MÁS PEÑAS, PREMIOS, PICNIC Y REUNIONES CULTURALES  
Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
E D I T O R I A L

El 20 de noviembre nos volvimos a juntar en casa de Cecilia y Néstor Fantini, en Northridge, en una nueva reunión de la cada vez
más reconocida Peña Literaria La Luciérnaga.  En la introducción de la peña, y tal como se había venido anunciando, José Manuel
Rodríguez presentó a la escritora argentina Norma Villanueva quien leyó su cuento “La mujer del velo”, escrito en 1996 y parte de
la serie Posada del subconsciente.  Otros que compartieron sus poemas y cuentos fueron Oscar Benítez, Raúl Arredondo,  Julio
Benítez, Gabriel Lerner,  Agueda Cabrera, Lali Sorrentino y Rafael Figueroa.   Además, Rafael Carvajal leyó sus “Máximas y
mínimas”, Alejandro Molina hizo una representación teatral de uno de sus poemas y Alberto Villalobos presentó un ensayo.

En la peña, que como siempre fue grabada por Jairo Duque para Colombia Informa Radio, se resaltó el logro de José Manuel
Rodríguez quien, con su novela Los trashumantes, ganó el Concurso Nacional de Novela Corta, de la Universidad Central de
Colombia.  Junto al correspondiente certificado de reconocimiento, Rodríguez, quien también es miembro del Consejo Editorial de
La Luciérnaga Online, recibirá $4 millones de pesos colombianos.

Un mes antes, La Luciérnaga se había reunido en casa de Dukardo Hinestrosa, en North Hollywood, en donde, junto a un
acogedor fuego de chimenea, leyeron Antonieta Villamil, Mark Lipman, George de Aztlán, Rafael Carvajal, José Manuel Rodríguez,
Rafael Figueroa, Julio Benítez, Celerino Hernández, Raúl Arredondo y Alberto Villalobos.  René Colato Laínez, autor de varios
libros infantiles, presentó su último trabajo, Del norte al sur.   El pintor chileno Ricardo Abrines trajo varios de sus cuadros que
pueden ser admirados en la Galería de Arte de La Luciérnaga Online.

En un esfuerzo por expandir las actividades sociales de La Peña Literaria La Luciérnaga, Cecilia Davicco se encargó de organizar
un picnic que tuvo lugar en el Northridge Park, el domingo 14 de noviembre, y al que concurrieron más de 30 personas con sus
familias y amigos.  Los siempre aclamados choripanes de Luis Dugnas y empanadas argentinas aseguraron el apetito de los
concurrentes que se enfrascaron en carreras de embolsados, partidos de fútbol y vóleibol, juegos de ajedrez, dominó, adivinanzas
y mucho más. Un día de sol primaveral, la algarabía de los niños y la ´buena onda´ de las luciérnagas aseguró una jornada
inolvidable.  

En lo que hace a actividades culturales y literarias, Néstor Fantini anunció que La Luciérnaga está participando de reuniones
convocadas por el conocido productor Alfie Martin que tienen como objetivo la organización de un gran evento cultural que reúna a
varios círculos literarios de la región.  Además, recientemente, el profesor Benito Gómez Madrid, de la Universidad Estatal de
California Domínguez Hills, después de felicitarnos por nuestra página de internet de la que dijo: “me encantó”, invitó a que La
Luciérnaga participe de un Encuentro de Autores que sería parte de un simposio internacional que la casa de altos estudios está
organizando para marzo de 2011.

Cabe recordar que La Peña Literaria La Luciérnaga comenzará, a partir del 1 de enero de 2011, a aceptar membresías.  Cecilia
Davicco, como tesorera de la organización, es la encargada de registrar a todos aquellos que deseen sumarse a este círculo
literario y gozar de las diversas ventajas que implica la membresía.  Finalmente, se recuerda que el 11 de diciembre es el último día
para poder votar por el o la “Luciérnaga 2010”.  O sea la persona que mejor representa los valores de esta organización dedicada
a promover la cultura y la lengua de Cervantes.   El ganador será anunciado en la peña de diciembre.
P O E S Í A S
VEREDAS
Silvia Tomasa Rivera
IV
Julio César Gutiérrez
NO SÓLO LA SONRISA VEÍAN
Capricho
Carlos Martínez Rivas
Por la vereda el sol
              es una brasa.
Una sombra del mecapán el hombre.
Adentro la ilusión, de la posible venta
de su sueño.
Una mujer lo sigue, taciturna
y descansa su carga en las orillas.
Es tan larga la espera de la sombra.
Mujer y hombre caminan por las rampas
como fuentes de luz entre huizaches.
¿Adónde van?
¿Que tiempo los arroja hacia el abismo?
En el pueblo la lluvia
lava sus frutos al ras de la banqueta.
Acaso es su destino, la otra cara de Dios.
Húmedos sobre mantas y huipiles
le apuestan a la vida.
Conocen un camino: la vereda,
a ella regresan
bajo la oscura luz de las estrellas.
La vislumbran, la esquivan;
también es de serpientes la vereda,
de emboscadas de niebla.
(El umbral implantado a otro silencio)
Sólo el que la conoce puede burlar el tiempo
y llegar sin perderse
                          a su raíz.
Silvia Tomasa Rivera
Huasteca Veracruzana, Mexico, D.F
Lahoja, # 7, Abril-Mayo 1993
Ser obrero... con la navaja del tiempo... afilándose...
obrero con manos que saben soñar
La cabeza como panal
Las horas como enjambre
Sol casi muerto
Tierra enferma lo escribo con la pereza del que no
quiere llegar al árbol que da sombra

Tierra-arena-calor

Quiero saber lo que está tras de mi espalda
Viento sopla
Lluvia-cuerpo-cansancio
Laguna en los pies
Cabeza-nube     nariz-montaña     pies-desierto

Tierra-arena-calor

Viento sopla
Hoja gigantesca
Hoja verano
Viento sopla
Imagínate sol en las montañas

Sol-yema
Aquí no se hace tarde nunca

Nunca es tarde
Quiero orinar
A ese sol-rostro    sol-horroroso    sol-dolor
Sol de orina
¡No salgas nunca sol!      Sol coraje,
Ser obrero... con la navaja del tiempo... afilándose
Julio César Gutiérrez
México y Los Angeles
Lahoja, #16,  Diciembre-Enero 1998
Durante la corta temporada en que tuve
el privilegio de hallarme a vuestro lado, pude
-permitidme, Madame, decíroslo- observar
entre la luz de los ralos cabellos
las junturas calizas y dentadas de vuestro cráneo.

A los fuertes rayos del sol
he logrado después ver, netamente
y con inexpresable admiración,
vuestra calavera completa
(con las dos cuencas y el pequeño
agujero triangular sin fondo)
que vos llevabais con tan noble
desdén y casi sin advertirlo.
Carlos Martínez Rivas
Nicaragua
Lahoja, #2,  Enero-Febrero 1992
ESQUELA
Ottoniel Martínez
Comparto el luto
con usted, paloma:
    se nos ha muerto la dicha.

Estamos ahora
como al principio:
     con un nombre que no es el nuestro
     y una mercenaria concepción de la ternura.
ACERCA DE LA PROPUESTA HECHA POR
EVA A SU COMPAÑERO ADÁN EN
OCASIÓN DE ENCONTRARSE BAJO EL
ÁRBOL DE LA SABIDURÍA

Muérdeme
y conocerás
la dulzura
del destierro
Ottoniel Martínez
Guatemala
Lahoja, #1,  Diciembre 1991
En esta edición de La Luciérnaga Online compartimos poemas que aparecieron en la
década de los 90 en
Lahoja de Poesía y Literatura, publicación angelina impresa en
tinta y papel cuyo formato semejaba una gaceta-hojas dispersas por el viento que
manos amorosas unieron. En sus páginas se juntaban voces locales, así como otras
con acentos latinoamericanos y europeos.  Es nuestro deseo, en siguientes ediciones
de
La Luciérnaga Online, recordar otras revistas, entre ellas Monóculo y Carpetas de
La Luciérnaga.  

Elsa Frausto
C U E N T O S

                                              
                                               Como ausencia extendida, como campana súbita,
                                               El mar reparte el sonido del corazón...
                                                                        Pablo Neruda


Cuando amaneció, en ese octubre de nubes inestables y
ramas deshojadas,
hacía horas que estaba semidespierto, me
contaría haciendo esfuerzos por recordar detalladamente las
circunstancias de esa jornada que cambiarían para siempre su
vida.  A las dos y media, más o menos, había escuchado un
trueno en la lejanía de los cielos otoñales de Northridge y de
soslayo confirmó la posición de las agujas en el despertador
de mármol de Carrara que había heredado de su abuela
Concepción.  También se aseguró de mirar hacia el costado
izquierdo en donde Zulma,
Ah, mi dulce Zulma, a pesar de
estar boca arriba y con el pelo azabache enredado, mantenía
cierta dignidad angelical.

A eso de las tres y media,  percibió algo indefinido:
una
sensación de intranquilidad
, diría más tarde, que lo empujó a a
sentarse de pronto en la cama.  No pudo determinar la causa
del sobresalto, pero intuyó que había algo grandioso e
inexplicable que estaba a punto de ocurrir. Después, con esa
angustia en el pecho, ya no se pudo volver a dormir.

A las siete y dieciséis,
y me acuerdo que eran precisamente las
y dieciséis  porque pensé en la edad que tenía cuando mamá
se suicidó en su vieja casona de Olivos,
Zulma le dio un beso
rutinario en su mejilla todavía sin afeitar y le dijo “me voy a lo
de Bárbara, mi melocotón, y de ahí a UCLA” y le desparramó
su perfume Cabotine de Gres que él mismo le había regalado
para ese cumpleaños que ella no quiso festejar porque era un
año bisiesto y la Luna, como decía Ramira, la guatemalteca
que venía a limpiar los lunes, estaba alineada con Saturno
prediciendo un desastre de dimensiones apocalípticas.

“Me voy a lo de Bárbara y de ahí a UCLA” quedó flotando en el
living room de la casa victoriana de dos pisos y del jardín
impecable que estaba al final de un
cul de sac en ese elegante
rincón del Valle de San Fernando.  “Me voy a lo de Bárbara y
de ahí a UCLA”, se repetía cuando salió detrás de ella y
comenzó a seguir al Mercedes Benz E320, turbo diesel de 210
caballos de fuerza, que dobló en Lassen Street haciendo
chillar los frenos y con Mick Jagger a todo volumen acusando  
que este mundo de corazones de metal es una porquería.

“Me voy a lo de Barbara”, se repetía  cuando la perdió en el
tráfico infernal del Hollywood Freeway, después que un
gigantesco camión de Sears Corporation,
fucking jerk, casi lo
empuja a la banquina.  Y aunque logró controlar el volante y
salvar el momento, se sorprendió que no sintiera nada.  Por el
contrario, pensaría días después que los eventos concluyeran,
cuando estaba a punto de estrellarse contra el muro de
contención, no sintió nada de miedo. Nada de esa sensación
de desesperación que supuestamente se debe sentir en ese
instante decisivo.
Nada, absolutamente nada, ´my dear friend´.
Como si verdaderamente no le importase un carajo terminar
disuelto entre el metal gris de ese camión de mierda.

Nunca pudo recordar cómo llegó, pero media hora después
estaba estacionando a media cuadra de la casa de Bárbara,
en Studio City.  Parecía que no había nadie porque el
‘driveway’ estaba vacío, las cortinas turquesas estaban
cerradas y, excepto por un perro perdido que olfateaba los
arbustos de los jardines, reinaba total desolación.

Esperó unos minutos, deseando, rogando, implorando, que
apareciese el Mercedes salvador.
Cuando el espejo retrovisor
me proyectó la imagen de un auto negro doblando la esquina,
sentí que se me aflojaba el cuerpo, esa sensación de alivio que
surge cuando todo está aclarado
, me dijo casi con lágrimas en
los ojos.  Pero no era ella.  Era un Lexus negro parecido al de
Zulma.  No era ella.  No podía ser ella. No había ninguna
posibilidad que fuese ella, porque la Luna estaba alineada con
Saturno y las fuerzas cósmicas eran más poderosas que estas
ridículas marionetas de existencia finita.

Después de esperar media hora, una media hora de eternidad
dantesca, llamó a Bárbara Patricios Barrenechea, amiga
incondicional de su mujer, amiga desde el Liceo de Señoritas
La Sagrada Familia en donde las dos compartían el mismo
cuarto, los mismos libros y el secreto de haber sido
desvirgadas por su querido profesor de gimnasia, el señor
Mario McKenzie, quien, como se reportaría en Clarín años
después, aparte de adolescentes, también incluía en su lista
de ‘experiencias’ a medio staff, tanto femenino como
masculino, del pretigioso internado de niñas de clase media
alta.  
L A  C A M A: Un trayecto oblicuo de 19 millas en una ciudad desconsolada
Néstor M. Fantini
T R I C O T O M Í A   U R B A N A
Lorenzo Reina

En el primer intento, el teléfono de Bárbara estaba ocupado.  
Pero la segunda vez, contestó y apurada le dijo que tenía
alguien de Foster Associates,
te acordás de aquel negocio con
la mina brasilera y los franchutes que te había contado
, y que
estaba apuradísima pero que en cuanto volviera al hotel,
porque estaba en San Diego… Y no sabe qué más dijo,
porque estaba en San Diego... Y lo que restaba de esa
conversación no tenía la menor importancia, en esta ciudad de
Los Angeles, en donde Claudio Fernández Viale y Zulma
Patricios de Fernandez Viale estaban a punto de dirimir una
milenaria contienda que tenía mucho de vida, mucho de
pasión, mucho de amor, mucho de traición.  

“Me voy a lo de Bárbara…”,  de pronto se transformó en una
frase crucial en el andamiaje aristoteliano que comenzó a
forjarse en la acusación que surgía, ahora, en el terreno
público.  Una frase determinante, me diría Claudio en esa única
entrevista que tuvimos, con la que pensaba destruir cualquier
argumento con el que su mujer de toda la vida intentaría,
seguramente, articular una defensa exculpatoria.

Y si no estaba en lo de Bárbara, Bárbara con b larga de
bondad, Bárbara Patricios Barrenechea, hija de un potentado
que alguna vez apareció en la lista de posibles ministros de
economía de la administración militar del general Juan Carlos
Onganía,  nieta de un ex gobernador de Salta y como tal
admitida a las infaltables fiestas del Club 20 de Febrero en la
que los restos de una patética oligarquía casi medieval
festejaba la introducción de señoritas en esa sociedad en la
que primos cada vez más cercanos se casan entre ellos para
mantener esos apellidos de cuatro o cinco guiones que
separan historias de opresión, racismo, exterminio, en un
mundo de latifundios en que indios desnudos lloran sin
lágrimas, Bárbara que rima con cámara, Bárbara alta, Bárbara
rubia, Bárbara cómplice, Barbara puta, Barbara mierda… Si no
estaba en lo de Bárbara… entonces,
dios mío, recuerda que
dijo,
dios mío, dios mío, no cabía otra posibilidad.

Ahora con el “Me voy a lo de Bárbara…” ya sin sentido y
armando y desarmando nuevos planes de acusaciones,
defensas, contradefensas y contradicciones, Claudio
Fernández Viale, o mejor dicho, Claudio “Cuernos” Fernández
Viale, Claudio gorreado, Claudio boludo, se lanzó de nuevo en
el Hollywood Freeway hacia la casa de
no voy a pronunciar su
nombre
para confirmar lo que durante meses sospechara.

La verdad es que no sé cómo llegué, diría después. Sé que
había luces y hasta voces que transcurrían en ese túnel vacío,
pero no veía nada
.  Apenas se acuerda de una melodía en la
radio y un cartel blanquinegro en algún lugar del freeway
anunciando la pelicula Transformers 3 y bocinazos perdidos en
el fondo y también que en determinado momento pensó en
Abbadón, ese ángel exterminador de lanza sangrienta que
cuando niño copiaba de una revista de caricaturas y con el
que balbuceaba un plan para que destruyesen a ese padrasto
al que desde lo más profundo de su ser odiaba desde el
amanecer hasta la  muerte.

No sé cómo llegué, pero ahí estaba, de pronto, frente a la casa
de ese hijo de puta.
Y allá, a una cuadra casi, más allá de los
árboles sin pájaros, más allá de las montañas sin cielo y los
desiertos, estaba el Mercedes. Ese maldito Mercedes E320
armado en Stuttgart, Alemania, por un obrero gris que nunca
sabría el destino fatal que estaba construyendo.

Cuando abrió la puerta de la casa, con el revólver calibre 38
ya en su mano temblorosa, no se sorprendió que estuviese sin
llave.  Tampoco le sorprendió la sonrisa de ternura que recibió
de una Zulma desnuda ni la mirada de resignación del
innombrable.  Después de todo, como decía la guatemalteca
Ramira, la Luna estaba alineada con Saturno y era inútil
intentar revertir el destino fatal de la jornada.

Néstor M. Fantini, es   un   sobreviviente  de  la  Guerra Sucia
argentina   que   reside   en   Los   Angeles.   Aparte   de   su
experiencia   profesional   como   docente  y  periodista,  su
interés  por  la  literatura  lo  ha motivado  a involucrarse en
numerosos  eventos  culturales  y organizaciones. Algunos
de sus cuentos fueron publicados en Lahoja, Mirando hacia
el  sur  y  otras publicaciones.   Es editor fundador de
La
Luciérnaga Online.

Después de dos semanas de intensas lluvias, la vieja Glenda aprovechó una mañana los pálidos reflejos del sol  para
salir al patio, parar los tallos de sus rosas y dar gracias al Santísimo por poner fin al diluvio. Su única familia eran tres
gatos friolentos y un  perro que la siguieron hasta la caja de la correspondencia, de donde sacó el cheque del
Seguro Social de entre una montaña de anuncios; promesas de premios y ofertas para comprarse un pedazo de tierra
en el cementerio.  En la distancia escuchó el ruido de las sirenas de la policía. Sin perder tiempo regresó a la casa,  
temerosa de ser blanco de alguna bala errante, o víctima de algún bandolero fugitivo. Una vez aseguradas puertas y
ventanas, descubrió que el perro se había quedado afuera.

Justo tres días antes Francisco se montó en su bicicleta y partió hacia su trabajo por una avenida del South Central.
Eran las vísperas de la Nochebuena y tenía que comprar algunos regalos por lo que decidió, con permiso de su patrón,
comenzar su trabajo tres horas antes de lo acostumbrado. Llevaba un año viviendo ilegalmente  en Los Angeles y ya
tenía un trabajo, un cuarto compartido con diez y hasta dinero para  mandar  al otro lado de la frontera. Mientras la
bicicleta  hacía jirones en la niebla, Francisco pensaba en su  futuro. Si todo salía como había planeado, dentro de
poco iba a comprarse un carro de segunda mano con que pasear a su familia por las calles del barrio.

Hacía sin embargo cuarenta y cinco días que Genaro estaba pasando por una mala racha. De nada valían consejos de
curanderos  ni visitas a botánicas. Desde que había dejado su pueblo, allá en Zacatecas, se le había pegado una mala
suerte que no daba pie con bola. Por eso se daba sus tragos de vez en cuando para olvidarse de la pinche
vida, según él.  Por eso  buscaba la compañía de Facundo, un borrachín como él pero con mejor suerte. En esos días
en que Genaro estaba melancólico, buscaba a su compadre y se daban unas curdas que duraban toda la noche. Y
entonces Genaro destapaba sus rencores y  blasfemaba contra Dios, maldiciendo por haber nacido el día de los
muertos. Facundo sacaba a empujones  a Genaro  de los bares, temeroso de que fuera a aparecer  la Migra y cargara
con los dos. En un laberinto de calles y avenidas traicioneras, en una ciudad de claroscuros iban dos beodos;  uno al
timón y el otro cantando una ranchera.

Glenda aún recordaba los tiempos de su niñez cuando se iba a pasear con sus padres al entrecruce del tren. Entonces
no tenía que estar pendiente de quién la seguía, de quién pudiera aparecer amenazante  en una esquina. Los barrios
eran entonces tranquilos y sólo se escuchaba la sirena de los bomberos. La gente moría de viejo. Jamás una bala le
cortó el sueño a nadie. Poco a poco, Glenda fue encerrando sus memorias entre cuatro paredes. Tenía recelo de la
televisión  y sus noticias, de las sirenas de la policía aullando en la noche,  de los cholos, de los indocumentados, de
los negros. No pasaba un día en que Glenda se preguntara cómo iba a morir. La muerte rondaba por aquellos barrios
en muchas formas, casi siempre violentas. Su sueño era morir como su madre Tita, sus abuelos y tatarabuelos; de
viejos en la cama.

Glenda había notado últimamente un mosquero sobre el muro de su patio que le servía además de frontera. Eran
moscas verdes y grandes. Las veía aterrizar con las panzas llenas de inmundicias.  Zumbaban, se multiplicaban, se
posaban sobre el cristal de sus ventanas, frotando sus patas delanteras para limpiar sus ojos. Más de una vez habían
encontrado un cadáver en el río que serpenteaba nausebaundo bajo la autopista. Pero
estaba vez, Glenda tuvo miedo. Las moscas en vez de irse como otras veces hacia sus guaridas hediondas,
continuaban arremolinadas en su patio, muy cerca del muro.

Tres  días antes de llegar la plaga de las moscas al patio de Glenda, Genaro vio un chispazo amarillo en la distancia.  
La densa  niebla hizo el resto. Antes de que tuviera tiempo, la luz del semáforo se volvió roja, enorme, inevitable.
Chirriaron los frenos y el impacto lanzó a Facundo sobre el contén de la acera y allí quedó,  eructando una maldición.
Genaro dio marcha atrás, aturdido.  La borrachera había desaparecido como por arte de magia. Llevó a duras penas el
carro hasta una esquina oscura. De entre dos halos de luces vio una rueda de bicicleta,  aún girando en un entrecruce
de calles. Y al tratar de escapar de la escena, descubrió una pierna humana sobre el techo. Sin perder tiempo miró  a
todos lados, tiró del  miembro ensangrentado y lo lanzó por sobre el primer muro que encontró.

Glenda llamó con tres gritos al perro desde la puerta.  El perro apareció moviendo la cola  para desaparecer otra vez
entre los arbustos, alborotando las moscas. Inquieta, Glenda salió de nuevo al patio pero no logró llegar al muro.
Llevándose una mano al pecho sintió su corazón trabarse como un  reloj  roto, mientras el perro tiraba con sus colmillos
de un calcañal.

Lorenzo Reina es un escritor cubano que
reside en el sur de California.  Sus obras
han sido publicadas en la
Revista
Hispano-cubana
y en La Porte des Poétes.  
Su última novela es
La profesía del Orishá.
E N S A Y O S
T R A T A N D O  D E  E N T E N D E R  Q U I É N  S O Y
María Luisa Arienza-López
Quiela aparece como víctima en los ojos de los lectores porque
Poniatowska enfatiza que Diego “casts her within patriarchal stereotypes
of dependency”, lo cual provoca los pensamientos de liberarse y
aislarse de Diego para empezar su vida independiente (Sifuentes-
Jáuregui, 2001). Por ejemplo, según Sifuentes-Jáuregui, “Her statement
[Quiela’s] about abandoning geometric forms can be read as a certain
distancing from Diego. She does not imitate Diego nor engage with
muralism”, lo cual intensifica el deseo de alejarse de Diego, dejando de
seguir su estilo de vida y sus intereses (Sifuentes-Jáuregui, 2001).
Además, Sifuentes-Jáuregui indica que “Quiela conceives of herself as
Diego’s other, and through painting a portrait of another woman she may
begin ultimately to think of herself as independent, free from the
constraint of Diego” (Sifuentes-Jáuregui, 2001). También se puede
observar que el proceso de la recuperación de la identidad suscita la
curiosidad de los deseos sexuales de Quiela, permitiéndole explorar
nuevas formas de sentimientos eróticos. Sifuentes-Jáuregui atestigua
“With painting another woman, Quiela begins to find herself within a
homosexual matrix, therefore allowing herself to explore self-
identification” (Sifuentes-Jáuregui, 2001). A través del periodo de nueve
meses y tres días –supuestamente el tiempo exacto necesario para el
desarrollo prenatal de un bebé, lo cual sugiere que las cartas escritas a
Rivera representan al hijo de la protagonista–, Quiela logra liberarse de
su propio sufrimiento por Diego y establecerse como una mujer
físicamente y emocionalmente emancipada.

Al sentir la independencia, Quiela se queda sorprendida por el
encuentro de la identidad propia y empieza a experimentar con su
libertad emocional en muchas maneras a través de las cuales
Poniatowska expresa sus ideas feministas. Según Sifuentes-Jáuregui,
el título de la novela es un juego homofónico no solamente con respeto
al nombre de la protagonista sino también con el resto de la frase.
Sifuentes-Jáuregui sugiere que te abraza Quiela es la máscara de la
frase te abras a Quiela, la cual se dirige a Diego y demuestra la fuerza
del feminismo. La interpretación de la frase, según Sifuentes-Jáuregui
es lo siguiente: “the entire title conceals a desire for Diego to open up,
so that the text may reach and penetrate him”, explicando que Quiela ya
entiende que no puede seguir siendo un objeto sino que tiene que
recibir la comprensión de su amante. Sobre todo, Sifuentes-Jáuregui
propone un pensamiento aún más fuerte y feminista, señalando que te
abraza Quiela es en realidad te abrasa Quiela, lo cual embarca en sí la
violencia, la agresión, y la rabia que llevan en sí las mujeres hacia los
machistas. Poniatowska presenta el feminismo con el abrazo
abrasante, sugiriendo que las mujeres logran “quemar” al sexo que las
hace sufrir y que las trata sin respeto. En
Querido Diego, “Quiela
embraces, she desires for her lover to open up, and she burns him”, lo
cual subraya y enfatiza el mensaje central de la feminista mexicana
(Sifuentes-Jáuregui, 2001). Sifuentes-Jáuregui continúa diciendo que
Quiela por fin entendió que “she wants attachment and identification,
and realizes that there must also be distance” (Sifuentes-Jáuregui,
2001). Al comprender eso, Quiela da su abrazo, “an embrace of love and
good-bye which represents her desire for, as well as a distancing, from
the other” (Sifuentes-Jáuregui, 2001).

Según el artículo, este símbolo del “embrace” también apoya a Quiela
mientras que ésta recupera su identidad perdida dentro de los sueños
amorosos de su juventud y de los diez años pasados con Diego.
Comprendiendo que Diego ya no la quiere –y quizás que nunca la
quería–, Quiela utiliza tal duda para comenzar el proceso de liberación
emocional y logra independizarse emocionalmente de su ex-amante
(aunque él todavía sigue enviándole el dinero necesario para sobrevivir
en París). Cuando la protagonista alcanza la meta de escaparse de la
dictadura emocional de Diego, entiende que se siente más cómoda y
puede construir su propia vida, experimentando con sus nuevos
intereses de la sexualidad. El simbolismo que siguiere el título –el
abrazo cariñoso de Quiela– irónicamente se puede observar como la
base de la ruptura emocional de Quiela hacia Diego. Como señala
Sifuentes-Jáuregui, “that embrace good-bye also guarantees survival for
the self” (Sifuentes-Jáuregui, 2001).

Sus ideas feministas, sus juegos de homófonos y su creatividad, hacen
a Elena Poniatowska una de las mejores escritoras de su país. Al
dedicarse al periodismo, la autora puede establecer ciertas conexiones
y promover ideas específicas para poder cambiar el punto de vista de su
público. Una de estas ideas fue presentada en la novela
Querido Diego,
te abraza Quiela
, en la cual Poniatowska se enfoca en el asunto de la
pérdida de la identidad femenina, escondida en el mundo del dominio
masculino, lo cual es enfatizado por Cynthia Steele diciendo que “la
novela capta con elocuencia la tragedia de una feminidad vivida a la
sombra de un artista y su fama”. (Steele, 1985) Aquí se analizó esta
novela con la utilización de teorías del feminismo, para poder descubrir
el verdadero mensaje de Poniatowska, enmascarado por las penurias
amorosas de Quiela. Sufriendo de su propio amor hacia Diego Rivera,
la protagonista pierde su identidad, lo cual es una ocurrencia común en
países latinoamericanos. Después de ser abandonada, Quiela intenta
recuperar su identidad y continuar su vida sin su amante. Al final de la
novela, los lectores entienden que ella logra olvidarse de Diego y
hacerse una mujer fuerte, independiente y feliz. Claramente,
Poniatowska presenta la idea del feminismo en la transformación de
Quiela la miserable, a Quiela la independiente, y presenta así un buen
ejemplo para todas las mujeres de su época.

Análisis feminista de la protagonista de Querido Diego, te abraza
Quiela,
de Elena Poniatowska


En toda la obra de Elena Poniatowska, se puede observar un hecho
muy especial: la autora feminista siempre quiere enfatizar la palabra
sencilla de la gente marginada de su país y, asimismo, “dar voz a los
[mexicanos] que no la tienen”, específicamente haciendo que sus
protagonistas sean “campesinos, obreros, miembros de la oposición
política, mujeres…” (Steele, 1985). Contradictoriamente, se sabe que
esta periodista escribió una novela corta – utilizando los hechos
verdaderos, mezclados con la imaginación de la autora – donde la
protagonista, aunque sea una mujer, de repente viene de origen
europeo, quebrando la fuerte tradición de defender a los pobres y
desdichados de México. Publicada en 1978,
Querido Diego, te abraza
Quiela
le permite a Poniatowska protagonizar a una pintora rusa,
Angelina Beloff,  y presentar sus opiniones, imaginaciones,
sentimientos, deseos, sueños, y emociones, en forma de cartas
amorosas dirigidas al más famoso y exitoso pintor de México, Diego
Rivera. Enfocándose en los hechos históricos, derivados de los
estudios de Bertram Wolfe, Poniatowska presenta la obra con el
propósito de demostrar el proceso de recuperación de una mujer que
se perdió dentro de sus sentimientos amorosos y sus tragedias
tristes, tratando de buscarse a sí misma y establecer finalmente el
sentido de su propia identidad.

El tema de la identidad femenina se puede considerar la tesis central
del artículo “Loss, Identification, and Heterosexual Tendencies in
Poniatowska’s
Querido Diego, te abraza Quiela”, en el cual me basaré
para examinar el dilema de la identidad de la protagonista que basa
su discurso en una reconciliación con el otro con el propósito de
descubrir su propio “yo”. Declarado por el autor del artículo Ben
Sifuentes-Jáuregui de la Universidad Estatal de Nueva Jersey, “the
principal thesis of this essay will involve understanding the shift
between Quiela as other and Quiela as self”, sugiriendo que
Poniatowska crea en realidad a dos Quielas: una que representa la
otra y la segunda, que se representa a ella misma (Sifuentes-
Jáuregui, 2001). Para empezar, es importante presentar el resumen
del argumento: Angelina Beloff, la amante de Diego Rivera, fue
abandonada por él en Francia después de diez años de vida
compartida durante la cual sucedieron varias cosas, como la muerte
de su hijo (también llamado Diego) y la mexicanización de la
protagonista. Al quedarse sola y desesperada, Quiela le escribe a
Diego doce cartas que le manda a México con esperanzas de recibir
respuestas de su objeto amoroso. Sin embargo, Diego nunca le
contesta y esta comunicación se termina cuando Quiela se da cuenta
de que ni el simple pensamiento de ella pasa por la cabeza de Diego,
quien ya está interesado en otra mujer. Durante nueve meses de
comunicación, Quiela se presenta débil y perdida, lo cual acentúa el
propósito de Poniatowska que intenta demostrar la deformación de la
identidad de la mujer bajo el poder masculino en la sociedad
patriarcal mexicana.  

El texto directamente despliega la ausencia de la identidad de la
protagonista que depende completamente de su objeto amoroso y
demuestra cómo ella misma intenta recuperar lo perdido. De hecho, el
artículo presenta un punto, resumiendo el propósito de todo el texto:
“Poniatowska’s text is obsessed with identity. We can hear a woman’s
cries for recognition. Recognition: to know again, to identify. There is
lack of acknowledgement: of Self and other and [it is apparent that]
Quiela is unable to see herself clearly” (Sifuentes-Jáuregui, 2001).
Como señala Sifuentes-Jáuregui, “Querido Diego takes the form of a
desperate attempt by a woman seeking a man to ‘complete’ her”, así
enfatizando que sin Rivera, Quiela se siente incompleta (Sifuentes-
Jáuregui, 2001). Se observa que “Bertran Wolfe represents Quiela as a
woman completely dependent on Rivera” y, como afirma el autor del
artículo, “Quiela indeed writes her identity in Diego’s terms” (Sifuentes-
Jáuregui, 2001). Stacey Parker apoya la tesis de Sifuentes-Jáuregui,
diciendo lo siguiente en uno de sus artículos: “Quiela se desvaloriza
para darle placer a Diego y para demostrarle la falta que tanto le hace”
(Parker, 1993).

Al desvalorizarse, Quiela pierde completamente su identidad, hecho
que Poniatowska enfatiza dándole a la mujer el nombre “Quiela”,
cuando en realidad la protagonista ya se llama Angelina. “Quiela” no
es simplemente un nombre único (que nunca hemos oído en nuestras
vidas), sino que funciona como símbolo, representando un estado
impersonalizado. “The name asks (homophonically in French) a
question: qui est la? Who is there?, which underscores dramatically
the impossibility of self recognition on the woman’s part “ (Sifuentes-
Jáuregui, 2001). Al preguntarse ¿Quién está allí?, el nombre de la
protagonista “begs for recognition, for identity, but only seems to point
to the other, that one who is over there” (Sifuentes-Jáuregui, 2001).
Mientras las cartas se hacían más fuertes y menos amorosas,
Poniatowska coloca dentro del texto el deseo de Quiela “to articulate
her own identity, to reunite parts of a fractured Self”, afirma Sifuentes-
Jáuregui (Sifuentes-Jáuregui, 2001). Finalmente, Poniatowska le da a
Quiela la oportunidad de presentarse de manera un poco más
independiente y así lograr por lo menos el comienzo de la
recuperación de su identidad.

Al quedarse enteramente abandonada, Quiela se da cuenta de que
ella está encerrada en un ciclo de pérdidas – la pérdida de Diego, de
Dieguito y de sí misma, y ese sentimiento brutal provoca sus deseos
de ser identificada, a través de los cuales Poniatowska introduce los
elementos feministas dentro de su obra. Sifuentes-Jáuregui siguiere
que “the text is a struggle to articulate loss” y propone que este deseo
de luchar contra estas pérdidas fue la base de la motivación de Quiela
para encontrarse a sí misma.
María Luisa Arienza-López  nació en Rusia, en 1991.
Actualmente está a punto de graduarse con un M.A. del
Departamento de Español, de la Universidad Estatal
de Northridge.
M Á X I M A S   Y   M Í N I M A S
Rafael Carvajal
Rafael Carvajal, colombiano que escribe
ingeniosos  dichos populares que aparecen en
publicaciones como
Tiempo Sur e HispanicLA.
rafiacv@yahoo.com

Cada problema crece en proporción directa a la distancia que estamos de la solución.


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Definición de Vedette: Mujer experta en piernografía y senografía.
R E F L E X I O N E S
© La Luciérnaga Online, 2010