Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
LOS ACANTILADOS DEL SUEÑO
Cuando la negra estepa se derrama con su
luna y su flagrante indicio de luciérnagas
lejanas sueña, contorsionados pájaros bajo
sus párpa- dos le blanquean el ojo y tiemblan
las membra- nas del sueño bajo fugaces pestañas.
Sacan de su quicio
de huesos a un alma
que exhausta se fuga
entre los astros
del cuerpo.
Toda la masa del día regenera su paso y amane-
ce y se abre el ojo con su luz que ha trasegado
los acantilados del sueño.
Pasa la fugaz
película de parajes
enroblecidos con
un buril que destella
rostros, voces,
en los siniestros resplandores de lo soñado,
cuando la negra estepa se derrama con su luná-
tica mantarraya y su escamoso indicio de peces
ahogados en los extraños manantiales de aire
en que se mece el sueño, cuando la negra este-
pa se derrama.
ODA AL PASTO
Para W. Whitman
Esta es
la zaga
del pasto.
Aire verde de horizontes internos. Claro de luz
en oscuros troncos. Hongo de esporas que
caducan erguidas entre la espesa cabellera de
una indómita tierra. Cubre este cráneo nutrien-
te. Esponja que absorbe la savia y se peina.
Al viento
cierne. Al
agua invade.
Hojas de pasto que plantadas crecen velocidad
de campos. Extensiones que te acercan a las raí-
ces. Que te ancestran. Los dedos te rozan, oh
pasto, alimento de sí mismo.
Lecho de
un Orfeo
sonámbulo.
EN CADA ESQUINA DE LOS ÁNGELES OCURRE UN MILAGRO
Hay un árbol de naranja humano,
una mano de cacahuetes no muy extendida,
un seco manojo de rosarisas
que aún no florecen.
Las señales rojas que dicen
"Ni Sueñes" aún no alcanzadas
por la médula del opulento
cierre de acero contra caucho.
El chillido rojo de los frenos
frente a una palmera que se ofrece,
yace enferma en la calle, como una muralla.
Y aferrado con ahínco a la grieta
en el concreto, un mendigo en súplica
rojo entre el tráfico que apresura su rumbo.
En cada esquina de Los Ángeles
hay un poste de luz humano
día y noche en vela, alumbra rojo,
más allá de nuestra pesadilla ve.
La cuna basura en cada callejón despierta
a su niño consumido por brazos de plástico
que no tienen idea de cómo sostenerlo, dejando
que su llanto plante una semilla de esperanza.
El rojo chillido del día se quiebra
delante de mi enrojecida ventana
insiste otra vez a pesar de mi tristeza.
Y aferrada con ahínco a la grieta
de tus ojos, esta mendiga con su súplica
roja en medio de la vida que se abalanza impetuosa.
De Cuatro Poetas de Los Ángeles, 1998.
ANTONIETA VILLAMIL es una reconocida poeta
colombiana que reside en Los Angeles. Autora de Traigo
como arena en los ojos un poema inmenso y Razones de la
señora bien y veinte poemas bastardos, ganó el prestigioso
Premio Gastón Baquero 2001 con Los acantilados del
sueño.
De la encantadora y rugosa resonancia de sus
manos, se desata esta música, mujer vorágine en
alargado sueño. El alargado talle de su música
se acaricia en tendones de metal cristalizado.
Cómo revienta resuellos de viento agudo, esa
flauta de tiempo que lame con voluptuosidad
sus labios. Cueva de huracanes en su lengua,
temblor de cuerdas bajo sus huellas digitales.
...................................Sentir así
..................... ..su música,
.................... ....es vivirla
................ ....en las ajenas
................. ........vidas de
.................... ......un gato.
Volando tendón tensionado en las alas de un
águila. Sentir así su música es probar los zapatos
de quien se levanta temprano. Es recobrar el
sudor de quien maniobra un clarinete hecho de
ínfimas notas hasta perder la razón.
Es medirse el delantal estrellado del atardecer o
cargar con la misma desazón la maleta llena de
papeles inocuos. De la desencantadora y rugosa
resonancia de tus manos, vida, se desata esta
música y bajo el hechizo de tus notas disonan-
tes, soy volátil hombre de papel, me bebo la llu-
via y me reciclo.
............................Soy el envoltorio
...............................sin brillo para
..........................cualquier soledad.
Pierdo toda noción y me entrego a la masa de
tus días rutinarios y humanos.
HIEL DIURNA
Esta mañana parece ayer y el día amanece
con hastío de cara trasnochada
Con la ostensible fecundidad del día
el sol es enjambre de melenas revueltas
Crematorio que ilumina las infames
lámparas de tela humana
Fecundidad que se enfoca en muerte
que consume el aceite de los cuerpos
que se desayunan a si mismos
Quiero evocar la simplicidad de cereal con leche
o un humilde jugo de naranja con el ojo del trigo
en la espiga de mi lengua pero nada sencillo
la hora de cereal con leche tiene consecuencias
inesperadas el momento para jugo de naranja
es premeditablemente ácido
La hora corre despavorida y letal con sus dagas
enfocadas en el segundero Esta hormiga sabe
que el precio de la miel nocturna es morir
consumidos entre hiel diurna,
GOLONDRINA DE PAPEL
Esta pulsátil golondrina sobrevive el hielo
que tritura tus sueños contra neblina fusilante
aunque se amotinan las callejas contra la risa
del día y se esconden los espacios respirables
en simulacros de burbuja
Aunque hilanderos de granizo
desmadejan tu alarido bermejo
en los desfiladeros de sombras
que en el vértice alelado de la noche
desaparecen o que en el desleimiento
ilunado de tus manos se acorazan
porque no accedes al pendulante
estatismo del exilio
Has de malograr su adormilamiento antes
qe que beban su último veneno de tedio
y no olvidarás desatar ciclones de arco iris
sobre la muda estampida que descarna
tus sueños en el eco
Esta pulsátil golondrina de papel
sobrevive el hielo esta noche desencadene
vuelos contra la hueste atilante de mutismo.