
simplemente ignoran, a menos que me una a mis amigos o
me detenga a conversar con alguien como el negro viejo que
conocí hace un tiempo a la puerta del Wallgreen allá por el
camino de Burbank, y que me pide siempre una moneda o
algo para matar el hambre y que jura y rejura que no es un
curda como dirían allá por mi Guantánamo,  que es lo mismo
que vicioso del chupe.  Y el  moreno  que no es borracho y se
ve ya sin pelos y me para y luego converso con este coco liso
porque al tipo lo agarró el cáncer y se me remueve el corazón
porque el pobre hombre anda sin seguro y tiene que rogar y
rete que esperar por las líneas de emergencia adonde lo
tratan peor que los reproches que me lanzan de vez en
cuando al caminar, claro, si no hace frío porque yo le tengo
odio al condenado cambio de temperatura que me obliga a
encerrarme en mi casa todo el tiempo y evitar tentaciones
para así vivir como un ciudadano modelo, aunque el hijo de
su madre del oficial que me encerró en esta jaula no lo crea.
Sí yo soy el mismo que salió de su país y pude reubicarme en
la querida ciudad Joya o mejor dicho Glendale adonde
rutinariamente busco la pantalla una y otra vez frente a la
computadora, intermezzo de refriegas sobre el televisor y las
llamadas constantes y de quién interrumpe a quién con mi
querida, digo esposa. Así que con un libro al lado de Paul
Lafargue, una selección de poetas que conocí gracias a
Ánder, el tipo de las Naciones Unidas. Mira que el tipo sabe
tanto, y lo que no se lo imagina y cuando habla parece como
una enciclopedia tal vez no Británica pero sí venezolana,
española, mexicana, oregoniana y tujunguense porque ha
vivido en tantos lados que uno no sabe si es vástago del
hombre que caminó Las Américas o es que su mismísimo
padre lo engendró y lo cargó por todas partes. Entonces yo
repito que mira que esta mujer jode y eso trae mala suerte
porque no se puede recibir tantas críticas. Aquí está la prueba;
pero bueno,  no es de él ni de mi mujer que no me deja ni
hablar por teléfono ni del yerno de Carlos Marx ni de los
poetas hispanos contemporáneos ni tampoco de saber cómo
resolver la urgencia de los centavos del moreno enfermo sino
de mí. Porque mirándolo bien qué tenía yo que hacer en Office
Depot ni sacar copia encuadernada de Les Tropheés del
Jose María Heredia que se cambió a de Heredia para sonar
francés y así querérmela dar de tipo trascendental juntando a
dos franceses que nacieron en Cuba y esta mujer…vuelve y
volvió a lo mismo… que  ….La gente siempre …Y de nuevo
ese inspector me mira y remira y suelta la pregunta una y otra
vez:
-¿Fuiste tú cabrón? ¿Por qué te robaste el carro?
Sí, porque  pensándolo bien, ¿por qué tuve que andar de
glotón y comprarme una hamburguesa antes de volver a casa
y lo peor que todo coincidiera y  yo para decir la verdad como
dicen estos otros la mera mera no me encuentre ahora  frente
al computador ni me la esté pasando bien o dándomela de
timbalú un domingo de febrero buscando el último verso que
nunca llega ni acumulo lecturas y experiencias para un nuevo
libro? No señor. Me duele la cabeza porque los golpes son
golpes y bueno,  enfrente mío el cholo Rodríguez se me
queda mirando cómo preocupado por este viejo panzón con
lentes de maestro en desgracia, y me repite, preguntón y que
él no es entrometido.
-¿Se acuerda Mr yo nunca fui metiche- de nuevo me lanza eso
de-…¿lo agarraron borracho o sí le pegó a la marihuana  o
estaba sniffing?- que es inhalar-.. porque.. sino ¿qué sino
hace aquí. Oiga, Mr a un policía uno no se le resiste”.
No supe qué contestarle la primera vez y tampoco esta y
tampoco tenía yo que haber cogido mi encabronamiento con
ella y pasearme por la Sunset y hasta sentir impulsos de
pedirle a una que me pareció sabrosa para que hiciera un  
“quikie” pero con tarjeta de crédito porque ando corto de  
“cache”  pero no, no  después de todo me apendejé tanto
cuando una mujer que parecía policía andaba por allí.   De
paso también rechacé al vendedor de Marías y Juanas.
Necesitaba volver a recoger la copia en Office Depot y gracias
porque sería peor y más después de la prueba de sangre. Se
imaginan qué petate. Y al muchacho con la narizota,  lo
reconocí inmediatamente.  Es el Armen de los tantos que ya
he enseñado.  Sí, porque yo no soy escoria, borracho, ni
menos drogui, aunque bueno.. y  entre mi ex discípulo y mi
otro viejo estudiante el cholo mexicano y unos borrachos
apestosos que no saben si van a salir bien de esta y este
armenio del que todos se burlan por la narizota y al que
agarraron con un paquete de éxtasis.  “Mr que yo no lo vendo” ,
me dice.  Yo sólo quiero coger un poco, you know..las mujeres
cuestan y lo peor es que me están achacando, mentira
bullshit,  dicen que soy famoso porque me he echado una pila
por las pastillas, y luego revisa para todos lados y no quiere…
me pide, me ruega que no se lo diga a los demás.  Y es
cuando en medio de la tremenda algarabía de los que entran
y enfrente el agente le grita “ you fucking pick pocker, te
agarramos carterista de porquería y además drug dealer, jerk
”   “basura” y hasta se paran algunos a mi lado para gritarle
“oye mano suave te cacharon por berraco.”    Y los que
EN GLENDALE NO HAY LADRONES

 Julio Benítez
Julio Benitez es miembro del Consejo Editorial de La
Luciérnaga Online.  Por sus actividades en el Comité Cubano
de Derechos Humanos, fue un preso politico antes de emigrar
a Estados Unidos. Narrador, crítico literario, poeta y profesor
universitario e investigador, recibió numerosos premios como
el Rubén Martínez  Villena, Frank Pais, Regino Boti, Tomás
Savignon y Encuentros de Talleres Literarios. Entre sus varias
publicaciones se encuentran
La reunión de los dioses y El rey
mago.
                                   I

Buenos Aires. Iban a ser las cinco de la tarde. Tenía tiempo
para recorrer algunas vidrieras y tratar de alejar de mi mente,
el dolor y la tristeza.  Salí a la calle, pero enseguida los
ánimos para andar me abandonaron y me metí en un bar.
Me quedé observando el claroscuro de su gente, una mezcla
de  bohemios y formales. El lunfardo tan típico de los
porteños, me sacó por un momento de mi abatimiento. –La
Nación, diario.  El grito del canillita se dejó oír por todo el
salón. Le compré  el diario  para entretenerme mientras  
esperaba la hora de partir. Pedí otro café con crema y me
puse a ojear las noticias.
                                  II

Los fines de semana, las calles del centro de la ciudad de
Rosario, a las dos o tres de la madrugada, es muy concurrida.
Es un ir y venir de coches; las veredas  se llenan de personas
que a esa hora entran o salen de los cines, de las confiterías,
de los bailables. O por aquellos que acostumbran a reunirse
en grupo en los lugares de siempre. Suben y bajan del cordón
de las angostas veredas entre los bocinazos y las clásicas
puteadas. Un verdadero y hermoso loquero.
Es una ciudad que trasnocha sólo los  viernes y sábados. El
domingo es un día casi desierto y sólo se ven las familias ir
de un lado al otro llevando a sus hijos a los parques,
entretenimientos o la tradicional costumbre de las reuniones
familiares.
El resto de la semana Rosario es una correría desde horas
bien tempranas hasta las siete de la tarde, cuando cierran
casi todos los negocios. A esa hora es imposible querer
tomar un colectivo porque viajan hasta colgados. Sucede lo
mismo al mediodía cuando vuelven a sus hogares a almorzar
y a dormir, al que le gusta, una siestita, para regresar de
nuevo al lugar de trabajo apretados como sardinas.  Y que no
se le ocurra a alguien querer descender  del  vehículo a último
momento,  porque tiene que atropellar con todo para poder
hacerlo, entre gritos y rezongos.  Nunca falta quien, luego de
conseguir bajar, espera a que el ómnibus arranque para
mandar a la mierda, a alguno.  Por la noche las calles vuelven
a quedar vacías y solamente circulan los que acostumbran a
ambular o los que trabajan en lugares nocturnos.
La noche de ese viernes estaba un poco fría  y me quedé
arrinconada en una vidriera aguardando el 54. Eran  las dos y
media de la madrugada y mis amigos se habían quedado en
el ''El Cairo '', el bar donde solíamos reunirnos cada semana.
Como me sentía un poco cansada me despedí  temprano de
mi barra.   
Pasó un auto y se detuvo unos metros más adelante y  bajó
de él un  tipo de apariencia agradable que se  me acercó
preguntándome una que otra cosa como para entrar en
conversación. Se ofreció para llevarme hasta mi casa y,  luego
de hacerme rogar un poco, acepté. Antes de despedirme de
él, me pidió una cita para el día siguiente. No tuve mucho que
pensarlo y accedí.
Esperé contenta la hora de nuestro encuentro. Fuimos a una
confitería bailable y estuvimos bebiendo y charlando de todo
un poco, hasta que salimos a bailar. La música  nos envolvía.
El ambiente, la escasa luz, la suave melodía, parecía que
confabulaban en mi contra, mientras él, jugaba con mis
cabellos y  recorría  mi cuello con sus labios. Confieso que
sus besos apasionados obraron en mí, de manera tal, que
debí poner mucha resistencia para decir “no”, cuando
sutilmente me pidió de acompañarlo al hotel adonde se
estaba hospedando. Me había dicho que no era de allí. Al
despedirnos dijo que deseaba volver a verme cada vez que
regresara a la ciudad, por negocios. Luego de darle mis datos
y el teléfono de una amiga, se fue prometiendo regresar en
veinte días.
Una tarde, al volver de la facultad, encontré a mi amiga
aguardándome, entonces  supe que él  había cumplido con
su palabra.
Así fue el  principio de  mis grandes locuras pasionales.
Regresaba casi todos los meses y como sólo estaba dos
días en Rosario, arreglaba pronto sus asuntos para tener
más tiempo de estar juntos. Yo iba a esperarlo al hotel donde
él  se alojaba. Allí conocí la verdadera pasión. Era muy tierno
conmigo, sabía cómo hacerme sentir bien.  Yo vivía en otro
mundo, embriagada cuando estaba entre sus brazos y aún
seguía extasiada al recordarlo.
Tuve que comenzar a mentir en mi casa y a mis amigos cada
vez que él llegaba a la ciudad y únicamente contaba con la
complicidad de mi amiga intima.
Nunca me dijo si me quería.  Nunca se lo pregunté. El día que
le pedí sus datos me dijo que como él vivía viajando, yo no iba
a tener adónde ubicarlo. Una vez pasaron casi tres meses sin
que tuviera noticias  suyas.  Hasta que una tarde, al llegar a
casa, me llevé la sorpresa de encontrar una carta suya, en la
que se disculpaba porque le era muy difícil viajar y decía  algo
sobre las causas de su silencio. No sé si era sincero,  pero la
alegría que me produjo saber que me quería ver, no me
importaron esas razones.
Me pedía que viajara a la Capital porque era la única manera
de poder estar juntos. Tuve que pedirle ayuda a mi amiga
para poder decirle a mis padres que iríamos al campo ese fin
de semana, a la casa de sus abuelos.
Llegué a Retiro  en el  tren de las once como él me dijera en
su carta. Los andenes  estaban llenos de gente. Lo busqué
entre la muchedumbre y no aparecía por ningún lado. Poco a
poco se fueron desocupando las plataformas y yo permanecía
inmóvil sin querer  moverme del lugar,  por temor a que él  no
me encontrara.  Me senté en un banco para esperar; sólo
llevaba mi cartera y un bolso de mano con algunas cosas
necesarias. Cada tanto llegaban los trenes locales y se
aglomeraban las personas que subían y bajaban corriendo, y
enseguida volvía todo a despejarse.
A las dos horas había perdido todas las esperanzas, mejor
dicho a la hora, pero mi loco corazón  me daba una que otra
excusa para continuar allí.
Salí del andén y recorrí la inmensa sala de espera, con la
estúpida idea de hallarlo.  Sin tener más pretextos,  a las tres
de la madrugada, busque un taxi y le pedí que me llevara a un
hotel cercano.
Por la mañana, a pesar de mi fracaso, salí a dar unas vueltas
y anduve caminando por Florida, Corrientes y 9 de Julio. Para
calmar la ansiedad,  fui al Palacio de las Papas Fritas y me
comí una milanesa a caballo.
Luego me metí en un cine y vi una película Polaca, Los
Zingaros también van al cielo,  de Andrez Wazda. Después
volví al hotel, para  pagar la habitación y recoger mi bolso.
Aún tenía que hacer tiempo para tomar el tren de regreso.
Faltaban dos horas para las siete, hora en que saldría el tren
para Rosario. Caminé un rato hasta que me metí en un bar y
pedí un café con crema.

                            III

El tren comenzó su marcha lentamente primero y al levantar la
velocidad me balanceaba de un lado al otro, mientras yo me
secaba las lágrimas que hasta ese momento había tratado
de contener.
Sentada  de espaldas a la dirección hacia la que iba el tren,
podía ver  cómo se perdían a lo lejos los edificios de esa gran
urbe.
El tren seguía rodando sobre sus rieles mientras mi corazón
dejaba escapar las lágrimas que habían estado anudadas en
mi garganta hasta esos momentos.  Busqué en mi bolso un
pañuelo y al ver de nuevo el periódico leí de nuevo esa noticia.

FUE DESCUBIERTO UN GRUPO QUE VENÍA
COMETIENDO DESFALCOS EN UN BANCO
DE ESTA CAPITAL Y EN ALGUNAS SUCURSALES
DEL PAÍS

Más abajo estaban las fotografías de los detenidos y en una
de ellas estaba aquel que tanto despertara en mi vida. A su
lado, la esposa secándose los ojos con un niño pequeño en
los brazos, en el momento que fueron a detenerlo a su
domicilio.
Mis lágrimas cayeron sobre aquella foto. Me di vuelta y apoyé
mi rostro contra el vidrio de la ventanilla del tren con la mirada
vagando en la oscuridad de la noche. El tren dejaba oír su
silbato mientras corría llevándome de vuelta a casa.
EL FINAL

Norma Villanueva
Norma Villanueva es una cuentista argentina que reside en
Los Angeles. Participó del Taller Hispanoamericano de
Cultura conducido por la escritora Alicia Kozameh.  Algunas
de sus narraciones  fueron publicadas en
El monóculo, en
La hoja  y en Mirando hacia el sur.
HILLARY ESTÁ LISTA


Jorge Laprida
JOHN MACCAIN: CANDIDATO
CON EXPERIENCIA

Agapito Núñez
POR QUÉ APOYO
A BARACK OBAMA

Lorenzo Reina
Las elecciones  estadouniden- ses se
han transformado en la consulta
popular más importante desde la II
Guerra Mundial.  Un proceso en el que
deberemos elegir a quien lidere al país
y, en muchos sentidos, al mundo, en un
siglo XXI en el que el terrorismo
internacional, el deterioro del
medioambiente y las tensiones de un
mercado globalizado  producen
desafíos inimaginables.  Para ello, no
creo que haya mejor candidato, en lo
que hace a preparación y  experiencia,
que la senadora Hillary Clinton.
A los candidatos republicanos hay que
descartarlos de entrada ya que sus
políticas, ya sea por incompetencia o
filosofía política, nos han conducido a
dos guerras en las que ya han muerto
4,000 de nuestros jóvenes soldados, a
una era de déficits fiscales récords e
inestabilidad económica que, más allá
de estadisticas, la sufren directamente
desde los trabajadores de las fábricas
de Detroit hasta los granjeros de Iowa y
los ingenieros de San Francisco.  El
discurso del senador John MacCain, por
ejemplo, es una repetición fastidiosa y
desactualizada de las recetas
neoliberales del incompetente George
W. Bush que solamente han deteriorado
la calidad de vida de las clases medias
y trabajadoras estadounidenses y una
propuesta para una continua
inestabilidad mundial.
Eso solamente deja como
posibilidades reales a la senadora
Hillary Clinton y al senador Barack
Obama.  Ambos, alternativas
superlativas que llevarían a una mujer o
a un afroamericano a la Casa Blanca.
Sin embargo, son dos candidatos con
algunas diferencias fundamentales que,
después de analizarlas, me llevan a
apoyar a Hillary Clinton.
La retórica de Obama es muy linda.  Es
poetica, llena de referencias y
comparaciones históricas, y visionaria.  
Sin embargo, son solamente palabras
y, en mi opinión, son una táctica para
encubrir la monumental falta de
experiencia del senador de Illinois y la
falta de sustancia en su proyecto de
gobierno.
Por el contrario, la senadora Clinton es
alguien que, cercana al centro del poder
político en la gobernación de Arkansas,
en la Casa Blanca y directamente como
senadora nacional, ha sido partícipe de
importantes decisiones políticas.  
Especialmente, muchas de las
decisiones que produjeron una decada
de 1990 relativamente pacífica y con la
expansión economica más grande en la
historia de la nación.
Hillary Clinton no llegaría a la Casa
Blanca con simples discursos
preparados por un buen asesor, sino
que con las ideas, con los planes
especificos, con los expertos que han
probado su capacidad en anteriores
administraciones y, fundamentalmente,
con una voluntad de hierro que le
permitirían presentar proyectos
concretos a la nación desde el primer
día en el gobierno.
En medio de una guerra irracional, con
una economía recesiva, con nuestros
derechos civiles limitados, necesitamos
a alguien como Clinton que administre
eficientemente la nación y, como ha
prometido, que retire las tropas de Irak,
que regularice la situación de los
inmigrantes indocumentados y que
contribuya a estabilizar la situación
económica.   Por todo esto, mi voto, mi
ilusión, es que Hillary se transforme en
la primer mujer en liderar esta gran
nación.  
Mucho se ha dicho y escrito en las
últimas semanas sobre el apoyo de la
comunidad latinoamericana  al  senador
 Barack Obama  y a su candidatura a la
presidencia. En particular se comenta
sobre el supuesto racismo de algunos
hispanoparlantes a un candidato de
raza negra, lo cual resulta paradójico ya
que, gracias a los derechos civiles
ganados por los afroamericanos en los
sesentas,  no sólo los latinos  sino
otros grupos raciales se han
beneficiado de esos derechos que hoy
tomamos  
for granted  o concedidos. Se
afirma que el motivo de la tensión entre
afroamericanos y latinos tiene que ver
con empleos y oportunidades y, desde
luego, en el caso de Obama,
desconocimiento. Todo lo anterior es
cierto y una gran dosis de racismo
también.
En algunas de nuestras sociedades
latinoamericanas se tiende a mirar con
cierto recelo a la persona de
descendencia africana. En sociedades
homogéneas  es mucho más
prevalente esta discriminación, donde
prejuicios y tabúes han sido reforzados
a través de la radio, la prensa, la
televisión y el cine.  El estereotipo del
hombre afroamericano es el del chulo,
el ladrón, el preso. Sin embargo,
cuando surge un líder que tira al traste
todos estos conceptos preconcebidos,
hay  resistencia. Por eso sorprende que
en un estado tan multicultural como
California, un gran porcentaje de los
votos fueron para Hillary y  en estados
de ultraderecha, como Idaho, hubo una
tendencia más liberal que concedió la
victoria a Obama.  
Más del cincuenta por ciento de los
latinos registrados como demócratas
votaron  por Hillary Clinton en las
elecciones de febrero. El argumento es
que la senadora de Nueva York lleva
mucho más tiempo en la política  y ha
podido desarrollar una estrecha
relación con los grupos  de habla
hispana  en Estados Unidos. Es cierto
que es una gran coincidencia  histórica  
de que una mujer  y un afroamericano
se postulen para la presidencia de este
año.  De ser uno de los dos electos,  
tendríamos por primera vez en la
historia de este país que la sucesión al
poder presidencial toma una nueva
dirección. No es sólo una cuestión
histórica, pero también muy excitante
saber que estas elecciones pueden
traer un cambio radical en la situación  
socio-económica y política  de este país.
Mis orígenes son caribeños y, por
consiguiente, ver a un hombre
afroamericano electo al cargo
presidencial es motivo de un gran
orgullo. Aun si Barack Obama no ganara
estas elecciones, el impacto  que  su
postulación tendrá en futuras
generaciones es extraordinario. Pero en
particular mi atracción a este candidato
no proviene de nuestras semejanzas
étnicas, o tal vez culturales, sino de su
mensaje que, después de ocho
desastrosos años de la administración
de George W. Bush, es una alternativa
al status quo. Por primera vez en años,
muchos como yo se sienten optimistas
con respecto al futuro de esta nación y
lo suficientemente motivados
políticamente como para participar en la
candidatura de Obama, bien fuere
contribuyendo económicamente o
haciendo llamadas teléfonicas a
extraños en busca de nuevos prosélitos
para nuestra causa, como  participando
en las actividades convocadas por  
organizaciones liberales como
MoveOn.Org.  Como bien se dice, esto
es un movimiento por cambios. Millones
como yo estamos cansados de esta
guerra inútil  que ha costando billones
de dólares y miles de muertos y no
parece tener fin. Cansados de la política
del miedo, del partidismo y la revancha.
Como latino mi deseo es que dejemos
a un lado nuestros prejuicios y
escojamos al mejor candidato
demócrata para las elecciones de
noviembre. Hillary Clinton es la primer
mujer que se postula para la
presidencia y eso en sí es un hecho
muy relevante. Pero la diferencia entre
Hillary y  Obama es que el segundo
representa nuevas ideas,  cooperación
entre los diferentes partidos políticos  y,
sobre todo, un gran talento para
convencernos de que es tiempo de
superar nuestras diferencias,  que es
tiempo de unificarnos en un objetivo
mancomunado, que es tiempo de
aspirar a un futuro mejor para nuestros
hijos y nuestro país adoptivo. Si estás
listo para un cambio, para una nueva
trayectoria en Estados Unidos, no
concedas tu voto en base  a apariencias
 físicas ni prejuicios. Como bien dijera
Martin Luther  King, Jr.:  "Yo tengo la
aspiración de que un día mis cuatro
hijos vivan en un país en donde no sean
juzgados por el color de su
piel sino por la entereza de sus
caracteres".
A esta altura del  panorama político
estadounidense, cuando sólo quedan
tres candidatos de peso en la contienda
electoral, me gustaría explicarle a la
comunidad latina por qué apoyo a John
MacCain en su candidatura a la Casa
Blanca.  El senador de Arizona,
estadista y héroe de la Guerra de
Vietnam, tiene un claro record de
servicio a su comunidad y a la nación
que no solamente inspira respeto sino
que le permitiría desarrollar un gobierno
centrado en la honradez, el culto a los
valores de la familia americana (incluida
la latina) y, a su vez, servir de ejemplo a
las nuevas generaciones.  
Hombre que ha superado los más
graves obstáculos para elevarse a la
condición de honor que hoy ostenta,
héroe militar, hombre de familia,
respetuoso de la ley y lleno de
compasión, John MacCain representa la
última esperanza para que nuestro país
sobreviva los retos del siglo XXI.
Que sea detestado por los
ultraconservadores (quienes ven en él a
un liberal encubierto) por su respeto a
las preferencias individuales, por la
búsqueda de soluciones al problema
de los millones de inmigrantes
indocumentados que viven en el país; y
que haya ganado el voto de una mayoría
de latinos en su estado; nos debe
llamar a reflexión. Denigrado también
por la extrema izquierda por su apego a
los valores fundamentales de nuestra
nación, John MacCain es el único
candidato que puede confrontar
exitosamente los grandes retos de una
nación dividida como la nuestra.
Su posición mesurada, su sinceridad y
pasión, conjugan los ingredientes
perfectos para reformar a las
estructuras de poder que han sido
corroídas por los grupos de interés. Su
posición acerca de las contribuciones
financieras a las campañas electorales,
es bien conocida. MacCain apoya el
mérito, por encima del dinero de los
lobbies.  A lo anterior, se une su interés
por resolver los conflictos heredados de
pasadas administraciones. Para
solucionar el conflicto de Iraq,
específicamente, necesitamos líderes
con la experiencia y los valores morales
de MacCain. No creo que las
propuestas de candidatos con un
mensaje populista, que tienen la
arrogancia de auto titularse como
agentes de cambio, tenga el valor de la
madurez política y experiencia del
senador MacCain.
En un mundo de grandes desafíos, con
fanáticos religiosos que promueven el
terror; un mundo de globalización en
donde se redefinen las relaciones
comerciales; un mundo en donde los
valores fundamentales de nuestra
sociedad occidental y cristiana son
cuestionados; es necesario tomar
decisiones serias que solamente
surgen de una rica y extensa
experiencia.  John MacCain es el único
candidato que es capaz de gobernar
con la sabiduría y el pragmatismo que
proviene de servir tantos años a su
patria.  El héroe de guerra que pasó
años en prisiones enemigas, es el
candidato de quienes quieren, por
encima de los cantos de sirena de la
oposición política, fortalecer la
democracia y el bienestar económico de
esta gran nación.
Agapito Núnez es el seudónimo de un
escritor latinoamericano que reside en
California.
Lorenzo Reina es un escritor cubano que
reside en California.  Sus obras han sido
publicadas en la
Revista hispano cubana,
en
La Porte des Poétes.  Su última novela
fue
La profesía del Orisha.
Jorge Laprida es un seudónimo.
© La Luciérnaga Online, 2008