Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
G R A N D E S   E X P E C T A T I V A S ! ! !  
E D I T O R I A L
¡Qué manera de empezar el año nuevo!  La peña del sábado 21 de enero, en Northridge, fue un éxito rotundo.  Treinta y seis participantes escucharon
poesía y cuentos, cantaron y socializaron en un ambiente más que agradable.

El evento fue abierto con las vibrantes guitarras de Silvestre Burgués y Rafael “El Gaucho” Figueroa, del Centro Gaucho Martín Fierro.  La sorpresa fue
cuando se anunció que a ellos se sumaba la voz de la muy simpática Marita Claudio.  Entre los que leyeron se incluyó a Rafael Carvajal, Eduardo
Antonioni, Oscar Benítez, George De Aztlán; Julio Benítez; Adriana Vila.

En la reunión se anunciaron a los ganadores del Concurso Internacional de Poesía y Cuentos de La Luciérnaga Online 2011 y, como editora de La
Luciérnaga Online, le presenté a Rosa Kwick, ganadora del Primer Premio en la categoría de Cuentos, un cheque de $250 y un ramo de flores.

En la segunda parte, las lecturas continuaron con Antonieta Villamil René Colato, Felipe Cerda, José Manuel Rodríguez Walteros, Mónica Kwick y
Alberto Villalobos.

La peña de enero estuvo linda, pero la del 18 de febrero estuvo aún mejor.

Entre los que leyeron en esta peña estuvieron José Manuel Rodríguez Walteros, Rafael Carvajal, Oscar Morales, Raúl Arredondo, Susana Saladini,
Oscar Márquez, Dukardo Hinestrosa, Agueda Cabrera, Néstor Fantini, Adriana Vilar, Julio Benítez, Antonieta Villamil, George de Aztlán, Oxy Lebrán y
Mark Lipman.

En la reunión, que contó con 26 participantes, se anunció que el domingo 4 de marzo, a la 1:00 pm, se realizará un almuerzo informal en el restaurante
Pampas en el que Julio Benítez y Dukardo Hinestrosa presentarán los libros que recientente han publicado.

También se recordó que el 9 de marzo, Benítez participará del 37o Simposio Internacional de Literatura Española,en Californai State University
Dominguez Hills, en donde Fantini también ha sido invitado a que explique el trabajo que La Peña Literaria La Luciérnaga viene realizando en el sur de
California desde comienzos de la década de 1990.

La poeta Villamil aprovechó la reunión para anunciar que en los próximos meses estaría en ferias de libros y congresos literarios en Bogotá y La
Habana. Villamil lleva La antología de La Luciérnaga como muestra de lo que este grupo de poetas y cuentistas están haciendo en este rincón del
continente.


Como de costumbre, todas las peñas fueron grabadas en podcasts por Jairo Duque, de
www.InformateNews.com.


Cecilia Davicco
Editora
                               
........         ..I
Una madrugada
un instante sólo
La Raza de los Débiles
se rebeló – en silencio –
cuando el Débil de los Débiles
-        el esquizofrénico genial –
robó el Astrolabio
de la Cuna Dorada de Los Fuertes


...... -    Mas no sirvió de nada –
Porque el débil – consciente
de su locura, que antes ignoraba –
Tornó manso, NERVIOSO y consternado
a su Cuna de Paja




               
II
Todos los lobos
- todos los Fuertes -
Al salir de la cárcava
cagaban sus lugares comunes
Y sus  buenas intenciones
......-  discretos -


Mas un día se cansó
El Débil
de ayuntarse
al juicio de los plebeyos predadores – discretos -.
El papel del día
se le  impregnaba al punto de que ya le sorprendieron
las vetas de su propia piel
......-  discreta-
en una charca:

“No importa la calidad
No importa que el talento
No espejee casualmente
......-  discreto –“

  
Y El Débil vuelve a la cuna
- de paja -
donde virtualmente hace lo que le da la gana
teje
tan finas hebras de sueños
que nunca las vislumbráis:
-        vosotros, lobos discretos –


“Los libros como las arañas
a veces son refugios necesarios.


La flor no es refugio
La flor es la vida
La vida pasa para los coleccionistas radicales
............................-        de instantes –


Mis almogávares se baten en retirada
ante la decepción.
ELLA, durante un año
MI PATRIA”




........          ..III
La última voluntad de Franz
al fin de su vida malhadada
- que sus actas de muerte quemaran -
no fue respetada.



No  respetaron nunca
en este Circo Ambulante
la última voluntad
de los funambulistas muertos
Muertos de hambre
Muertos de arte.
MUERTOS.




              
 IV
No es una tragedia
-griega -
que en vida Franz,
no publique un solo libro
Sí es una tragedia
-íntima-
que precise escribirlos.
Sí es una burla
-cruel-
que luego sean pasto
sus cuidados
sus dolores
sus tormentos
-sus restos -
de un millón
de gusanos

ciegos.




             
 V
Y
el poeta alejandrino
Konstantinos
en su finca egipcia
a la solana de vides ubérrimas
madre muerta, se esconde
-  pinta  rejas  en la espalda suave -
y añora
un futurible de sociedad perfecta
-        ¿anacreóntica? ¿homérica? –
o su eco cavernoso en la tinaja de una civilización
moderna articulada tolerante
que entienda sus poemas…
K. barruntó
-        pronosticó-
-        y acertó-
-        para la reencarnación de sí –
una sociedad más perfecta
que entendiera sus poemas.




Fernando Gómez Márquez es oriundo de Buenos Aires,
Argentina. Con este poema, que obtuvo el segundo lugar,
participó del
Concurso de Poesía y Cuento de La Luciérnaga
Online 2011.
P O E S Í A S
K,  L A  R A Z A  D E  L O S  D É B I L E S
Fernando Gómez Márquez
O C U R R E
Sergio Giamperetti
Hoy ocurre que estoy solo
no me acompaña más que el cronotopo
voy pastando por las calles
y que vacías y que sarcásticas se sienten,

ocurre que todas las vidrieras me observan
y ven mi desánimo
encuentro un lugar certero acuevado
un barsucho de ancianos y de bochas
que ruedan como planetas en mi cabeza,

tomo un café empetrolado
y sigo solo a mi lado
siquiera veo el mar de tu mirada,

no hay ecos que se asomen a mi puerta
ni pasados pretéritos en fuga
ningún viento que rechine en mis oídos
ni sonido que brote del algún amor olvidado,

ocurre que sigo en la búsqueda de llamas
alguna tierra en la que ancle mis ojos cansados
me muevo en signos de pregunta
y la nada y la ausencia siempre ganan,

ocurre misterio en mi vida miserable
que soy todo un perfecto incorrecto y nadie
me acerca su abrazo cruzando la cerca,

ocurre un letargo de momia evanescida
un llanto díscolo sin gloria
tantas utopías que se ríen de mi cuerpo
y tan lastimosamente
ya nada ocurre.



Sergio A. Giamperetti es oriundo de Buenos Aires, Argentina.
Su poema obtuvo el tercer lugar en el C
oncurso de Poesía y
Cuento de La Luciérnaga Online 2011.
Hice el amor toda la noche.

Con vos

que estás tan muerto

como quisieron mi espanto y mi capricho.

Aunque inspires y expires.

Aunque reordenes cada día

las raíces y el agua.

Para empezar de nuevo.

Para colgarte al hombro

una vida de sal o de madera.

Una vida que no puedo

tocar en la vigilia.



Yo puse el océano

entre tus pies y mi casa.

Yo te apaleé hasta verte mi enemigo.

Algo estaba roto en mi cabeza.

Asesinarte era tan urgente

como abrirme de piernas y obligarte a llenarme.

Una vasija hendida.

Nunca fue suficiente.



Hice el amor toda la noche.

Con vos

que ni siquiera preguntaste

por quién doblaban las campanas.

Fue lento y suave.

Fue una cursilería.

Casi como caminar entre algodones.



Yo puse el dolor

entre tu boca y mi nombre.

Mi cuerpo fue un río lleno de ahogados.

Tuve el deber de arrastrarte entre cadáveres.

Pero alguna vez hicimos el amor así, supongo.

Tan lento, tan suave, tan cursi.

Antes de que te arrancara los ojos.

Antes que malpisara el jardín del aire.



Hace años que dejé de llorarte.

Y ya sé lo innecesario que es decirte

que de verdad te amaba.




Raquel G. Fernández es de Avellaneda, Buenos Aires, Argentina.
Con este poema, que recibió una Mención Especial, participó del
Concurso de Poesía y Cuento de La Luciérnaga Online 2011.
P O E M A   I N N E C E S A R I O
Raquel Fernández
Pensando en  Eugenia,
quien vivió una  historia similar.


Adoro viajar, por eso cuando Aurora,  mi amiga de la infancia,  me invitóa su casa en  Cuernavaca, me sentí  feliz.
Una, porque hacía años que no veía a Aurora y, otra, porque nunca había estado en Cuernavaca y me agradaba la idea de
conocer un lugar nuevo.

Conocí a Aurora porque vivíamos en la misma cuadra y desde niñas siempre jugamos juntas y fuimos a la misma escuela.
En la adolescencia dejamos de vernos; sus padres se mudaron a otra ciudad y no nos vimos por años.

Un día la encontré por casualidad en el centro y desde entonces continuamos la amistad interrumpida.  
Se había casado y divorciado recientemente. Tenía una preciosa hijita de 6 años. Otra vez nos frecuentábamos,  reanudando
nuestra amistad.  Aurora trabajaba en un estudio jurídico cuando conoció a Eduardo que se encontraba en el país para cerrar un negocio, se
enamoraron y  en  corto tiempo se casaron.  Como él vivía y tenía sus negocios en México, Aurora se mudo allí con su hija y los hijos del matrimonio
anterior de Eduardo. Al tiempo, tuvieron otro bebé y Aurora siguió trabajando en la contabilidad de los negocios de su marido.

Todos estos años que pasaron nos llamamos por teléfono, nos escribimos e-mails, nos mandamos postales desde los lugares de vacaciones, pero no
nos volvimos a ver.  Hablamos de visitarnos varias veces, pero finalmente concreté  el viaje el pasado invierno.   Tomé un vuelo hasta la ciudad de México y
un autobús a la terminal de Cuernavaca.  Ella y toda la familia me fue a buscar.

Como era sábado y no tenían ningún compromiso de escuela o trabajo, todos estaban muy entusiasmados en querer llevarme a conocer la ciudad.
Todos los chicos hablaban  al mismo tiempo contándome un montón de cosas. Me  sentí muy cómoda con ellos, es que Aurora siempre les ha hablado
mucho de mí, y aunque no hay relación de sangre, me quieren como a una tía.

Charla que te charla, me llevaron directamente al centro histórico y como todos teníamos mucho hambre, fuimos a almorzar a un pintoresco restaurante
típico  llamado “ La india bonita”  en el  edificio histórico  “Casa mañana”, muy cerca del  Jardín Borda, el cual recorrimos después del almuerzo. Luego
llegamos a la catedral,  terminando  el recorrido de varias cuadras en el Palacio de Cortés, donde visitamos el museo.  Esta visita nos llevó todo el resto
de la tarde. Quedé encantada con todo lo que vimos, aunque bastante cansada, ya que el viaje desde Sur America hasta ciudad de México había sido muy
largo e incómodo y esa tarde no paramos ni un minuto de platicar y andar.  Todos llegamos a la casa prácticamente extenuados.

Aurora y Eduardo tenían una hermosa casa de estilo contemporáneo  en la colonia Lomas de Cuernavaca. Los dormitorios de ellos y los niños en la
planta alta, abajo el garaje, habiendo a un costado una amplia  entrada que daba a la  sala con la cocina comedor; a continuación , lavadero, baño,  
escritorio y al fondo un pequeño cuarto de huéspedes que yo ocuparía durante mi estadía. La sala tenía  un ventanal inmenso donde se podía ver la
alberca iluminada con un bonito parque de césped y árboles.  Al término de la cena, lavamos y ordenamos todo, riendo y recordando viejas anécdotas de
la infancia y del barrio.  Luego Aurora me dio un par de toallas para el baño. Como la conozco, me di cuenta por su mirada que algo me iba a decir, mas
terminó con un "Que tengas buenas noches", siendo la última en subir a su cuarto.

La casa quedo en silencio.

Entré al cuartito de huéspedes.  Mis bolsos estaban allí desde temprano, el hijo de Eduardo los había entrado.  Era un lugar agradable. Lo primero que vi
fue una gran ventana con una pesada cortina de lino natural, lo cual me dio a pensar que la luz no me despertaría temprano a la mañana.  Me entretuve
mirando todas las fotos que estaban en la pared:  los niños en las vacaciones de Acapulco,   la beba recién nacida,  Eduardo en equipo de pesca
mostrando un pescado  que acababa de sacar del agua, Aurora junto a sus padres y otros niños y personas que no conocía, tal vez familiares y amigos de
ellos.  Había también varios trofeos de football, y volleyball puestos sobre una repisita con los nombres de los hijos de Eduardo.  Después de un rato, me
dio un sueño tremendo, primero me di una ducha rápida después me metí en la cama y apagué la luz.

El silencio era absoluto.  Ya me estaba durmiendo, cuando comencé a sentir sonidos, primero vagos y lejanos, pero después  mas nítidos y claros, sillas y
mesas que se arrastraban, platos y cubiertos que alguien colocaba sobre las mesas, el chocar de botellas. Más tarde pasos y gente que  parecía entrar al
lugar. Un murmullo que se fue incrementando, se oía que más y más gente llegaba. En un momento comenzó a tocar la música, mariachis con violines,
trompetas y guitarras. Alguien cantaba entonadamente.

Yo me hice a la idea que era una fiesta o tal vez un  restaurante o night club que abría las puertas a horas tardías. No recordaba el haber visto ningún
restaurante al lado de la casa de mi amiga cuando llegamos, pero podía ser que no lo hubiera visto o que la entrada estuviera por la otra calle. No quise
levantarme a correr la cortina y  espiar qué veía por la ventana, dado que estaba muy cómoda en la cama, y también porque tenía un poco de frío.  A la
gente se  la oía animada y contenta, el sonido de puertas que se abrían y cerraban, parecían traer platos y bebidas de alguna cocina cercana.  Ya me había
dormido acostumbrada al ruido, cuando me despertó una discusión.

Eran dos hombres notablemente alterados por el alcohol  que discutían a  gritos y se insultaban groseramente.  El tema giraba sobre dinero y caballos.  
Por lo que se decían, uno le había vendido caballos al otro pero no se los había entregado y el negocio no era lo que habían convenido por anticipado.
Varias veces uno de los hombres amenazaba al otro con que le iba a contar todo a un tal “Don Emiliano”, sintiéndose  como que el tal  “Don Emiliano” era
una persona importante.

-Será el dueño de alguna hacienda-, pensé, dado que hablaban de caballos, negocios y  tierras.

De los gritos y los insultos pasaron a las manos, la gente gritaba y parecía salir corriendo del lugar, mesas y sillas se corrían y golpeaban, botellas que se
partían con los consecuentes vidrios rotos. Alguien parecía separarlos, hasta que finalmente y, de a poco, todos se fueron yendo. La calma regresó al fin y
me pude dormir.

Desperté a las 10 de la mañana.

Como había pensado la noche anterior, la pesada cortina de lino dejaba la habitación en penumbras. Casi no entraba la luz.  Lo primero que hice al
levantarme fue ir a la ventana para correr la cortina, con la curiosidad de ver el desparramo de lo que había quedado en el patio del restaurante que me
imaginaba estaba del otro lado. Pensé encontrar mesas tiradas, botellas rotas, los restos de un gran jolgorio y de una reñida pelea final.

Grande fue mi sorpresa cuando del otro lado de la ventana, no había nada de lo que yo pensaba. Tan sólo un gran terreno baldío, lleno de matorrales y
plantas salvajes que relucían bajo aquel soleado día. La única estructura cercana era la pared de una casa similar a la de mi amiga  ubicada a una gran
distancia, separada con una cerca y árboles altísimos.

No había rastros de restaurante alguno. Menos de mesas, sillas, puertas, botellas, instrumentos musicales, gente, nada de nada. Realmente quedé
impresionada y no encontraba una respuesta lógica a todo lo que había escuchado la noche anterior. Yo sabía que no lo había soñado. Estaba
absolutamente despierta y consciente de todo lo que había oído.

Me vestí  rápidamente y me fui a la cocina donde encontré a Aurora preparando el café.  Cuando me vio, ambas sabíamos que había algo por hablar.  Creo
que  interpretó mi cara de desconcierto.

"Anoche te iba a decir algo que no te dije", comenzó.

"Sí, me imagino, pero no es tarde aún para que me lo digas ahora", continúe.

"Hay veces que pasan cosas para las que no tenemos explicación. No siempre pasan, pero pasan."

"Sí,  ¿cómo lo que escuché anoche en el dormitorio donde dormí?"

"Si lo que escuchaste es lo que estoy pensando, así es, no tiene explicación. No pasa siempre, por eso no te quise decir nada, para no asustarte pero
particularmente allí, ciertas noches se escuchan cosas que no existen. Te puedo asegurar que no lo soñaste, ni te imaginaste nada. Lo que escuchaste
es ´invisible´ ".

"¿Qué explicación le das a todo lo que escuché?"

"Pues no sé, no te sabría decir. Sé que esta casa  está edificada sobre un antiguo asentamiento de la época de la revolución. Buscamos en los archivos
generales de la ciudad y parece ser que entre el terreno de al lado y esta casa había un salón social donde se juntaban lugareños y revolucionarios de la
época".

"¡Sí, dicen que hasta el   mismísimo Emiliano Zapata era un habitué del salón!  Si no nos dijeron mal, había una tienda de abarrotes por delante con un
gran salón social por detrás donde se juntaban a comer, beber, jugar a las cartas o hacer negocios.  Precisamente el salón estaba entre lo que es hoy día
el cuarto de huéspedes y el terreno baldío del costado".

"Si me preguntas a mí, yo creo que ese espacio quedó impregnado del pasado, un pasado tan fuerte, que regresa una y otra vez, así como un eco.
¡ Qué  suerte que la hija de Aurora me quiere como a una tía!,  porque  durante los diez días de visita en Cuernavaca dormí en su cuarto.  Es que en el
cuarto de huéspedes los ecos del pasado de la casa no me hubieran dejado descansar".
C U E N T O S
L A   O R D E N A N Z A
Rosa Kwick
Tu vida pasa ante tus ojos como una película. Quién demonios sembró esa idea para que se haya convertido en un tipo de orden mental establecido. Mis
pensamientos son una mezcla de eventos presentes con personajes preteritos; la agonía no es una película ante mis ojos, es un sopor a ratos en el que
mi mente divaga entre evocaciones placenteras y mi brutal realidad. Es un  dolor que se ha plantado en mi pecho y sus raíces me asfixian…

La vida es una fiesta –dijo Peláez – en un arranque de optimismo, producto quizá de la realización de algún logro…una fiesta en la que me he colado
furtivamente pero en la que no participo. He sido un observador de placeres ajenos, el escucha de experiencias no vividas, he sido como el cigarrillo que
se enciende y se deja olvidado en el cenicero…

Todo pasa –decía papá – cuando mi madre, con la voz enronquecida por los vodkas, me jalaba de los pelos por motivos solo por ella conocidos y a él
lanzaba una ráfaga de improperios si osaba abrir la boca para defenderme…Veintidós años de mi vida en un organismo de gobierno, cobijado en mi
trabajo de archivista para eludir retos que no intenté superar por temor a cerrar esa puerta e intentar abrir otras… Mediocre – escuche alguna vez – una voz
de la cual no recuerdo el rostro.

He ocupado esta habitacion desde la infancia y mi esencia se manifiesta en cada rincon. En el desorden, en la
suciedad, en la pestilencia y en los ceniceros rebozantes de colillas. ¿Pereza, indolencia? ¿Quién para juzgarme?
¿Quién?

Esta es la casa de papá a pesar de que Aurelia, mi madre, recrimina con la saliva seca en la comisura de los labios
que al menos el inútil compró esta casa, pero que es solo de ella, que me dé de santos que ha permitido que siga
ocupando este cuarto que bien podría rentar y tener plata para los gastos.

Pinche maricón de mierda —susurró Aurelia a mi oído con ese aliento que me asalta de manera recurrente, plantado
en mi memoria; aliento a alipúz rezagado, aliento a muerte— ¡para de llorar! Es que papito ha muerto. Es lo mejor que
ha hecho en su vida —me pellizcó el brazo—¡Deja de llorar y compórtate como un hombre!

¿Todo termina aquí? Con esta tos intransigente que me desorbita los ojos y me revuelve las entrañas hasta el vómito involuntario. Mis pulmones se han
dado por vencidos, se declaran en huelga los cabrones. Soy como pez fuera del agua. El intento por inhalar un poco de aire me lleva a terribles
palpitaciones. Para maldita tos, deja de anunciar, con bombo y platillo que el momento está cerca.

Pero no voy a culpar al cigarrillo, no señor. Es el único placer que no se me ha negado, que ha calmado mi ansiedad y hasta la erección involuntaria ante
la visión real o imaginaria de la mujer que no he tenido; ha atemperado la cólera ante lo injusto e insultante; ha menguado la frustración ante decisiones
que debí tomar y no lo hice por comodidad.

Mucho amor al cigarrillo, mi amigo, le pedí que tomara el antibiótico para que cese la tos no que continuara menguando la producción de las tabacaleras.
¡Qué no sea para tanto! ¿Le caigo mal, doctor? Su malintencionada pregunta no es más que para desviar la atención del tema que nos ocupa. Usted está
muy enfermo y sus pulmones muy débiles. Hay que practicarle unos estudios. Qué ganas de morir.

No me culpo por tal hábito, culpo a la ordenanza, la maldita ordenanza, ese deseo insano de algún gusano del gobierno que no tenía otra cosa qué hacer
que el estar inventando sandeces. Qué si el daño al fumador de segunda mano afectado por el fumador consumado; qué si en reuniones algunos
compañeros traen a sus hijos y no queremos niños enfermos por culpa de un fumador inconsciente, qué si el ambiente dentro de las oficinas está
demasiado viciado por tantos años de permitir el fumar dentro y una diatriba interminable  y discriminatoria.

“POR DECRETO PRESIDENCIAL E INSCRITO EN EL DIARIO OFICIAL DE LA FEDERACION INCISO CUARTO, SE PROHIBE, A PARTIR DE ESTA FECHA,
EL FUMAR DENTRO DE LAS INSTALACIONES GUBERNAMENTALES SIN EXCEPCION. LAS SANCIONES A QUIENES ROMPAN DICHA DISPOSICION
SERAN SEVERAS Y PODRAN LLEVAR A LA RECESION DE CONTRATO”.

Todo ocurrió un lunes que suponía como cualquier otro por la monotonía y repetición de actividades, las reprimendas no poco frecuentes del Licenciado
Jiménez, los comentarios mal intencionados de los compañeros –burócratas de mierda – y las palabras conciliadoras del único a quién he considerado
mi amigo, Peláez ¿Se llama Juan, Roberto, Benito…? Es hasta este momento de agonía en qué me pregunto cuál es su nombre de pila. Todos le
llamaban Peláez y durante esos años no le pregunté su nombre ni él parecía querer mencionarlo, pero era un buen amigo, con el que tocábamos temas
tan poco profundos como los chismes de la oficina o los encuentros de su equipo favorito. Parecía estar enterado de rumores y hechos consumados, así
como de las disposiciones que se darían lugar antes de que ocurrieran, excepto de la ordenanza de ese lunes cualquiera…

Me acometió un temblor en las manos como de resaca de tres días. Comencé a sudar frío y ocurrió lo que venía pasando por meses y a lo que solo
prestaba atención cuando algún compañero decía “¡Por favor, Tomacito, deje ese veneno que lo está matando! Bájele al cigarrito”. Esa maldita tos
traicionera, capaz de atacarme con el paso del bocado o en medio de alguna junta de trabajo donde los ojos de todos –momento único en el que
acaparaba la atención – estaban sobre mí como serpientes escrutándome con morbo.

¿Qué pasó compañerito? Hay que acatar –era Peláez que traía una mueca burlona en sus labiecillos casi imperceptibles. ¡Esto es un atropello! ¡Qué se
vayan a la mierda con sus disposiciones! No te va a quedar otra, Tomacito, a dejar el cigarrillo. Todo tiene su lado amable. Puedes fumar en tus
descansos. Hay áreas asignadas. Te están haciendo un favor, en lugar de fumar cada cinco minutos, lo vas a hacer cada tres horas o en una escapadita
al baño –si no te descubre el Licenciado Jiménez o algún chismoso – ahorras dinero y ganas tiempo de vida. Fumas como degenerado. Y tú, a veces te
echas tus tragos. Una vez al mes, Tomacito y sin fumar, eso sí. Qué ejemplo daría a mis hijos.

Se le dijo claramente— dijo el arrogante Licenciado Jiménez, que dizque egresado de la Iberoamericana— Renovarse o morir. Todos estos años se la ha
llevado usted suave, entregando archivos, colocándolos en su lugar, poniendo sellitos…En fin, se le dio el curso para que aprendiera a utilizar el nuevo
programa computarizado de archivo. Fui muy claro y contundente cuando le dije que no utilizaríamos más archivos físicos. No más papel. Bienvenida la
modernidad y qué fue lo que hizo, porque no le hablo sin bases, tengo documentado todo lo que hizo, más bien lo que no hizo. Se la pasó en las áreas
asignadas fumando cada diez minutos. No presentó ni el examen. Con pena le digo que lo siento. Me temo que está despedido. Mi mente se enfocó en la
comparación en lugar que en mi propia defensa. Necesitaba equiparar  si el impacto era tan atroz como el causado por el deceso de papá. No pude
encontrar un punto de comparación ante su mirada de intención maligna porque entre el impacto presente y la añoranza ya no existía paralelo.

Desvarío entre lo vetusto del pasado y la frescura de lo reciente, con la sangre saliendo por mi nariz y sosteniéndome del wáter para no caer ¿Fue esta
mañana o hace cuanto tiempo que me dirigí a la Salubridad Pública? mi seguro médico por los años de servicio en el gobierno expiró entre intentos
infructuosos por hallar otro empleo.

La única diferencia que existe entre los hombres es el tesoro de la educación, me decías papá con tanta pasión. Temo decepcionarte si nos volvemos a
reunir…Te fuiste muy pronto y no me guiaste por ese camino luminoso del que me platicabas tanto. Me faltó tu mano firme para dirigirme a buen puerto.
Sólo observa lo que me ha sucedido: demasiado joven para el retiro y muy viejo para otra oportunidad de trabajo.

Vaya detrás de la cortina y desnúdese de la cintura para arriba –dijo el nuevo doctor, sin despegar la vista del computador. Exuda usted vitalidad y juventud
–dije a manera de saludo y ante su descarada indiferencia. No se crea amigo, ya voy para los treinta y cinco, pero sabe cuál es la clave – por fin posó sus
ojos en mí — una vida mesurada, ejercicio y una dieta balanceada. Me pidió volver esta mañana o…¿cuándo fue? por los resultados de los estudios. La
tos minando mis últimas fuerzas por la violencia de su embate a pesar de que me había recetado un fuerte antibiótico. Esta vez si me miró y de manera
grave dijo: Malas noticias, muy malas. Mire, Don Tomás –sentí el don como el presagio de quien se arrepiente de algo que no ha cometido, una manera
de ensalzar a un donnadie para luego con la mirada baja, pero con voz firme decir: tiene usted enfisema. El mal está muy avanzado. Puedo recetarle
medicamentos fuertes que a la larga le van a afectar los riñones, sin contar que en su actual posición, van a ser incosteables. No sabe cuánto lo siento,
pero es el mal de los fumadores. Tal como sucedió con el licenciado Jiménez, no respondí. Ni siquiera busqué sus ojos para descubrir si la esperanza se
escondía dentro de ellos. La matemática mental no me dejó reaccionar. Estaba loco por medir el daño. Peor o equiparable a cuando murió papá,  cuando
me echaron de la Secretaría o ante la expresión inquisitiva de este individuo que con la investidura de autoridad que le dio años de estudio anunciaba mi
muerte.

Salí del consultorio abriéndome paso entre el gentío que esperaba ser atendido y esperé pacientemente en la parada para tomar el camión de regreso a
casa de Aurelia. Si algo llegase a preguntarme por mera curiosidad, le respondería lo que esperaba: Nada, exámenes de rutina. Pues ojalá te hayan dado
algún jarabe para esa maldita tos que no me deja dormir. Ay, Aurelia, ¿por qué no puedo llamarte madre? Fuiste mala con papá, conmigo y hasta contigo
misma. Sentí unas ganas inmensas de llamar a Peláez, decirle a ese amigo a quien todos llamaban por su apellido que me estaba despidiendo, que
recordáramos viejos tiempos, pero ¿qué podíamos recordar? ¿Era un momento, acaso, para hablar sobre la intrascendencia? Llegué a casa y no tuve que
dar explicaciones. Aurelia yacía en su sofá con la botella de vodka sobre la mesa a medio consumir y la televisión con esas imágenes que recordaba
desde niño cuando se quedaba dormida y yo la tocaba suavemente en el hombro porque tenía hambre. En respuesta recibía una bofetada por perturbar
su sueño. Esas mismas imágenes que perdían la vida cuando sus ojos se cerraban… Tomé la botella y fui a mi cuarto. La consumí y me quedé dormido.
Desperté con la boca seca y un deseo ardiente por remojarme los labios. Apuré el vaso con agua sobre el buró y el deseo por fumar me asaltó, pero la
cajetilla al tacto de mis dedos en la oscuridad, crujió estrecha, vacía…

Fue por eso que ese maldito Satán, el perro de los vecinos, transporte de droga sobre el lomo para los delincuentes del barrio, me desconoció y me
mordió. Quién puede imaginar que el acto común por comprar cigarrillos me llevaría a tan horrible viacrucis. Cuadras más adelante, fui asaltado por un par
de rufianes que me quitaron hasta los zapatos. A calcetín pelado caminé las cuadras que me faltaban a la vinatería, con tales espasmos que fui presa de
fuertes palpitaciones y el poder respirar se convirtió en una odisea.

Un rostro desconocido asomó por la ventanita protegida de la licorería, no era mi amigo el tendero que me conocía desde chamaco… Y ¿Don Juanito? Ya
se murió ¿hace cuánto? Hará tres meses ¿viene usted a comprar o a preguntar por el muertito? En realidad quisiera explicarle que me acaban de asaltar,
me quitaron la billetera y el reloj. Deme unos cigarrillos, le prometo venir mañana a pagarle. La esposa de Don Juan me conoce bien, soy Tomás Mancilla,
su vecino. Acabo de comprar este negocio y el cuento de que el muertito me conoce es muy poco original. Todos los borrachos del barrio vienen con lo
mismo. Déjeme dormir, váyase. ¡Se lo suplico, se lo ruego! Mañana vengo y le pago los cigarrillos al doble. ¡Llévese uno de los míos y lárguese!

Me pregunto, Aurelia, que te va a enojar más en unas horas: el encuentro con el fiambre del que alguna vez fui o el descubrir tu gesto de generosidad
involuntaria cuando no encuentres tu botella de vodka…¿Serás capaz de limpiarme? ¿O vas a esperar a que…quién quiera que me recoja me encuentre
en estas condiciones que no humillan a los muertos y tal vez a ti tampoco, porque has muerto desde hace mucho; el alcohol desmembró tu humanidad,
estás muerta, madre y nada puede avergonzar a ninguno de los dos.

El cigarrillo —dijo Peláez— te hace perder la esencia y las virtudes, pero yo te aseguro, Peláez sin nombre, que la última fumada es la mejor…
E C O S  D E L  P A S A D O
Adriana Vilar
Adriana Vilar, originaria de Buenos Aires, Argentina, reside en Los Angeles desde
1981. Desde muy jóven se dedicó al diseño de artesania y accesorios femeninos .
En los ultimos años, trabaja en el área de la educación de niños especiales.
Influenciada por una  infancia cargada de cuentos e historias, escribir fue
siempre su  hobbie y diversion. Ver
cuentosdeadriana.blogspot.com
Rosa Kwick, de nacionalidad mexicana, reside desde hace muchos años en el sur de California.  Fue activa participante del programa radial Palabra por Palabra, en
Almamaterradio.com junto con su fundador, Omar Pérez.  Es autora de
Los brazos del coronel y cuatro novelas: La purificación, En la tierra como en el cielo, Desire y El club de la
gente perfecta.  
En el 2002, fue ganadora del XI certamen literario San Esteban de Gormaz, España, con el relato corto El último recurso.  En 2011, fue ganadora del primer premio
del Concurso Literario de Poesía y Cuento de La Luciérnaga Online con el cuento
La ordenanza.
La sensación de pasar de nuevo por la misma esquina nunca vista pero
recordada acompañó mis horas desde siempre y eso tú lo sabías muy
bien.  Mitad en sueño mitad en delirio recorrí bajo tu guía y a contravía del
tiempo mi lejana Bogotá y sin mover mi cuerpo de ese parque que ya
nunca encontré en el viejo Este de Los Ángeles.  Nuestro ser olvida lo
necesario para no enloquecer, pero no olvida lo que verdaderamente se
graba a cincelazos en la roca.  Frente a tu ausencia y frente al coche
destrozado que fragmentó tu cuerpo me lleno de artilugios para pedir que
no regreses a mi vida si no es para quedarte.  Después de todo no eras
más que una aparición, me digo para soportar que mañana el sol vuelva a
arrastrar su pestilencia por los barrios bajos sin nombrarte.  Duele más el
amor que el odio, el odio me da fuerzas, me llena de ganas de levantarme
y de asomarme a la ventana, de lanzarme al vació gritando tu nombre que
aunque, según tú, cambia como cambia tu cifra sigue nombrándote en
esta noche sin encontrar respuesta.  Besarte siempre es una primera vez,
dijiste.  En nuestro último reencuentro, y digo el último porque me niego a
retomarte y a volverte a perder después de tantas veces, lucías agitada y
con tu traje de danza azteca salpicado de sudor y de polvo.  La tierra y el
tambor que guardan los secretos ancestrales viven dentro de mí, me
dijiste entusiasta.  Soy un colibrí azul, decías retomando de la madre tierra
lo que te pertenece.  Lento, con la misma seguridad con la que la mar
helada se traga sorbo a sorbo las playas aceitosas de la gran California,
te metiste en mis ojos.  Tu mano en la mía abrió las puertas del abismo
de lo que es sin ser.  Después de tantas lenguas habladas he regresado
por fin a mi raíz, susurraste.  Bastó quebrar la telaraña que nos separaba
para que en medio del caos y de la guerra no declarada del hombre
contra el hombre retomáramos lo inconcluso.  Apasionada de lo que no
se ve pero se siente esta vez habías profundizado en ese abstracto
excluyente de la fe al practicar el mantra sigiloso del movimiento
buscándote la piel como muy pocos, solo los que son y vienen del maíz, lo
hacen.  Tú le dabas al árbol que camina una magnificencia de guerrero
cósmico en cambio yo no.  El alma es un invento de la palabra y somos lo
que somos, lo demás es charlatanería y seres solitarios que por su
propia voluntad se convierten en humo, pregonaba yo.  Descreído como
siempre me negué en un principio a aceptarte eterna y compañera.  La
gente igual que los trenes viene y se va, solo quedan clavados en el
tiempo los letreros y las montanas ilimitadas que llegan hasta el cielo, lo
demás es olvido o memoria que a la larga es lo mismo, un espejismo
particularizado.  A pesar de tanto recoveco la tierra siempre es la misma y
mansamente sigue sostenida como siempre por las fuerzas del viento y
de sus cuatro rostros, ese era mi lema.  Mi corazón es tu espejo y mi
aliento tu fuego, me dijiste ese día clavándome en tu vida y en tu muerte.  
La danza solar congregaba todo lo que habías recorrido desde que la
primera madre emergió del lago pariendo sin descanso a los hijos del sol
que eran víboras y jaguares y entre los que estábamos tú y yo, me dijiste
siempre según tu particular evangelio de arena.  Sin aspavientos trataste
de explicarme esos pormenores en nuestro para mí primer encuentro y
para ti reencuentro.  Los tambores, viejitos les llamabas cariñosa, con su
queja remota me llamaron inclementes a tu encuentro un sábado en la
mañana.  Arrastrado por mi instinto atravesé la calle hasta perderme en
los sincopados pasos de una multitudinaria danza ritual que celebraba la
caída de las hojas y de los frutos en el Salazar Park.  Horas bajo el sol y la
lluvia pasaron sobre y dentro de mí mientras la ciudad a nuestro lado de
golpe envejecía hasta morir un poco lejos de nosotros.  Nuestros ojos se
buscaron afanosos.  Atrás de mí habían quedado las prisas del rebusque
y de la supervivencia de mi profesión de vendedor ambulante de baratijas
chinas.  Ese sábado las cuentas se fueron por el caño y el planeta entero
se concentró en tus piernas y en tus movimientos de jaguar, serpiente,
águila y de hierba milenaria, atrapados a fuerza en un traje de esplendor
azul y rojo.  Usualmente soy un descreído que salta de dimensión en
dimensión con las manos manchadas de sangre sin poder apartarme del
cuerpo material que me sustenta.  Hablarte fue una fiesta y yo en ese
instante fui para ti el payaso de aquel acto central en la avenida de los
retornos por la que siempre transitamos los humanos.  La gente normal
se levanta, desayuna y someramente se prepara para pasar las horas
haciendo y deshaciendo diligencias menos tú, para ti todo tenía una
trascendencia planetaria.  Unos más unos menos todos contribuyen a su
modo en lo que los antiguos llaman el presente eterno.  El ser nace, se
hace de los siete elementos y antes o después se marcha, unos a gritos y
otros a hurtadillas el caso es que uno a uno nos lanzamos de cabeza
hasta el fondo en las aguas sin fondo del universo retornando a la
entraña.  Esas eran tus frases de combate que en un primer instante las
tomé como un argumento utilizado para descrestar tontos, sin saber que
dentro de ti eran algo más que frases, eran una verdad incontrovertible y
comprobada.  Para ti hablar de los gastos, de la casa hipotecada y del
edificio construido ladrillo tras ladrillo del futuro era una gran blasfemia.  
Junto a la creación misma que se da segundo a segundo somos una
insignificancia, decías.  La danza viene de lejos en el tiempo y en la
distancia, la simbiosis del cuerpo con el alma unifica las fuerzas, somos
dios, me explicaste aparatosa mientras yo hecho de tierra y fuego
calculaba la distancia que separaba tus caderas de las mías.  Enseñado
a saber que las palabras son una ilimitada extensión de mentiras,
algunas piadosas y otras no tanto, me dejé llevar por ti y lejos de los
danzantes a ese otro parque que nunca antes había llamado mi atención.  
Perdido entre los proyectos de mala muerte de la Indiana, los Cinco
Puntos y la autopista interestatal 5 develaste a mis ojos el último rincón
virgen del mundo, eso dijiste.  Innumerables veces he peinado las calles
intentando encontrar ese lugar de magia sin hallarlo para buscar tu
esencia en las hojas y las briznas de hierba.  Ese día inolvidable tú ibas a
perpetuar nuestro encuentro innumerables veces interrumpido por la
muerte en cambio yo solo iba pensando en cabalgarte sin cuidarme de
nada.  Siempre has sido un cazador obtuso, me dijiste sentada en el
rincón del parque que aunque nadie me crea no figura en los mapas.  El
preámbulo de reconocernos quise obviarlo pasando directamente al
fuego incontenible de la entrega y la toma.  Cielo y tierra, noche y día,
todas las artimañas conocidas las utilice sin resultados para
conquistarte.  
De tu bolsa sacaste la medicina, así le llama
bas al peyote, y con gran pompa le diste vida
al fuego.  Lejos de nosotros se escuchaba el
serpentear de los coches y uno que otro grito
de tamales y de niños peleando.  Vagamente
pensé en cuántos pandilleros a esta hora
estarían apuntando, jalando del gatillo,
sabiéndose poseedores del secreto en las
calles vecinas.  Tu presente era poco importante, me dijiste, tu tiempo se
detuvo junto al mío en una calle del pasado que en nuestra anterior vida
juntos solíamos recorrer soñando con un mundo mejor.  Como un río
crecido me hablaste sin descanso de la esquina infernal de la García Lorca
y la Rossi en Lomas de Zamora, de un rechinar de coches y unas manos
de fierro que nos habían separado para nunca jamás en el marco de la
infame guerra sucia que asoló al sur del continente en el siglo pasado.  
Tras largos recorridos mentales producto de tu estudio en las inhóspitas
cumbres rarámuris habías llegado al fondo de tus reencarnaciones y las
mías.  Encierros, lágrimas, dolor del que lacera, grilletes en los pies, esos
habían sido los últimos días de tu vida anterior oyendo como en el cuarto de
al lado los esbirros se encargaban de arrancarme la piel.  Difuso viniste a
mí en la noche eterna que vivíamos y sin palabras te trepaste sobre el Río
de la Plata dejándome tu adiós de hombre.  A fuerza de pastillas y
menjurges me mantuvieran viva algunos meses.  Sola y sin ti, lo cual es
estar inmensamente sola, me apagué como una flor sin sol hasta que un
día inservible y estorbosa me treparon a un viejo avión destartalado
lanzándome al vacío mientras la multitud enardecida celebraba su triunfo
futbolero en el Monumental.  Esa fue mi última muerte y la tuya, me dijiste.  
Antes de eso fueron los besos y el caminar tuyo y mío por la tierra aún
calientita y recién hecha.  Tu venías mujer de las tierras donde las piedras
se levantan y andan en cambio yo venía, me dijiste, de las tierras altísimas y
heladas de donde viene el cóndor.  Sin otra voluntad que seguir mis
instintos caminé ese sábado tus caminos profundos al ritmo frenético que
nos daba el peyote en el parque sin nombre.  Tomé todos los rostros de la
tierra y creí a pie juntillas todas tus palabras.  Los colores vibrantes bajaron
convertidos en sol acuoso por tus plumas y por los cascabeles de tus pies.  
Esta es la Coyolxauhqui, me cantó la voz de las palmeras que desde
nuestra  posición se veían adornando la entrada lejana del Salazar Park.  El
símbolo lunar estampado en tu traje se trepó a mis pulmones y desde allí
me obligó a corretear sendero abajo, o arriba, todo según la sangre que
nos forma, adentrándome en las tierras ignotas y rojas del poniente, allí
donde deambulan sin descanso las mujeres muertas.  Riéndome me
encontré con gentes olvidadas y alguna vez queridas que arrancaban
pedazos de mi piel en una Bogotá que odio y que hoy no existe.  Tu lengua
en mi lengua y mis piernas envueltas en las tuyas a caderazos me
rescataron de ese recorrido lento y agradable.  Llevado de tu mano trepé
Citlaltépetl arriba desgarrando mis dedos hasta llegar al fuego.  A nuestros
pies se arrodilla la tierra flagelada, decías trayéndome de vuelta a la
realidad de nuestros cuerpos desnudos.  Yo soy quien limita mis sueños
alcancé a decirte antes de derrumbarme en ti.  A pasos titilantes dejamos
nuestro parque secreto y tambaleantes y llenos de nosotros retornamos por
la Whittier sonámbula al calor de los danzantes en el Salazar Park.  Con
contadas palabras y mucho acariciar recreamos la mentira de ser uno.  Yo
tomo lo que venga adaptándome a la comparsa y eso tú lo sabías.  Mudaste
tus piedras, ropas y tu rostro a mi cuarto para el lunes siguiente y en
larguísimas sesiones de introspección hiciste que cada vez más me
adentrara en los laberintos de tu mente.  Los adioses empezaron muy
pronto.  Quebrando el alba me despertó un día tu voz prefigurando tu partida
y dándole alas a  mi soledad de botellas rotas en el rostro.  Pinche
alucinada, debí decirte, pero en ese instante yo miraba el mundo a través de
tus ojos que habían transformado para mí los hechos cotidianos en magia
trascendente.  Llena de una tristeza dulce de pronto me abrazabas en mitad
de la cena o en la calle de lluvia advirtiéndome que segundo a segundo la
clepsidra de tu tiempo se iba agotando sin remedio y que me preparara
para un posible adiós, más bien un hasta pronto, musitaba tu boca dentro
de la mía.  Yo, que nunca tuve a nadie solo al odio, me aferré a tu presencia
que como un espejo de la casa de sustos regresaba engrandecida mi
imagen de pobre diablo llenándola de luz y de grandes presagios.  Me
gustó cuando lloraste frente a la mar dormida.  Hoy me han matado
innumerables veces en Siria y en Darfur y en Eritrea y en Antofagasta me
han vendido los mercaderes a precio de subasta, me dijiste un día
descorriendo los velos y anegando la mar helada con tu llanto.  Hecho a tus
faramallas el día de tu última muerte te regresé el abrazo de despedida
rumbo de mi trabajo con la misma simplicidad de siempre.  Fuiste hasta la
puerta y me encaminaste al coche.  Siempre estaré contigo, volveremos a
vernos en Sevilla, me dijiste criptica a mí que solo tengo estos ojos y estas
manos y este presente atosigante.  Al paso de los días cada pieza del
rompecabezas toma sitio y tu locura no ceja en su rutina diaria de
atormentar mi soledad.  Como suele suceder por medio del teléfono fui a
dar hasta tu coche destrozado.  Alérgico a los uniformes dejé que los
demás se ocuparan del por qué tu coche fue a estrellarse
inexplicablemente contra el muro.  Una hermana tuya vino desde el olvido a
hacerse cargo de todo mientras yo, inescrutable y solitario, daba la espalda
adentrándome como siempre en la noche del odio esperando desde ya
como un poseso tu próximo retorno que sin duda y conociéndote como te
conozco antecederá al mío.
José   Manuel    Rodríguez  es   un   cuentista   y   novelista que nació en Bogotá,
Colombia, en 1966.  Egresó del  taller  de  escritores  de  la Universidad Central y
de la Universidad  Externado.    Entre  1983  y 1988 participó  del   grupo  literario  
Tinta Fresca y  actualmente  es  miembro  de  La Luciérnaga.  Su  trabajo
 fue  
reconocido con prestigiosos premios como  el  Letras de Oro, Miami; Premio
Fernando de  la  Mora y Juan Rulfo, París; y un Premio de la Revista Crisis, Buenos
Aires. Desde 1988 reside en California.
E N S A Y O S
M O N U M E N T O   E N   H O N O R   A  V Í C T I M A S  D E   D E P O R T A C I Ó N   M A S I V A.
Néstor Fantini










Lamentablemente, los supervisores del condado de Los Ángeles participaron en esos esfuerzos¨, dijo Molina.

De acuerdo a los estudios de Francisco Balderrama y Raymond Rodríguez, Decade of Betrayal: Mexican Repatriation in the 1930s, Estados Unidos
forzó la repatriación o directamente deportó a alrededor de dos millones de personas entre los que se incluía no solamente mexicanos sino que
también un 60% de mexicoamericanos que eran ciudadanos o residentes legales.

Las redadas fueron prácticamente 'borradas' de la historia oficial estadounidense. Una encuesta citada por Kasie Hunt, Some stories hard to get in
history books, sugiere que en solamente un libro, de los nueve más utilizados en las clases de historia, se discute el tema en más de una página.

El asalto contra la comunidad latina, que aparte de California también tuvo lugar en Texas, Colorado, Illinois y Michigan, tenía todas las
características de operativos militares. Se creaba un perímetro de seguridad y los agentes federales y los policías locales arrestaban a todos los
que no tenían documentos o que respondían al estereotipo de un mexicano. En el proceso, se multiplicaron las denuncias por los insultos y hasta
los golpes. De acuerdo al locutor José Orozco, citado por Balderrama y Rodríguez, "las mujeres lloraban en la calle cuando no podían encontrar a
sus esposos".

En la ceremonia que tuvo lugar en La Plaza de Culturas y Artes, cerca de la icónica Placita Olvera, también participó Hilda Solís, la secretaria de
Trabajo de Estados Unidos que, en sus días en el Congreso Nacional, impulsó legislación motivando a que los estados pidieran disculpas por su
participación en las deportaciones. California lo hizo en 2005 y también aprobó la colocación de una placa conmemorativa en Los Ángeles que fue,
casualmente, el motivo oficial de la ceremonia.

"Se ve discriminación en lugares como Alabama, Arizona, todavía en los lugares de trabajo, todavía se lucha por esa idea de la constitución de que
todos debemos ser tratados con igualdad", dijo la secretaria Solís.

Lo que Solís no dijo es que en la administración de Barack Obama se han deportado a más inmigrantes indocumentados, 396,906 en el año
fiscal pasado, que en cualquier otra época reciente. Un récord que contradice al candidato Obama cuando cuatro años atrás prometió que antes
de terminar su primer año de gobierno tendríamos una ley de inmigración.

Gil Cedillo, el legislador estatal que ha presentado varios proyectos de ley que beneficiarían a los inmigrantes indocumentados, recordó paralelos
entre el contexto histórico y las deportaciones de ochenta años atrás y lo que está ocurriendo en el país actualmente.

"En la década de los 30 la economía estaba mal y la gente estaba histérica. Es muy similar a hoy en día", dijo Cedillo (D-Los Angeles). "Sabemos
que dividimos familias... y echamos estadounidenses de su propio país; y sabemos que estaba mal. Pero eso es lo que ocurre hoy..."

En un año en que Obama necesita el crucial voto latino para poder triunfar en varios estados como Colorado, Nevada y Arizona, que pueden definir
una mayoría en el colegio electoral, las deportaciones se han transformado en un irritante que puede hacer peligrar la reelección del presidente.

Una encuesta de Univision y Latino Decisions indica que 37% de los latinos piensan que a los demócratas no les interesa el voto latino. Aún más
grave, 9% opinó que los demócratas son hostiles. En total, 46% con una opinión desfavorable. Una muy mala noticia para Obama quien, en 2008,
consiguió la presidencia con 67% del voto de esta comunidad.

Por eso no es casualidad que desde la Casa Blanca se hayan impulsado una serie de ajustes en el tema deportaciones. Después de alcanzar un
nivel récord, ahora las autoridades migratorias (ICE) consideran importante la unidad de la familia y le dan prioridad a la deportación de
indocumentados con antecedentes criminales.

Un análisis de Syracuse University muestra una disminución substancial en el número de casos de deportaciones que se han presentado en las
cortes en el último trimestre de 2011. Más específicamente, entre julio y septiembre, ICE inició 58,639 casos, mientras que entre octubre y
diciembre esta cifra bajó a 39,331. Una caída de nada menos que casi un tercio.

Esta flexibilización en materia de deportaciones tiene que ser profundizada. Una opción ética que no solamente nos alejará de la inhumana
imagen de familias separadas sino que beneficiará la estrategia electoral de Barack Obama.




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Este artículo fue publicado en el Huffington Post y en AOL Latino, en febrero de 2012.
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La administración de Barack Obama, en el año 2011, alcanzó un récord en el número de inmigrantes  
indocumentados deportados. Un logro que inquieta a la comunidad latina cuya memoria histórica incluye un
obscuro capítulo de redadas, arrestos y deportaciones durante la Gran Depresión Económica de la década de
1930.

Para ayudar a exorcizar ese pasado de miedo y con la reconocida actriz Eva Longoria como maestra de
ceremonias, alrededor de 150 familiares y líderes comunitarios se juntaron en Los Ángeles, para dedicar una
placa que recuerda a los casi 400,000 hombres, mujeres y niños que fueron deportados de California a México,
entre 1929 y 1939.
© La Luciérnaga Online, 2012
El dinero no es algo importante, pero si es necesario para ser
alguien importante.

Los consejos deben ser consumidos entre dos tajadas de
duda

Hace rato que Estados Unidos dejó de ser unido.

Gracias a las autopistas de alta velocidad, podemos viajar de
un lugar a otro sin disfrutar el paisaje.

Hay quienes sólo aceptan dos opiniones: la de ellos y la
equivocada.

Que alguien me explique: ¿Por qué tenemos que trabajar para
ganarnos la vida a la que tenemos derecho por nacimiento?

Nos damos cuenta que envejecemos, cuando la mujer de pelo
cano que ayudamos a cruzar la calle, es la esposa.

Si quiere saber el valor de un día, pregúntele a una profesora
substituta.

Por portarse bien, aquél niño le pidió a Santa Claus la lista de
las niñas que se portan mal.

La dureza de la mantequilla aumenta en proporción directa con
la blandura del pan.

No hay mayor angustia que cuando un abogado nos dice:
"Represento a sus vecinos".

Definición de Boy Scout: Niño vestido de explorador
comandado por un explorador vestido de niño.
R E F L E X I O N E S
Rafael Carvajal, colombiano que escribe ingeniosos  dichos   
populares que aparecen en publicaciones como
Tiempo Sur e
HispanicLA.
rafiacv@yahoo.com
M Á X I M A S   Y   M Í N I M A S
Rafael Carvajal